En el camino hacia el VIII Congreso de la UNEAC

La ética de un compromiso

Durante la etapa actual del proceso hacia el VIII Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, que incluye en la capital las asambleas de las Asociaciones y la elección de delegados al foro y candidatos a los cargos directivos, muchos y variados han sido los cuestionamientos, las preocupaciones y las propuestas de los creadores, la inmensa mayoría de ellos empeñados en hallar vías para lograr que la producción artística y literaria incida cada vez más en los valores de nuestra sociedad.

No es nueva esa aspiración, presente desde el mismo acto fundacional de la organización encabezada entonces por Nicolás Guillén, y renovada en el tiempo. En los momentos más difíciles de los pasados años 90, cuando en el mundo pocos apostaban por las ideas socialistas y la crisis material en el país tocó fondo, fue mucho más que un gesto la manera consciente y creativa con que los escritores y artistas cubanos hicieron suyo el argumento expuesto por el líder de la Revolución, Fidel Castro en el V Congreso acerca de que la cultura era lo primero que había que salvar.

De entonces a acá se ha hecho mucho más visible y fluida la identificación entre vanguardia política e intelectual en el seno de la sociedad cubana, sin que ello implique subordinación ni ausencia de conflictos. Cabría hablar de debates constructivos sobre la base de un compromiso ético, que en caso de los escritores y artistas parte ante todo del compromiso con la autenticidad en la creación.

Nadie puede ignorar ni estar ajeno al contexto ni a las circunstancias en que se desarrolla el actual proceso hacia el VIII Congreso de la UNEAC. Desde hace dos años el país vive un período de radicales transformaciones estructurales a fin de actualizar y perfeccionar el proyecto revolucionario, Sus directrices están contenidas en los Lineamientos Económicos y Sociales aprobados por el último Congreso del Partido y en los Objetivos de la Conferencia Nacional de la organización política. Nadie puede ignorar tampoco que tales Lineamientos y Objetivos fueron debatidos amplia y democráticamente no solo por los militantes del Partido  sino por todos los estamentos de la sociedad, entre estos los propios escritores, artistas y trabajadores dela cultura, que expresaron con toda libertad criterios, los cuales contribuyeron a la formulación de las políticas que se han ido implementando.

Ciertas voces discordantes, en medio del proceso hacia el VIII Congreso de la UNEAC, pretenden desconocer los aportes de la vanguardia intelectual y artística en el diseño y aplicación de propuestas de muy variado signo y diversos alcances, y el papel que la UNEAC ha desempeñado en ello.

La organización no está ni puede estar al margen de las transformaciones del país, y en consecuencia ha venido trabajando colegiadamente en comisiones que abordan desde los vínculos entre cultura y sociedad hasta los muy complejos problemas de la economía de la cultura, y no solo en La Habana, sino en todas las provincias. Como nunca antes, en los últimos años, puede hablar la UNEAC como una organización de proyección e impacto nacionales.

Esto no significa que la organización no tenga que revisar, en el camino hacia el Congreso, mecanismos funcionales y administrativos, redimensionar su sistema de eventos, e interactuar con más determinación con las instituciones del Ministerio de Cultura y otros organismos de la Administración Central del Estado, incluso con la CTC y el Sindicato de Trabajadores de la Cultura, para deshacer entuertos burocráticos y desembarazarse ella misma de problemáticas gremiales. En el caso de las instituciones culturales, la mayoría de los escritores y artistas cubanos abogan por introducir ajustes y cambios que hagan más eficiente su gestión y faciliten la promoción de sus obras 

Ahora bien, la ruta hacia la necesaria renovación y el imprescindible perfeccionamiento de la UNEAC no pasa ni puede pasar por la disgregación, ni la disociación, ni la anarquía, ni la agitación desde falsas tribunas, apuestas indudablemente oportunistas que le hacen un buen favor a quienes quisieran ver fracturado el compromiso intelectual con la sociedad. Habrá que cambiar muchas cosas —de hecho están cambiando—, pero debemos defender los fundamentos de ese compromiso ético.

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