Mis quince años en el Onelio

Raúl Aguiar • La Habana, Cuba

El Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso es la única institución de su tipo que existe actualmente en el mundo. Durante casi un año lectivo, de octubre a junio, alrededor de 30 o 40 jóvenes escritores reciben totalmente gratis un curso intensivo, profundo —tanto a nivel teórico como práctico— acerca de las diferentes problemáticas que aparecen en la creación de un texto narrativo.

Imagen: La Jiribilla

No se trata de imponer una poética en específico o priorizar determinados géneros o temáticas, sino trabajar en conjunto, alumnos y profesores, para pulir estilos personales y alcanzar la mayor eficacia discursiva posible de cada texto presentado.

Tengo la experiencia de ser uno de los graduados del primer curso, en la lejana fecha de 1998. Para ese momento ya había publicado dos libros y tenía las vivencias de varios talleres literarios de Casas de Cultura, pero sentía que en mi formación —hasta ese momento autodidacta y enfocada hacia la rama científica— habían serios vacíos de lecturas imprescindibles y estaba necesitado de una mirada crítica que me permitiera, más allá de una visión intuitiva o impresionista, desarrollar mi técnica escritural y aprender en poco tiempo elementos que sin el curso en el Onelio hubiera demorado mucho más tiempo en adquirir.

La experiencia me llenó hasta  el punto de que todavía continúo en el Centro (ahora en el plano de profesor) y todavía sigo experimentando la sensación de aprendizaje que surge de la retroalimentación que emerge del debate de los textos y el contacto con los alumnos y colegas.

No solamente siento que el Centro fue imprescindible para mi formación como escritor, sino también que gracias a los consejos, la fuerte vocación pedagógica y el ejemplo de Eduardo Heras me he convertido en un buen profesor, capaz de trasmitir mis conocimientos y experiencias de una manera mucho más eficaz a mis estudiantes.

Esto es lo que siento ganar cada año, con cada curso. Y solo si lo analizo de manera pragmática. Habría que agregar el aspecto humano, no solo porque se crean nuevas amistades que comparten muchos de tus puntos de vista y hablan en el mismo idioma de creadores, si no porque cada vez que uno de los jóvenes graduados del Centro gana un premio o publica un libro o aparece en una antología nos llenamos de orgullo al saber que hay aunque sea un granito en esos textos de aquello que aprendieron en nuestros cursos.

En esta sociedad actual tan mercantilizada y apática, resulta muy reconfortante saber que cada año surgen nuevos soñadores, gente joven que tiene algo que decir, con la sensibilidad y sinceridad suficientes como para plasmarlo en palabras. Esto hace renacer mis esperanzas de que no todo está perdido, que la pequeña antorcha que encendimos en el Onelio continuará llegando a las mentes y corazones, en búsqueda de esas utopías personales de un universo mejor.

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