III Encuentro de Jóvenes Titiriteros “Titereando en la ciudad”

Guantanamera… guajira titiritera

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba

I

Las tribulaciones de un mulato chino en una guagua china

Disponerse a partir en una guagua Yutong desde Matanzas a Guantánamo, sin ninguna compañía amiga posee cara de perro. Tiene que inspirarnos en demasía el objetivo final, incluso, más que atraernos, enamorarnos. Así, imbuido del recuerdo de mis años mozos como estudiante en esa oriental provincia, más la amistad y admiración que siento por el colectivo titiritero que dirige Maribel López,  me lancé a la travesía de cientos de kilómetros, junto al clásico clima invernal de esos autobuses chinos y su proverbial incomodidad para el cuerpo humano. Iba camino del III Encuentro Nacional de Jóvenes Titiriteros “Titereando en la ciudad”, que en su edición de 2014 se dedicó a homenajear la memoria del mítico titiritero argentino Javier Villafañe, en su 105 cumpleaños, al prematuramente desaparecido director artístico Miguel Santiesteban, líder del Guiñol de Holguín, y a mi grupo Teatro de Las Estaciones, por sus dos décadas de fundación, desde que se asentara en 1994 en la apacible ciudad de los puentes, los ríos y los títeres.

Imagen: La Jiribilla

A mi llegada a Santiago de Cuba, la urbe que me vio nacer, me esperaban la presidenta de las Artes Escénicas guantanameras y mi amiga Viruta (Ailyn Zamora, actriz titiritera y músico del guiñol de esa villa), dos mulatas cuyas sonrisas aliviaron el cansancio del trayecto y el inicio de un nuevo rumbo, ahora sí hacia el destino final. Originalmente iba a viajar con mis colegas del espectáculo “Burundanga”, dirigido por mí y estrenado en 2012, con las actuaciones protagónicas de la experimentada Sarita Miyares y la prometedora Marybel García Garzón; pero circunstancias logísticas abortaron esa soñada posibilidad de que ellas estuvieran allí, entre el 20 y el 25 de enero del presente año.

Me gusta trabajar en Guantánamo, su gente es abierta, sincera, noble y fuerte. Gozan de unas ganas de vivir envidiables, acostumbrados a un calor casi insoportable. Muchos hacen caso omiso de la lejanía de la capital, es una distancia que no ha podido frenar en ellos las ganas de trabajar y lograr para su terruño nuevas metas en materia de arte y sociedad.

Una gala que mezcló danza, música y teatro de figuras abrió el esperado encuentro. Para mi alegría me reencontré con el escritor para niños y niñas Eldys Baratute, presidente de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) de la región, mis colegas del guiñol anfitrión, los grupos Ríos, Opsis, Campanario, Alba Babastro, la Guerrilla de Teatreros de Granma, los teatros Latonicalatero, de Colombia y Maika, de Durango, México. De La Habana estaban las teatrólogas del Consejo Nacional de Artes Escénicas Yudd Favier, oriunda del terruño guantanamero y Marielvis Calzada, definitivamente dos ángeles protectores para mí en esos días de teatro, risas, reflexiones, descubrimientos y asombros.

II

Comienza el títere a andar

Me tocó el inicio de las actividades teóricas con la conferencia “La dirección artística, una traducción personal del mundo”, ofrecida en el salón polivalente del guiñol, pues el hermoso espacio de influencia árabe en la Casa de la Cultura poseía demasiada luz matinal para las proyecciones de los videos. Los materiales audiovisuales dejaron ver la personalísima concepción titiritera de maestros mundiales como Ilka Schonbein (Alemania), Philippe Genty (Francia), Enrique Lanz (España) y Fabrizio Montecchi (Italia), entre otros.

La tarde recibió la tercera función del más reciente estreno del Guiñol de Guantánamo: “El solar de Villafañe”,  creación colectiva de la  joven generación del conjunto, que agrupa en un solo haz piezas titiriteras para adultos y niños de Don Javier como “Vida, pasión y muerte de la vecina de enfrente”, “El fantasma”, “Los pícaros burlados”, “La calle de los fantasmas” y “El panadero y el diablo”.

La ciudadela donde vive Doña Gallito, el personaje conflictivo de  “Vida, pasión…”, es convertido en un solar de derruido aspecto colonial, ubicado en el Guantánamo de hoy, con pioneros, cuentapropistas, artistas aficionados, profesores y autoridades; una amalgama social que refleja lo que somos y respiramos en un país, que se empeña en ser y continuar en medio de la crisis mundial y otras carencias espirituales.

Imagen: La Jiribilla
El solar de Villafañe. Guiñol de Guantánamo
 

Al ritmo de la percusión inconfundible de Los Papines, grupo musical tan renovado como el guiñol oriental, comienzan los sucesos. Una aventura trepidante, donde la técnica del títere de guante protagoniza la acción, además del uso de otros recursos como las siluetas en sombras u objetos con mando para fortalecer el discurso del espectáculo. Sorprende la mixtura de historias aparentemente aisladas una de las otras; juntas ahora por obra y gracia de la imaginación creadora, en un argumento único, que tiene el caos cachiporrero de los muñecos de guante, apariciones y desapariciones, persecuciones, sorpresas escénicas y un humor que inunda la trama de principio a fin.

Todo es nuevo y nada lo es, siempre sucede en los terrenos del arte.  Los hombres y mujeres caminamos los senderos transitados por otros, aportándoles nuestra propia visión. Aliexa Argote, Aylin Zamora, Dilaylis Martínez, Yadira Lobaina y Yosmel López, rescatan inteligentemente el sabor caribeño que han identificado a producciones anteriores del colectivo, y levantan con entrega y pasión su propio andamiaje. Debido al poco tiempo de estrenado, el espectáculo es susceptible aún de algunos ajustes dramatúrgicos, vocales y de concertaciones internas en las capacidades para la improvisación del elenco. Una puesta en escena como “El solar…”, depende esencialmente de la limpieza de su ejercicio en el retablo, más la coherencia de los signos plásticos y convenciones teatrales propuestas a los espectadores. Logrado esto, la risa y el disfrute que ya consiguen en el respetable convocado, se harán cada vez más efectivas, unidas a la complicidad de las historias inmortales de Villafañe, que viven una actualidad pletórica en el guiñol guantanamero, dispuestas entre el guaguancó caliente, nacido en los barrios populares y los gorjeos insoportables de Doña Gallito, intentando alcanzar fallidamente las notas más altas de “La Traviata”, de Verdi.

Las propuestas del “Titereando…” continuaron el 22 de enero, día nacional del teatro cubano, con la proyección del documental Titiritero, de la joven creadora Yilian Fernández Alacal. Más de diez minutos dedicados a la trunca vida de Miguel Santiesteban, guía del Guiñol de Holguín. El material fue acompañado de una pequeña muestra de fotografías de los espectáculos dirigidos por Miguelito durante varios años de intensa labor. Algunos colegas de sus colegas evocamos en el Centro de Comunicación para la Cultura recuerdos de su legado y su persona, cuya acción le permitió recolocar en el mapa de la Isla el nombre de esa agrupación oriental, tamaña responsabilidad que enfrentan ahora quienes heredaron el fruto de su esfuerzo y entrega a la causa titiritera.

Dos propuestas realizadas en áreas del Parque José Martí dejaron ver debilidades y fortalezas de un teatro que precisa seguir siendo atendido, tallereado y fortalecido: “Alarma de fuego”, de la Guerrilla de teatreros de Granma, cuya ejecución fue antecedida por un evento performático con el cuerpo de bomberos de la ciudad, y “Tingangaó, la garza” del prometedor colectivo guantanamero Opsis, llenos de energía y deseos de trabajar.

Una gala inclusiva de los diversos colectivos de la provincia, a la cual no pude asistir por asuntos de salud, cerró el glorioso día de los teatristas nacionales.

Dos propuestas disímiles en sus intenciones ocuparon los escenarios del Teatro Guaso y del Guiñol al día siguiente: “Ruandi”, la última visualización titiritera de Miguelito Santiesteban con el Guiñol de Holguín, levantada póstumamente bajo la atenta mirada de la actriz Dania Agüero y “El príncipe feliz”, versión unipersonal de Maika Teatro, de México.

Imagen: La Jiribilla
Ruandi
 

En el montaje holguinero colores a granel, plástica recargada de texturas, líneas y volúmenes, dimensiones gigantescas, todas marcadas características de la poética de Santiesteban, a las que se suman buenas actuaciones en el elenco, una animación de figuras impecable y la utilización de la música y la danza. Miguel siempre escogía textos atractivos. Al ser la lectura escénica de la pieza literaria de Gerardo Fulleda —una de las mejores obras para niños y jóvenes en el repertorio histórico nacional—, una revisitación de la Agüero sobre la mirada de Miguel, no sé si detalles como la corta edad adjudicada esta vez al protagonista de la historia, fue rebajada a propósito, a decisión del propio Miguelito, ni si era su idea la presencia de un bailarín en vivo, en medio de un universo de muñecos, muy muñecos. Puede que él también haya concebido ese tono grave con que los actores animadores asumen las didascalias del autor, o imaginó las interconexiones de las escenas mediante oscuridades tradicionales. Sobrevienen a mí mente muchas preguntas. Imagino que al elenco que quedó abruptamente sin su líder también. Las respuestas están ahí, esperando, vivas, en el fuego perenne que fue la existencia y la creación de Miguel Santiesteban.

“El príncipe feliz”, unipersonal de Alfredo Payán con su Maika Teatro, se enrumbó en otra dirección. Es una narración dramatizada con figuras que se sustenta en una fábula llena de ternura, efectos escénicos en pequeño formato, banda sonora constante y un estilo de actuación casi coloquial. Hubiera deseado más destaque para el príncipe-estatua, que el actor que cuenta no le hubiera minado la importancia, al asumir él los textos capitales del diálogo del soberano con la golondrina.

Bajo la batuta del pequeño Payán y del maestro Paco Contreras del colectivo colombiano Latónicalatero, se impartieron los talleres “De la fe a la creación” (Teatro de objetos) y “Fluorescencia, iluminación y acabado en teatro de luz negra”, dos gestos de solidaridad y camaradería que engrandecieron los días del “Titereando...”

Imagen: La Jiribilla
Taller de Alfredo Payan
 

Los trabajos del Teatro Parabajitos, de Sancti Spíritus y del local grupo Ríos antecedieron a mi propia función de “La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón”, cuento popular andaluz recogido por Federico García Lorca y estrenado por Las Estaciones en 1996. El primero, exhibió un potencial titiritero y actoral digno de aplauso. Tanto el montaje de “Picotico” como “Paquelé” poseen la suficiente gracia y expresividad manual que han de conminarlo a dar el salto imprescindible en aquellos niveles (dramaturgia y dirección artística) que hacen efectiva la puesta en escena. El segundo, acudió de manera indistinta a recursos escénicos que no lograron, en mi opinión, alcanzar el lucimiento final. Una buena historia propone “Con ropa de domingo”, del escritor y actor Maikel Chávez, sugerente ficción teatral de tono campesino paralela al conocido cuento “El cangrejito volador”, de Onelio Jorge Cardoso. Sin embargo, la sobreactuación con que están concebidos los padres del niño Guirito, y un contrapunto no justificado entre las escenas concebidas en la técnica de luz negra y otras en teatro de sombras, no permiten disfrutar y entender a plenitud una obra que habla de la relación transparente y respetuosa que debe existir entre padres e hijos y de los derechos de estos a elegir su futuro y el rumbo exacto de sus mejores sueños.

Al cierre llegó el teatrólogo Omar Valiño, director de la editorial Tablas-Alarcos para compartir sus opiniones acerca de los títeres en el mapa teatral de la isla, a través de una amena conferencia que terminó con la venta de publicaciones especializadas en el arte de los retablos.

III

Se acabó, se acabó

La ausencia de otros colectivos invitados como Teatro Andante, de Granma; el Guiñol Los zahoríes, de Las Tunas; el Frente Infantil del Teatro Escambray y Teatro en el Camino, de Villa Clara; se hicieron sentir, sobre todo por aquello de querer ver más propuestas de titiriteros jóvenes, con trabajos dignos de atención y seguimiento, pero será para la próxima.

Guantánamo es una ciudad inolvidable, sobre todo por sus habitantes, cálidos y participativos, sean artistas, deportistas, científicos u obreros. La AHS del territorio, el Consejo Provincial de Artes Escénicas, la Dirección Provincial de Cultura, y demás autoridades, son responsables de una ciudad que pone al títere a andar rutas tentadoras, singulares y auténticas. Los organizadores del evento deben consolidar sus aspiraciones de continuidad y sistematicidad en la formación con acciones cada vez más concretas y fructíferas. Promover puede ser sinónimo de crecimiento, pero esto no se logra en un par de días. La  constancia, inquietud y consagración en objetivos artísticos que incluyan al teatro para niños y de títeres, pudiera parecerle a algunos tarea fácil, y verdaderamente es ese un reto que puede exceder nuestras fuerzas, mas no nuestras ansias. Los jóvenes están hechos para tocar el misterioso rostro de la luna, aprenderse las canciones del sol y conocer la poesía de las nubes y las estrellas.

De regreso, otra vez en mi guagua china, después que todo se acabó, como dice el pegajoso tema de Los Van Van, me dije a mí mismo que si tuviera que repetir el trayecto Matanzas-Guantánamo nuevamente, lo haría. Siento dentro que del convite a la fiesta palpita un entrañable amor por esa profesión u oficio tan preterida como desconocida. El gesto del “Titereando…” es ya también parte del tema musical que todos conocemos: Guantanamera…guajira titiritera, guantanamera…guajira titiritera.

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