Letrabytes, el futuro del libro

Miguel Ernesto Gómez Masjuan • La Habana, Cuba

Tabletas de arcilla, rollos de papiros, impresiones, tinta electrónica…Durante 35 siglos el libro ha pasado por diversas mutaciones y cada una permitió expandir su alcance y también modificó la manera en que los lectores se acercaban a las creaciones de los autores. Ante la indetenible expansión de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs), que median en la forma en que se escribe, edita y consume un texto, ¿cómo se vislumbra el futuro del libro? ¿la transición de las ediciones impresas al formato electrónico terminará con la desaparición de los libros tradicionales?

La industria editorial afronta disímiles problemas en la actualidad. Algo similar ocurre con la industria musical y audiovisual; pero sería un enorme reduccionismo situar la multiplicación de los libros electrónicos como único causante de las complicaciones por las que atraviesa el sector editorial.

En su libro Mercaderes de cultura, el reconocido sociólogo británico John B. Thompson coincide con que la industria editorial atraviesa por una “coyuntura crítica”; pero la causa de esta situación no radica solo en el uso de Internet y la aparición del libro electrónico, sino que el problema es mucho más complejo.

De acuerdo con Thompson, el libro electrónico es solo una de las tendencias que ha incidido en la transformación del sector editorial en las últimas décadas. Otra de estas tendencias es la concentración de gran parte del sector en cinco grupos editoriales multinacionales que, para aumentar sus ingresos, privilegian la capacidad de ventas de ese texto, en lugar de tener en cuenta los valores literarios. El segundo elemento de la “coyuntura” es la existencia de los “súper agentes literarios” que logran reunir a escritores muy vendidos y presionan a las editoriales para obtener contratos millonarios. Un tercer factor identificado por Thompson es la revolución del libro electrónico.

Imagen: La Jiribilla

Las posibilidades de los libros electrónicos realmente son amplias. Por ejemplo, el almacenamiento digital resulta muy atractivo, porque es posible guardar en una pequeña memoria portátil miles de libros. Además, la adaptación y manejo del texto también es más sencilla, porque los dispositivos digitales permiten realizar adaptaciones en el tamaño de la letra, así como ajustar el contraste y brillo de la pantalla. Incluso, los dispositivos pensados exclusivamente para la lectura (e-readers) emplean la tecnología de tinta electrónica y no tienen retro iluminación. Todo esto incide en que la vista no se canse al mantenerse mucho tiempo frente a la pantalla.

En un libro electrónico es relativamente fácil copiar el contenido y esto acomoda el trabajo con las citas textuales —también el plagio, una de las grandes preocupaciones de los profesores en todos los niveles de enseñanza—; además, no es complicado encontrar palabras o frases dentro de grandes volúmenes de texto, por lo que se ahorra tiempo.

Para los escritores, por ejemplo, con el libro electrónico aumentan las opciones de autoedición, es decir, ya no necesitan exclusivamente a las editoriales para dar a conocer sus creaciones, porque las pueden publicar e incluso comercializar “por cuenta propia”. En 2012, 25 de cada 100 libros vendidos en Amazon.com —la mayor tienda online del mundo—fueron autopublicados o provenían de sellos editoriales pequeños (1). Esta cifra, asegura el periodista José Luis Ibáñez, aumentó en 2013; aunque, de cualquier forma, las grandes empresas todavía controlan el 75% del mercado (2).

Las plataformas de autoedición han introducido novedades interesantes, porque si en un inicio se presentaron como mecanismos alternativos para que los escritores noveles publicaran allí sus obras, ahora tratan de convencer a autores más reconocidos para que estos dejen sus editoriales tradicionales, a cambio de recibir un mayor porcentaje de los ingresos por las ventas de los libros.

Otro punto favorable para los libros electrónicos es su precio, pues resulta muy inferior al de los textos impresos; tampoco podemos olvidar que sus tiradas nunca se agotan y su distribución puede ser mucho más rápida—no hay que esperar por la imprenta— y podrían llegar a lectores ubicados en cualquier punto del planeta, a partir de las características de Internet.

Aunque sus ventajas suelen ser más resaltadas, el libro electrónico también tiene varias limitaciones. La más evidente de todas es su accesibilidad, porque el lector siempre necesitará un dispositivo que reproduzca el texto (computadora, teléfono inteligente, tableta, e-reader). En la lista —no muy extensa— podrían incluirse las dudas sobre la seguridad de la información, ya que las unidades de almacenamiento son dispositivos con una vida útil no muy prolongada, por lo que se corre el riesgo de perder todo el contenido.

Un elemento que preocupa mucho a las editoriales es la piratería de los libros electrónicos. De acuerdo con José Manuel Blecua, director de la Real Academia Española de la Lengua, en la actualidad existen en Internet más de 200 mil textos piratas y esto representa un reto adicional que hace cinco años no existía para la industria editorial. La resolución de este problema, agregó, pasaría por incorporar nuevas fórmulas que protegieran más los derechos de autor; pero, concluyó Blecua, hasta el momento no se ha encontrado una estrategia que realmente funcione.

¿Cómo evolucionará la relación libros impresos–electrónicos? Según el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, el libro electrónico podría “enterrar” al impreso. “El espíritu crítico, que ha sido algo que ha resultado de las ideas contenidas en los libros de papel, podría empobrecerse extraordinariamente si las pantallas acaban por enterrar a los libros”. La literatura escrita exclusivamente para las pantallas sería “mucho más superficial, de puro entretenimiento y conformista”, concluyó el escritor.

Los defensores de las TICs predicen que los libros electrónicos representan el futuro –ya no tan lejano- del sector editorial, porque el avance de las tecnologías introducirá nuevas mejoras en los dispositivos electrónicos y esto hará todavía más amigable su uso; también señalan que, en los próximos años, es muy previsible un aumento en el número de textos digitales, mientras disminuirá el volumen de impresiones.

En realidad, esta parece una discusión estéril y nada novedosa, porque reaparece cada vez que se produce alguna innovación tecnológica que trastoca concepciones y prácticas habituales. El destacado escritor mexicano Jorge Volpi presenta una idea con la que no es difícil concordar: “¿por qué cuesta tanto esfuerzo aceptar que lo menos importante de los libros es el envoltorio? ¿Y que lo verdaderamente disfrutable no es presumir una caja de cartón, por más linda que sea, sino adentrarse en sus misterios sin importar si las letras están impresas con tinta o trazadas con píxeles?”

El profesor estadounidense Robert Darnton aseguró, en una conversación con el diario argentino El Clarín (3), que era un error común pensar que la imprenta de tipos móviles, inventada por Gutenberg, a mediados del siglo XV, había eliminado la publicación de manuscritos, pues esta continuó por tres siglos más. “Creo que esto nos enseña una lección: no debemos imaginar que la revolución digital simplemente va a destruir los viejos medios de comunicación que utilizan la impresión.”

 

Referencias:

  1. http://www.theguardian.com/books/2013/dec/04/amazon-kindle-ebook-sales-indie-publishers
  2. http://www.zoomnews.es/192571/letras-y-tretas/donde-va-libro-i-cuando-lector-se-convierte-editor
  3. www.clarin.com/rn/ideas/libros-ebooks-complementan_0_648535151.html

Comentarios

No eѕ tan sencillo dar con textos aԀecuadamеnte expresados, por lo que debo felicitarte. Sigan aѕí.

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