Entrevista con Nersys Felipe:

“Aprendí sola a escribir para los niños”

Dorelys Canivell • Pinar del Rio, Cuba

Volver a los libros de Nersys fue como regresar a mi infancia, regresar a la biblioteca de la escuelita rural donde estudié, y en la que cada semana las historias de Cuentos de Guane me acompañaban por un rato.

Pero ahora se lee distinto. Se lee con más cariño, con más apego. Será porque realmente uno nunca deja de ser niño. Después vinieron Román Elé, Cuentos de Nato, Prenda, Para que ellos canten y Maísa, que junto a otros textos convirtieron a Nersys Felipe en una querida escritora infantil, aunque muchos como yo, ya adultos, seguimos disfrutando de sus letras.

Imagen: La Jiribilla

Tras varias nominaciones, en el 2011 recibió para alegría del terruño pinareño, el Premio Nacional de Literatura. Este año la 23 Feria Internacional del Libro  se le dedica a ella, lo cual, a pesar de ser un honor, ha revuelto la tranquila vida de la escritora, a la que le gusta vivir escondida siempre en su casita antigua de la calle Virtudes en Pinar del Río.

Esta vez nos ha abierto sus puertas y hasta la cocina llegamos; un buen lugar para conversar con esta mujer sencilla, a la que no le gustan los espejos aun cuando tiene unos enormes en su hogar, y quien no tiene más tesoros que los libros, los recuerdos y su familia.

Nersys no fue a talleres ni a círculos literarios, aprendió a escribir sola y en el tiempo que trabajó en la radio:

“Las primeras cosas las escribí con el propósito de tener oyentes, y eso fue en la década del 70 del siglo pasado. Y recuerdo que fue en septiembre porque en ese mes me casé con Jesús. En la radio me pidieron un libreto para niños, para un programa de 13 minutos y querían que lo escribiera, le buscara nombre, todo yo sola. En esa época tenía yo misma que hacer las voces de niñas, niños, animalitos. Y lo hice no porque me gustó la idea de escribir, ni me interesó, sino para quedar bien con la emisora. Recién entraba yo allí y quería hacer muchas cosas para que me tuvieran en cuenta. Además, tenía la oportunidad de utilizar mi voz y me encantaba el micrófono, pero en sí no lo hice por escribir.

“Entonces, haciendo el programa, poquito a poco, como ha sido todo en mi vida, porque todas las cosas han venido así, una encadenándose con la otra, acabé enamorándome y loca por lo que hacía. En mi vida no ha habido cosas bruscas. Prácticamente no he buscado nada, y eso no es extraño, muchas personas han tenido vidas así; sobre todo gente de mi época que éramos muy tranquilas porque nos educaron para la casa, la familia.
“Y todo fue así poquito a poco. Aprendí sola a escribir para los niños. En aquel entonces no había tanta literatura infantil, estaban los clásicos,  Dora, Eliseo, Cardoso, Mirta.  Yo los leía todas las semanas, porque estaban en los periódicos y las revistas. Eliseo fue quien promovió los concursos, se creó La Edad de Oro, después el Casa, para estimular a la gente a que escribiera para los niños”.

¿Son válidos los concursos para Nersys?

Es la única manera de publicar. Si cuando escribí o reuní mis primeros poemas, no los hubiera enviado a un concurso no existiera ese libro. Los jóvenes, los que empiezan, tienen que hacerlo, porque son  recursos para publicar y darse a conocer. Yo tengo mucho cuidado cuando hablo de la gente joven que todavía no escribe muy bien, porque es que están empezando, y yo no escribía tan bien cuando empecé tampoco.

 

Nersys, sus libros, su vida

Escuchar a Nersys hablar de sus primeros libros y de su infancia hace que a uno se le olvide la entrevista y se quede así, incapaz de interrumpirla, escuchando la historia e hilvanando su vida con cada cuento.

“Mucha gente prefiere Román Elé antes que Cuentos de Guane, pero yo no puedo escoger. Cuentos de Guane es el libro de mi pueblo, mi madre, mi familia, mi abuelo, de la época en la que fui niña; y Román Elé sigue en Guane, pero es mi triunfo al escribir sobre lo único que conozco. En el primero escribí sobre lo que conocía, pero ya en Román… eché a volar la fantasía, la imaginación, tuve que crear personajes, situaciones; nada es real, solo el estilo, el niño. Pero nada tiene que ver con mi vida. Lo único que guarda relación conmigo es Cruz María, que estudia en un colegio religioso como lo hice yo; y lo otro, eso sí, piensa como yo.

“Ine tiene de mí menos que Maísa, porque Ine comparte con el narrador mi persona, el narrador tiene más de mí que Ine, pero como es varón la gente se despista.

Maísa es mi vida en el colegio de las monjas. Lo que conocí, viví. A mi padre yo lo adoré y él me adoró; mi madre siempre estuvo en la vida de él y mía un poquito atrás, porque ella no se parecía a mí y yo me parecía a él. Ella era muy fuerte, pero muy buena y me quiso mucho. Hizo tanto por mí, fue quien me llevó al colegio donde me eduqué”.  

¿Qué inspira a Nersys?

En Cuentos de Guane mi abuelo recién había muerto. También eso vino solo, cosas que llegan, yo no las busco, no las he buscado nunca, me llegan como a todo el mundo.  Es que casi nadie busca. Creo que los creadores no buscan.
Yo escribo y a mí no se me ocurre nada, lo que pasa es que me llenaron de buenos valores. Las familias de antaño eran así; no es nada especial. Hay miles de mujeres de mi edad, que las criaron así, porque así se criaba, con valores de todo tipo, cívicos, morales, hasta religiosos en el colegio. Entonces todos esos valores, me los enseñaron, los recibí; todavía están conmigo. Cómo voy a escribir sin ellos, si ellos son yo, se salen solos, no los busco.

Sobre la creación literaria para niños muchos han dicho que es más fácil, menos compleja, que se escribe rápido, ¿cómo la considera  Nersys?

Eso depende. Hice dos libros que los escribí rápido y son casualmente los dos premios Casa. Escribí Cuentos de Guane y Román Elé en lo que hacía los libretos de la emisora. No les pude dedicar mucho tiempo. Pero Pepe y la Chata, este último libro que va a salir, estuve escribiéndolo como cuatro años. Primero tuve que investigar mucho porque era la vida de un ser humano muy querido por todos, y de su infancia se sabía poco. Con la infancia de Martí hay muchas lagunas grandes y yo suplí eso con mi imaginación, pero relacionándola con esa vida que imaginé tuvo con un padre resabioso, una madre muy amorosa, hermanas chiquitas, pobres, humildes, todos esos detalles, el entorno en que vivían, La Habana del siglo XVIII, en la década del 50´.

Caminé mucho por La Habana con mi hijo. Caminé por la calle Industrias, que la casa ya no está ahí, pero fue dónde él vivió; caminé por el puerto, por la Plaza Vieja, la Catedral, el Prado, y fui hasta donde lo bautizaron, en la Iglesia del Santo Ángel de la Guarda. Yo decía: “a lo mejor no me sirve, pero quizás sí, porque es el espíritu de él que está por estas calles y por estos rincones”. Tuve que conocer La Habana de aquella época y después me senté a escribir. Pero consulté con personas que saben más que yo de Martí, por ejemplo, Nery Carrillo, de la Sociedad Cultural José Martí; con una investigadora y editora de La Habana, que cuando se la envié no me le arregló nada de estilo, porque estaba en bruto la novela, pero me señaló mil cosas. Me dio un asesoramiento en cuanto a la época, el entorno. Me ayudó mucha gente, me enviaron fotos que no habían sido publicadas, de bautismo, de matrimonio. Resultó que ya no me importó ni la casa, ni Jesús, ni mis hijos, ni mis nietos, solo me importó José Martí, hasta que terminé el libro.

Esto ya lo he dicho antes, hay libros que llevan mucho tiempo. Así que están errados quienes no piensen de esta manera. Todo depende de la obra. Un cuento es posible que lo hagas en tres o cuatro meses, pero una novela histórica para niños lleva investigación; implica imbuirse en el espacio, en el entorno, necesita de consultas. Yo revisé las revistas de la época para ver lo que se comía, los anuncios de las tiendas. Y después casi nada de eso está en el libro, pero a la vez está en el fondo, como aquello que decía Hemingway que cuando uno hace un trabajo literario, es como si vieras la cúspide de un iceberg que está siete metros más profundo y que llega hasta el suelo marino.

¿Qué relación existe entre la Nersys escritora y la Nersys maestra?
Eso también vino solo. El magisterio te une mucho al muchacho. Yo fui maestra de primer grado, de tercero, de música y literatura en la secundaria, y volví después a los chiquitos en la escuela de música. Allí les daba teoría y solfeo, piano, canto coral, y aquí también se manejaban las letras de las canciones. Estuve muy relacionada con los niños porque fui una maestra preocupada por mi profesión, trabajé mucho en la escuela, indudablemente eso me lo reconozco. Me fui porque me atrapó la radio que es una “atrapa gente”, la radio es admirable.

¿Qué significan para Nersys la familia y su casa?

Todo llega a la familia y sale de ella. Sé que las familias han ido cambiando, y lo han hecho por las necesidades de la vida. La mía era muy unida. Hasta que mi abuelo no llegaba no se ponía la mesa, había una cultura de compartir la mesa, sobre todo en las tardes.

Y yo no era una niña rica, sino de clase media para abajo, porque mi padre era electricista, el jefe de los linieros, lo cual daba cierto estatus. Pero la familia era muy unida, a los hijos les preocupaba lo que los padres pensaran de ellos, trataban por todos los medios de no ofenderlos, de no disgustarlos, de no darles tristezas, y la educación que recibí en el colegio de las monjas afianzó todo eso.

Mi casa está despintada y es antigua, pero es muy tranquila y acogedora, no me gusta la bulla, que es como vivir en medio de la calle. Ahora el ajetreo de la Feria ha trastocado mi vida, tengo que viajar mucho,  pero después de todos esos compromisos quizá me detenga.

¿Qué representa para Nersys el pueblo de Guane?

Guane era mi lugar de volver, todos los hombres tienen que tener un lugar donde ir cuando se sienten tristes.

Nersys no discrimina entre la literatura para niños y para adultos, simplemente asume que la buena literatura es para todo el mundo.  Reconoce que no ha perdido la forma de escribir para los pequeños porque se siente uno de ellos y habla de sus editores con mucho cariño y respeto.

No sabe teorizar, al menos eso dice, ¡ah! y tampoco le gustan los espejos, pero en la entrada de la casa hay uno inmenso, de esos que  les gustan a las jovencitas; y más adelante en una de las habitaciones hay otro hermoso: “No me miro en ellos, me imagino que todavía soy bonita, que no tengo manchitas, solo me miro el pelo, no me pinto los ojos, no me echo polvo, así que no me hace falta el espejo. En estos días me dieron uno, no pude cerrar los ojos y lo que vi me horrorizó. Es un problema mío mal enfocado, no podía dejar de mirarme, fue como si me vieras hoy y me volvieras a ver dentro de cien años”, dice entre risas.

Pero Nersys se mantiene como la primera vez que la vi, cuando siendo aún una estudiante, al llegar sin previo aviso junto a una amiga, nos abrió las puertas de su casa y me dio mi primera entrevista. Conserva el pelo como nieve y el rostro de ternura, porque los lauros la han hecho más modesta y sencilla.

Cuando nos despidió en la puerta, nos dijo adiós con las mismas manos que escriben, desde la década del 70, los libros de nuestra infancia.

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