Cantores...

Cualquier flor de la trova tradicional cubana

Como muestra de ese cantar vivo y único de casi dos siglos, el sábado 15 de febrero se  fusionará el tiempo de la canción de nuestra Isla en el concierto de presentación del libro Cualquier flor de la Trova Tradicional Cubana. Este cancionero contiene 50 textos de páginas clásicas de la trova; de autores como Sindo Garay, Manuel Corona, Miguel Matamoros, Pepe Sánchez, María Teresa Vera, cuyas canciones que han formado parte de los romances de generaciones de cubanos. 

Imagen: La Jiribilla

Aunque las cosas cambien de color,
no importa pase el tiempo.
Las cosas suelen transformarse
siempre, al caminar.
Pero tras la guitarra siempre habrá una voz
más vista o más perdida,
por la incomprensión de ser
uno que siente,
como en otro tiempo fue también.

La trova cubana, viene viajando en la esencia espiritual de la nación desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días. Entre la bruma poética del tiempo se dibuja la eterna silueta de ese bohemio vagabundo que camina con su guitarra al hombro escudriñando en sus días para traducir en versos los amores, dolores, ilusiones y decepciones, en fin, para poner en su voz su vida, la nuestra.

Aunque las cosas cambien de color,
no importa pase el tiempo.
No importa la palabra que se diga para amar.
Pues, siempre que se cante con el corazón,
habrá un sentido atento para la emoción de ver
que la guitarra es la guitarra,
sin envejecer.

Lo dice Silvio Rodríguez definiendo la trova: no importa la época, siempre se trata de un ser sensible, con alma poética, con mirada aguda que siente la necesidad imperiosa de cantarle a la amada(o) lo volcánico que lleva adentro; de manera que apresa una verdad y la convierte en obra de arte, no hay pasado para esa canción, entra en la eternidad, porque la poesía siempre es de ahora mismo, de este instante en que un alma se encuentra con los misterios del amor.

Por ese cuerpo orlado de belleza,
tus ojos soñadores y tu rostro angelical;
por esa boca de concha nacarada,
tu mirada imperiosa y tu andar señoril,
te comparo con una santa diosa,
Longina seductora cual flor primaveral;
Ofrendando con notas de mi lira,
Con fibras de mi alma, tu encanto juvenil.

Esta “Longina”, de Manuel Corona, es cualquier mujer de nuestros días, ese trovador que se deshace en ternura para expresar las virtudes de su musa, es cualquiera de los jóvenes que hoy, en un parque, en el portal de una casa, en una salita de teatro, convierte en canto todo ese cosmos pasional que no puede callar.     

Tú eres el ángel con quien yo sueño,
extraño idilio de los poetas.
Alma sublime para las almas
que te comprendan fiel como yo.

Como dice Sindo Garay en su canción, siempre se trata de un encuentro entre tú y yo, dos soñadores que entre arpegios y voces, hayan un rincón común en el que se desbordan las pasiones. De ahí que si bien por razones promocionales se habla de trova tradicional, nueva, novísima, u otras muchas denominaciones, la trova cubana es una sola desde la primera que se recuerda hasta la que ahora mismo compone un muchacho en el rincón de su cuarto. Como dijo en su canción “La trova”, Pedro Ibáñez:

Desmientan al que diga
que la trova ya murió.
La trova no ha muerto, no,
porque aún vive en el alma
de quien la oyó y la cantó.

Escuchen con atención
lo que dice mi cantar:
que surjan más trovadores
que la trova es inmortal.

Como muestra de ese cantar vivo y único de casi dos siglos, el sábado 15 de febrero, a las 5 de la tarde, en el Centro Hispanoamericano de Cultura, se fusionará el tiempo de la canción de nuestra Isla en el concierto de presentación del libro Cualquier flor de la Trova Tradicional Cubana. Compartirán trovadores de varias generaciones, encabezados por esa gran voz de Cuba que es Adriano Rodríguez, con sus 90 años, o el dúo antológico de Voces del Caney. Todos harán piezas de esas antológicas cubanas. Será, sin dudas, una gran fiesta de la trova cubana, y por ende, del espíritu de nuestra patria.

Este cancionero con el sello de la Casa Editora Abril, contiene 50 textos de páginas clásicas de la trova; autores como Sindo Garay, Manuel Corona, Miguel Matamoros, Pepe Sánchez, María Teresa Vera, Alberto Villalón, Rosendo Ruiz y Oscar Hernández, entre otros, componen esta compilación de canciones que han formado parte de los romances de generaciones de cubanos. 

En el sendero de mi vida triste hallé una flor
que al verla su perfume delicioso me embriagó
cuando empezaba a percibir su aroma se esfumó
así vive mi alma, triste y sola, así vive mi amor.

Muchos hemos lanzado al viento lamentos como los que rezan estos versos de “Ella y yo” de Oscar Hernández, en noches de encuentros de amigos, o madrugadas en que una canción nos alivia una pena; páginas como “Lágrimas negras”, “Veinte años”, “Perla marina”, “Juramento”, “Longina”, “Retorna”, “Yo sé de una mujer”, “La rosa roja”, “Pensamiento”, “La tarde”, “¿Y tú qué has hecho?”, “Aurora”, entre tantas otras, integran la cultura espiritual de los cubanos. Ahora llegan 50 de esas páginas imborrables de la canción trovadoresca, en esta antología que hemos realizado con el escritor Bladimir Zamora. Para extra de exquisitez los textos vienen acompañados de cifrados para guitarra que realizó el trovador Pepe Ordás.  

En el prólogo del libro, Bladimir Zamora escribe: 

“La idea de este cancionero nació en una extensa descarga, que a despecho del tiempo transcurrido, armaron hace poco un grupo de trovadores y trovadictos, cercanos a la revista El Caimán Barbudo. Mientras transcurría la tocadera y la cantadera, al amparo del ron indispensable, alguien tuvo la feliz idea de anotar el título de los temas, como solemos decir ahora. Estas cincuenta no son todas las canciones relevantes del cancionero tradicional cubano, pero sin duda están entre ellas; sean compuestas por personas a las que su bien ganada fama y su abundante desempeño artístico hayan convertido en parientes cercanos de cualquiera de nosotros —pienso, por ejemplo, en Sindo Garay—, o por compositores de quienes la memoria colectiva solo guarda su nombre pegado a algunas canciones sobresalientes. Así sucede con Luis Cárdenas Triana, Alberto Rivera y Pablo García Barrios. En el entorno del copioso bosque de la música cubana sus diversos géneros se retroalimentan, por ello soneros de altura como Ignacio Piñeiro y Pedro Ibáñez, han entregado parte de sus más apremiantes sentimientos a través de la trova.       

Siempre he pensado que si un absurdo natural hiciera que el suelo de la Isla se hundiera de momento bajo las aguas antillanas, bastaría con que los cubanos cantáramos en coro interminable el grueso enjambre de canciones trovadorescas que han nacido aquí, para ver resurgir a Cuba intacta por encima del mar. Con seguridad estas flores tendrían que ser esgrimidas entonces”.

Celebremos entonces esta riqueza espiritual que nos convoca, y brindemos con una de esas canciones que quedan como depurada poética que nos eleva el alma.

Mariposita de primavera

Miguel Matamoros

Mariposita de primavera,
alma con alas que errante vas
por los jardines de mi quimera,
por los jardines de mi quimera
como un suspiro de amor fugaz.

Cuando te alejes a otras regiones,
llévale un ruego de adoración
a la que un día me dio ilusiones,
que se trovaron en decepciones,
que hoy llevo dentro del corazón.

Yo quiero verla para besarla
como esos besos que tú a la flor
das cuando quieres la miel robarle,
das cuando quieres la miel robarle
para embriagarte cual yo de amor.

Mariposita de primavera,
alma con alas, si es que la ves,
dile que torne mi compañera
a los jardines de mi quimera,
donde no vuelvas jamás, tal vez.

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