De cuando John Weissmuller
visitó La Habana 

Josefina Ortega • La Habana, Cuba

“Pocas, muy pocas veces, ha pasado por La Habana un atleta de tan asombrosas facultades. Es más, estamos por creer que ninguno se acercó a La Habana en la plenitud de su forma como lo hace ahora John Weissmuller”.

Así declaraba un importante diario de la capital cubana cuando en la mañana del martes 25 de agosto de 1931, llegaba en el vapor Virginia “el primero entre los nadadores del mundo”, como lo llamaban luego de ganar cinco medallas de oro en dos juegos Olímpicos (París-1924 y Amsterdam-1928), batir en más de 60 ocasiones plusmarcas mundiales de diferentes distancias y mejorar varias veces el récord del mundo de 100 metros libres.

Imagen: La Jiribilla

Venía en compañía de su esposa Bobbe Arnst (una de las cinco que tuvo a lo largo de su vida)  y de otro nadador, Harold “Slabby” Kruger, una especie de excéntrico acuático.

Ese mismo día, sobre la una de la tarde, el estelar deportista almorzó como invitado especial, y en su  condición de presidente del B. V. D. Swim Club, en el entonces recién inaugurado Hotel Nacional.

Como era de esperar, en horas de la tarde, ofreció una demostración en la piscina del lujosísimo hotel, ante un numeroso público ansioso por ver al campeón, —cuyo atractivo físico provocaba suspiros—, dar unas cuantas brazadas. Medía 1.90 m.

Nadie quería perderse el espectáculo.

Cierto es que todavía John Weissmuller no era conocido como Johnny ni tampoco como el Tarzán del celuloide que tanta fama le diera cuando interpretó en doce películas, a partir de 1932 y hasta 1948, al popular personaje creado por el novelista estadounidense Edgar Rice Burroughs.

Pero ello no le impidió en modo alguno que su corta visita a La Habana fuera todo un suceso que ocupó grandes espacios en las más influyentes publicaciones de la ciudad, donde incluso hubo lugar hasta para la cursilería más risible.

 “Parece hecho –escribía un cronista- para discutir la velocidad a los peces con sus brazos y piernas donde ningún músculo contrae la fina piel, que luce como una envoltura suave de seda”.

Cerca de las cinco de la tarde la exhibición en la piscina había terminado y el excelente atleta estadounidense nacido en Austria el 2 de junio de 1904, se disponía para subir a bordo del Virginia con destino a San Francisco.

No había de transcurrir mucho para que Weissmuller, debido a su prestigio como deportista, su atractiva figura y su indudable carisma, recibiera una oferta de la productora cinematográfica Metro Goldwyn Mayer para encarnar en la pantalla al popular héroe de la selva, que le reportó aún mayor notoriedad en todo el mundo.

Imagen: La Jiribilla

Sin lugar a dudas, Johnny Weissmuller —todo un icono sexual en su mejor época—  encajó muy bien en el personaje de Tarzán, el “hombre mono”,  no solo por sus cualidades físicas sino también por el escaso diálogo que tenía en el papel. Cuando trató de interpretar otro personaje que ya hablaba como “persona normal”,  —lo dicen los especialistas—, sus carencias fueron escandalosas y evidentes, rayando casi en el ridículo; su dicción y su capacidad expresiva e interpretativa eran mediocres. Por ello su carrera quedó estancada.

Dicen que años después él mismo reconocía: “Interpretar a Tarzán fue un tipo de robo para mí. Era sólo nadar y no decir mucho frente a la pantalla. ¿Cómo era posible que un hombre pudiera trepar árboles, y decir: 'Yo Tarzán, tú Jane' y ganar un millón de dólares?”

Su final no fue feliz.

Cuando sus días de gloria pasaron, su situación financiera siempre fue precaria. Dicen que terminó sus días con su salud mental afectada, imitando el grito de Tarzán una y otra vez.

Falleció en Acapulco, México, el 20 de enero de 1984.

Hoy en el Salón de la fama del Hotel Nacional de La Habana hay una foto suya que lo recuerda cuando todavía no era Johnny ni tampoco Tarzán, sino el excelente deportista que un día nos visitó.

 

 

 

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