Razones y esencias de una colección llamada Ámbar

Enrique Pérez Díaz • La Habana, Cuba

Recuerdo que hace muchos años, allá en los 60, cuando era un voraz niño lector, descubrí unos libros blancos en cuya cubierta siempre había letras de color diferente y el logotipo de un pequeño saurio envuelto en una especie de aro mágico.

Aquellos libros, de cartulina basta y frágil, cuya blancura duraba poco tiempo en manos de un lector y que siempre venían con una propuesta literaria diferente y atractiva, pertenecían a la colección Dragón de Arte y Literatura, una de las veteranas casas editoriales fundadas en 1967, y solían publicar relatos que excitaban sobremanera mi ya de por sí exaltada imaginación infantil.

Como yo era un niño algo díscolo, desordenado y poco obediente, nada amante del estudio pero sí de la lectura, y en mi familia coexistían múltiples preferencias lectoras, devoré por aquellos años La reja, de María Elena Llana, Los mercaderes del espacio, Frederick Pohl, La guerra de las salamandras, Karel Capek, El señor de las moscas, William Golding o Los crímenes de la calle Morgue, de Edgar Allan Poe.

Como yo, existían en Cuba numerosos lectores ávidos del terror, el misterio, la fantasía heroica o la ciencia ficción (c/f). Recuerdo que también en aquella época por otra de sus colecciones Arte y Literatura publicó dos gruesos volúmenes antológicos donde se presentaba lo mejor y más graneado de cada una de estas modalidades narrativas: Cuentos de terror y Cuentos de Ciencia-ficción.

Tiempo después, en la Editorial Gente Nueva, un avezado editor como Juan Carlos Reloba Santana, ya en los 80 se había planteado la necesidad de crear una colección que diera cabida a este tipo de literatura tan buscada por el joven lector y es entonces que nace la colección Suspenso, que podía identificarse por cubiertas donde un diseño geométrico que alternaba en las formas y las combinaciones de colores, daba el sello a estas obras.

Vienen luego los años del Período Especial y el colapso editorial cubano y desaparecen por años ambas series, sin embargo, es obvio que se mantiene la necesidad del lector por este tipo de literatura.

Arte y Literatura, rescata en un nuevo formato su colección Dragón, que luego tendría otros y ya en el 2007 Gente Nueva se plantea la creación de una colección destinada al policial, el terror, el suspenso, la fantasía, la ciencia-ficción y la llamada fantasía heroica.

Pero cada catálogo que se forme debe tener en cuenta sobre todo las obras de las que luego irá a nutrirse. Si se van a incluir autores extranjeros, es necesario tramitar sus derechos o tomar obras de dominio público de los clásicos del género. Si se acude a autores cubanos es preciso estar al tanto del movimiento en tal sentido y seguir sus inclinaciones, principales cultivadores, tendencias y motivaciones e incluso hasta incidir editorialmente sobre ellos.

Gretel Ávila, la promotora de Ámbar, colección que en Gente Nueva vendría a suplir esta carencia, es en sí misma una amante del género sobre todo en su tendencia de fantasía y fantasía heroica y ha sido inteligente al nutrirse también de la experiencia de los autores cercanos a la colección. Entre todos, hurgan en los clásicos, se recomiendan unos a otros, tramitan cesiones con colegas del extranjero y se documentan participando en eventos como Espiral, Behíque, Espacio Abierto, en los cuales se suelen promover y discutir los pormenores de este tipo de creación.

Siguiendo la espiral de Ámbar es posible advertir que la colección ha ido evolucionando, sobre todo desde el policial hasta la ciencia ficción. Así en su primera entrega del año 2007 publicó: Cuentos policiacos, de varios autores –un viejo libro rescatado del catálogo de la editorial– y Mortal para ratas, obra de Carlos Raúl Pérez, autor galardonado en varias ocasiones en el Concurso Aniversario del triunfo de la Revolución del MININT y que había tributado con varias obras a la anterior Suspenso.

En el 2008 aparecen El fantasma de Gardel ataca el Abasto, divertida novela policiaco-fantástica del argentino Eduardo Agustín González, El misterio del pabellón hexagonal, única novela policial del autor cubano para niños Luis Cabrera Delgado; El pantano de la luna, clásico de la narrativa de terror del norteamericano Howard Philipp Lovecraft, con prólogo de Alberto Garrandés; En un lugar llamado Tierra, primera parte de una trilogía del afamado catalán Jordi Sierra i Fabra; La puerta del mar cuántico, de Roberto Estrada Bourgois, uno de los precursores del género de la ciencia-ficción en Cuba y Regreso a un lugar llamado Tierra, del propio Sierra i Fabra.

En el 2009 se rescata un libro aparecido en los 80 por la Editorial Letras Cubanas: Cecilia después o ¿por qué la Tierra?, en el cual Félix Mondéjar apela a una c/f de corte crítico y humorístico –tendencia por demás muy cultivada en su momento–; Cuentos maravillosos y escalofriantes, de autores varios; El reino de las sombras, Robert Erwin Howard; El testamento de un lugar llamado tierra, Jordi Sierra i Fabra y La sombra del buitre (Sonja la roja), también de Robert Ervin Howard y que colinda con el género de aventuras.

Ya en el 2010 la colección se inclina decididamente hacia la fantasía cuando presenta: Leyendas de los cinco reinos, Yoss; Cuando cantan las espadas, Robert Ervin Howard; El disco del cielo, donde aparece entre nosotros la mexicana María García Esperón, creadora de una tetralogía sobre los discos (que además integran el del tiempo, de Troya y del Sol) y una maestra en las complicadas tramas de viajes en el tiempo y también la novela Entremundos, de la debutante Nuria Ordaz Matos.

Una atractiva selección de Ciencia-Ficción deportiva, preparada por Yoss y Carlos Duarte Cano En sus marcas, listos… futuro figura entre las entregas del 2011, que integran, además, la novela de terror La casa a oscuras, del mexicano Fernando Vega-Villasante; Axis Mundi. Antología de cuentos cubanos de fantasía, de Elaine Vilar y Jeffrey López; Solo en su mente, de Bruno Enríquez, quien ha sido un activo promotor de la ciencia-ficción durante décadas; Trenco, un clásico de Roberto Estrada Bourgeois y Ciudad en red, de Sigrid Victoria.

En el 2012 Yoss presenta su selección Conan El cimerio, con un amplio estudio sobre la obra de R. E. Howard y se publican, además, La cuarta estrella, de Michel Encinosa Fú y Por casa tengo el mundo, de Gabriel Gil Pérez.

En el 2013 los chicos de Ámbar nos toman por asalto y entregan a Gente Nueva las selecciones Guerras de dragones. Historias del Altipuerto, varios; Hijos de Korad, Varios; La voz del abismo, Yoss; Promesas de la tierra rota, Elaine Villar Madruga y la divertida y excelente novela Ojos de lagarto (medio aventura, medio fantástica), del mexicano Bernardo Fernández (Bef). Además se publican secuelas como: El disco de Troya, María García Esperón y La mano sin cuerpo, Fernando Vega Villasante; así como la selección El Vampiro, Maykel Reyes Leyva y un libro del país invitado de honor a la FIL 2014: El canto de fuego. Guerra de dragones, de la ecuatoriana Leonor Bravo

Para el 2014 se anuncian nuevas sorpresas por Ámbar como: Crónicas de Akalan, Eric Flores Taylor y Jesús B. Minsal Díaz; Cuentos de ciencia-ficción, antología de Carlos Duarte Cano y Yoss; Historia(s) del cosmos salvaje, Erick Mota; Itgul, Jesús Minsal y Vladimir García; Juego de rol. Laberintos y tesoros, Yoss y Michel Encinosa; La piedra ardiente, Roger Durañona Vargas; Las arenas del nigromante, Leonardo Gala; Los viajeros del sarcófago, Carlos Pérez Kara y Sol negro. La crónica de Sotreun, Michel Encinosa Fú.

Es ancho el universo que se abre ante Ámbar como colección, sobre todo si nos detenemos a pensar en el inmenso caudal de creatividad existente entre los perfiles narrativos que pretende reflejar, tanto de los autores cubanos como extranjeros, los clásicos y los contemporáneos.

Sobre todo, luego de la vuelta mundial a la literatura fantástica, se hace evidente la preferencia de lectores y autores por esta corriente de la literatura menos cercana al realismo y que no por ello deja de abordar realidades humanas y de comprometerse con el destino de nuestro planeta.

Como opción de lectura, la colección representa, además, una rica fuente en la que pueden beber personas de cualquier edad, quienes —dejando que las más hábiles plumas y estilos desaten su imaginación—, tienen la oportunidad de acceder a grandes posibilidades de lectura y crecimiento espiritual e intelectual, asociadas a una atractiva y sugerente trama que igual los conduce a la escena del crimen que al mundo más fantástico, increíble e irreal.

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