Silvio Rodríguez en la Fábrica de Arte Cubano: Sólo para cantarte

Kaloian Santos Cabrera • La Habana, Cuba
Domingo, 16 de Febrero y 2014 (12:36 am)

“Compadre, esta sorpresa que le voy a dar es de otra galaxia. Imposible superarla. Es lo que necesitaba. Imagínate, ella es una silviófila cardiaca”.

Es el comentario tal cual de un amigo en plan conquista. Así fue como hace unos días me enteré, además, que Silvio Rodríguez daría un concierto por el 14 de febrero, en la recien inagurada Fábrica de Arte Cubano (FAC), ese centro cultural que el multifacético artista X Alfonso levantó en la antigua fábrica de aceite del Vedado (calle 26 esquina a 13, en La Habana).

Y para allá fuimos… cada uno por su lado, por supuesto.

Silvio, cámara en mano (tan eterna acompañante suya como la guitarra) salió a escena. Fue presentado por Equis, a quién su cara de regocijo delataba que no podía haber mejor bautizo para esta Fábrica de Arte que las canciones que estabamos por escuchar.

Y es que el trovador preparó un programa donde concurrieron temas antológicos como El Mayor, Tonada del Albedrío o La era está pariendo un corazón con adelantos de Amorío, un próximo disco.

Entre los nuevos temas estuvo la tetralogía compuesta por Dibujo de mujer con sombrero; Óleo de mujer con sombrero; Detalle de mujer con sombrero y Mujer sin sombrero. Canciones concebidas en los años setenta y de las cuales hasta ahora solo Óleo de mujer con sombrero había sido publicada (en el disco Al final de este viaje…, de 1978). Es “una especie de cantata”, reveló su autor antes de interpretar esta pieza al tiempo que confesó es esta, quizás, el mayor reto del fonograma que se avecina.

Para ejecutar los arreglos diversos, sublimes en algunas partes y movidos en otras de esta pieza, se hace imprescindible la excelencia de los músicos que acompañan desde hace algunos meses al trovador: Niurka González, en la flauta y clarinete; Oliver Valdés, en la batería; el Trío Trovarroco, en guitarra, tres y bajo; Jorge Aragón, en el piano; y los maestros Jorge Reyes y Emilio Vega, en el contrabajo y el vibráfono, respectivamente.

El momento de mayor intensidad fue cuando a guitarra limpia Silvió sorprendió a todos con su homenaje particular a Santiago Feliú (repentinamente fallecido el pasado 12 de febrero) al cantar Para Bárbara. Un temazo que en 1980, durante el concurso Adolfo Guzmán, el propio Silvio interpretó en escena, con orquestación del maestro Frank Fernández. “Y no te dejaremos ir”, exclamó El Necio tras el último acorde del tema. El público se puso de pie y los aplausos, los más efusivos de la jornada, estallaron en la noche.

Otros instantes especiales llegaron con la lectura de un soneto de amor escrito hace apenas unos días por Antonio Guerrero, uno de nuestro Cinco Héroes. Del mismo modo cuando, luego del cierre y al volver a escena por un biss, Silvio dedicó el tema Querer tener riendas, a la inmensa Sara González quien partió de este mundo el pasado año.

Por supuesto que se hace imprescindible la excelencia de los músicos que acompañan desde hace algunos meses al trovador: Niurka González, en la flauta y clarinete; Oliver Valdés, en la batería; el Trío Trovarroco, en guitarra, tres y bajo; Jorge Aragón, en el piano; y los maestros Jorge Reyes y Emilio Vega, en el contrabajo y el vibráfono, respectivamente.

En una día tan significativo como puede ser un 14 de febrero no era de extrañar que entre el público hubiesen tantas parejas. Entre ellas estaba amigo abrazado con su invitada. Cuando nos despedimos, en un aparte, bien bajito, me soltó: “Después de esto fue imposible un NO”.

Fuente: Cubadebate

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