Ediciones Unión: con acento de mujer

Susadny González • La Habana, Cuba

La literatura cubana contemporánea disfruta de un estimable y no menos disputado acento de mujer que conmina a subvertir esa supremacía patriarcal evidente en los conflictos esbozados por nuestras narradoras. En medio de este orden androcéntrico una promoción de voces femeninas con estilos y temáticas diversas ha logrado contrarrestar ese estigma ancestral en un ejercicio reivindicativo que nos ha obsequiado páginas que se merecen revisitar.

Los relatos de Gina Picart, Nancy Alonso y Laidi Fernández de Juan presentados en la fortaleza la Cabaña durante la Feria Internacional del Libro de La Habana —bajo el sello de Ediciones Unión—, dan fe de la capacidad de estas mujeres para sondear lo cotidiano desde la sensibilidad particular, y regalarnos esos frescos de la realidad que pasarían por surrealistas si no fueran abrumadoramente verídicos. Historias donde se privilegia el acto escritural como una necesidad esencialmente comunicativa sin que por ello pueda ignorarse la mirada desde otra perspectiva que le han impregnado a las letras criollas.

La publicación de En el reino de la noche (reeditada), De piedras, reparaciones y desencuentros (antología) y Jugada en G (ópera prima) validan la identificación del lector con los escenarios recreados con eficacia estilística, y atravesados inevitablemente por las subjetividades, vivencias, angustias, contradicciones de sus artífices.

Finalista del Premio Carpentier de cuento 2003, En el reino… pone a discursar en primera persona a seis mujeres de lugares y épocas diferentes: “una diosa griega, una modelo bosnia, una prostituta de cualquier parte, una musa británica, una poeta irlandesa y una dama cubana”. Narraciones conmovedoras urdidas por el suspenso. Algunas rozan la frontera de la noveleta, y aunque coquetean con lo fantástico, formulan situaciones que bien pudieran haber ocurrido, dice Picart, para quien estos cuentos desmitifican muchos clichés.

Aquellos que no bebieron del desconsuelo catártico que constituye Tirar la primera piedra (1997); la exquisita ironía de Cerrado por reparación (2002) o del Desencuentro (2008) de Nancy Alonso —todos contaron con el favor del público—, ve la luz una selección de esas tres entregas. De piedras, reparaciones y desencuentros supone una suerte de inventario social donde el cubano de a pie se reconocerá como el protagonista, la fuente de inspiración de cada línea, sobre todo porque en el fondo de esas situaciones en apariencias absurdas, caladas de humor y exentas de artificios estilísticos, palpita la creatividad como característica innata del criollo para asumir la supervivencia, su día a día.

A 20 años de su primer texto narrativo —Dolly y otros cuentos africanos (1994)— Laidi Fernández arremete con su Jugada en G, un título que en opinión de la editora Thelma Jiménez parece concebido más para pensar que para reír —sabido es la pericia humorística de la médica devenida escritora—. Desde la mirada adolescente, la responsable de Oh vida emprende este libro que, afirma, es para los jóvenes, “no esos que abrazan banderas y gritan consignas, sino los que se sienten desmotivados, los de la crisis, los que llegan a la calle G, nuestros hijos, pues somos nosotros los responsables de tratar de anclarlos a este país, a la historia y a las esperanzas que tuvimos”.

No es ocioso que escogiera sumergirse en la compleja dinámica que fue el periodo especial, tema recurrente en las letras y el arte antillano, y “robar” las expresiones, el modo de hablar de esos adolescentes que como el de su Jugada… se siente orgulloso por ejemplo, de “patinar por la calle y hacer dibujos en las paredes sin que me importe que sean muros de Embajadas”.

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