Utópica penumbra, antología fantástica ecuatoriana

Un movimiento a tomar en cuenta dentro del género en Latinoamérica

Raúl Aguiar • La Habana, Cuba

A pesar de que la Ciencia Ficción (CF) y la narrativa fantástica en Ecuador surge en el siglo XIX (específicamente en 1894) de la mano del escritor Francisco Campos con Narraciones fantásticas y La receta, de 1899, novela en la que su protagonista viaja 100 años en el tiempo para toparse con una Guayaquil modernizada por los submarinos y los tranvías. El género siempre ha sido infravalorado y visto solo como una moda, un tipo de literatura alienante y un subgénero literario menor, en comparación al resto de obras que componen el canon de la narrativa ecuatoriana, de corte realista o costumbrista.

Con algunas obras y autores esporádicos a lo largo del siglo XX, hubo que esperar casi 100 años para que la CF y la fantasía volvieran a resucitar en el país. La eclosión comienza en la década de los 90, cuando Ugo Stornaiolo publica la obra Crónicas del siglo 21 (1990) que trata sobre la supervivencia de una familia que habita en el espacio exterior. En 1994 Santiago Páez hizo su primera incursión en el género con Profundo en la galaxia, un libro de cuentos sobre tecnologías que permiten cambiar la realidad o los viajes en el tiempo, y ese mismo año el guayaquileño Fernando Naranjo publica su colección de cuentos La era del asombro. A estos pioneros se van sumando, a partir de 1996, otros autores tan importantes como Leonardo Wild, José Daniel Santibáñez y Jorge Valentín Miño.

En años más recientes, la narrativa fantástica ecuatoriana se enriquece aún más con la incursión de jóvenes escritoras como Solange Rodríguez, Alexandra Dávila, Denise Nader y Renata Duque, entre otras. Denise Nader Garzozi fundó desde el 2011, junto con el escritor Fernando Naranjo, el grupo Tertulias guayaquileñas de Ciencia Ficción, Fantasía y Horror donde creadores e interesados por el género fantástico intercambian ideas, libros y experiencias. Recientemente, en la Feria internacional del libro de Quito 2013 se realizó una especie de convención internacional del fantástico donde se dieron cita autores de Ecuador, Argentina, Chile, Colombia, Venezuela y Cuba.

Este libro pretende ser una muestra de lo mejor que se produce en cuanto a fantasía y  ciencia ficción en ese país hermano. Son 11 autores de una gran calidad escritural y que se mueven en un espectro amplio de temáticas.

Comienza por Neblina, de Santiago Páez, un cuento de terror fantástico que nos describe a unas personas condenadas a perseguir a otros seres, entidades ancestrales que poseen ciertos poderes basados en la niebla y el resplandor. Es un relato de alto vuelo poético, casi una parábola, que ocurre en fondas y pueblecitos polvorientos de la carretera, en un Ecuador inquietante y atemporal. Leonardo Wild es sobre todo un escritor de novelas policiales, tecno thriller y Ciencia Ficción, pero ofreció para la antología uno de sus cuentos, “¡Despierta, es hora de trabajar!”, el que trata acerca del tema de la hibernación pues presenta a un hombre despertado al cabo de 50 años para encontrarse con que para pagar el feliz término del proceso debe trabajar durante 20 años como un esclavo para la empresa que compró los permisos de su rehabilitación.

Las espinas son para usted, puede tirar las rosas al sanitario, si lo desea, de Jorge Valentín Miño, es una muestra de esos cuentos experimentales y de abundante juego imaginativo y escritural a los que nos tiene acostumbrados este autor, donde cada imagen podría servir para escribir otra historia. Esta en particular, una fantasía urbana de corte humorístico, nos describe el hechizo que una anciana, a través de la brujería floral, lanza sobre un joven ilustrador con el objetivo de hacer un cambio de cuerpos.

Julie Jibaja es la narradora más joven del grupo. Su cuento “Conozco a los seres humanos, y no me gustan cómo son” también pertenece al género de terror fantástico y es la maquinación de una venganza atroz con posesión incorporada (¿demoníaca?) de una entidad que lejanamente nos remite a ciertas descripciones de Lovercraft.

Renata Duque es dueña de un estilo muy personal, y demuestra en su cuento “Después” que un relato de carretera postapocalíptico puede ser también profundamente emocional y altamente poético. “Elecciones”, de Alexandra Dávila es un extraño cuento de biología ficción. Una de las células se rebela a su accionar cotidiano, busca la autodeterminación en su existir y esto desencadena una epidemia general dentro del sistema que lo hace colapsar por completo. “Grado cero”, de Gabriela Alemán se me antoja un cuento fantástico tan perfecto que parece realista. La protagonista tiene el poder de ver toda la fisiología interna de las personas que la rodean, con sus órganos, fluidos y enfermedades, y al cabo de un tiempo comprende que más que un don, es una especie de maldición y aprende a vivir con ello.

J. D. Santibáñez fue el compilador y prologuista de esta antología. No contento con ello, ilustrador e historietista al fin, también es el autor de la portada y de uno de los cuentos, “El Guardián y el Mago”, que más bien se encuadran en la llamada fantasía oscura, donde magos, monstruos, fantasmas, sacerdotisas y demonios se cruzan en una historia trepidante muy a lo cómic norteamericano y sus descripciones tienen un fuerte componente cinematográfico.

“Autorretrato”, de María Leonor Baquerizo, es otro cuento de terror fantástico, cuya profusión en pequeños detalles ayuda a intensificar una atmósfera de extrañamiento en la que una cama de sanatorio parece ser el desencadenante de cierto fantasma letal que es solamente advertido por un jardinero. En el relato “¿Qué hace una chica como tú en un lugar como este?”, Solange Rodríguez nos describe un lejano futuro, donde los seres humanos, después de una gran epidemia, fueron despojados de su planeta y ahora son repudiados socialmente por el resto de las razas galácticas, quienes los consideran sucios, escandalosos, demasiado prolíficos y biológicamente perniciosos. Y a pesar de todo ello… 

Por último “El otro”, de Fernando Naranjo, uno de mis cuentos preferidos de este autor, que describe las tribulaciones de un hombre que de pronto tiene que competir con un doble, un alter-ego que ha llegado desde una dimensión paralela.

En fin, que la literatura fantástica y de ciencia ficción ecuatoriana en muy poco tiempo se está desarrollando hacia lo que parece será un movimiento a tomar en cuenta dentro del género en Latinoamérica. Sirvan estas historias compiladas por J. D. Santibáñez para dar una pequeña muestra de la calidad de sus ideas, enfoques y estilos.

Utópica penumbra, estoy seguro, como punta de lanza para el movimiento, pasará muy pronto a ser un referente en estudios literarios futuros acerca de la literatura fantástica en Ecuador.

 

Palabras de presentación pronunciadas por Raúl Aguiar en la 23 Feria Internacional del Libro Cuba 2014

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