Centenario de una Nobel de la literatura infantil:

El mundo mágico de Tove Jansson

Enrique Pérez Díaz • La Habana, Cuba

Nacida en Helsingford, Finlandia, en 1914 y fallecida en el 2001, la escritora Tove Jansson todavía resulta hoy por hoy una de las más originales y peculiares autoras nórdicas para niños, no sólo por aquello que escribió sino por su inusual comportamiento que la hacía aparecer como una persona retraída y poco amiga de los encuentros públicos. Sus obras son tan populares en todo el mundo que únicamente figuran por debajo de los dos mayores éxitos internacionales de la literatura finesa: las novelas de Mika Waltari, el autor de Sinuhé el egipcio, y del Kalevala, monumento de la literatura clásica.

Imagen: La Jiribilla

Es tal su fama que, hace 10 años, Tove Jansson fue seleccionada como motivo principal para la emisión conmemorativa de una moneda de plata de 10 € (Finlandia, 2004). En una de sus caras, la moneda presenta una combinación del rostro de Tove Jansson con varios objetos: el horizonte, la paleta de un pintor, la luna creciente y un velero. En su reverso aparecen tres personajes de la saga conocida Mumin.

Tove Jansson se formó en un ambiente artístico, ya que su padre era el escultor Viktor Jansson y su madre la ilustradora Signe Hammersten, quienes sin duda alguna influyeron en su decisión de estudiar Bellas Artes en las escuelas de Helsingford, Estocolmo y París y crearon un entorno cultural para ella y sus otros hijos.

De andar ese camino quedó una obra plástica también muy valorada y es autora de numerosos murales que todavía se pueden apreciar en su tierra y también se desempeñó como ilustradora e historietista para la revista satírica en idioma sueco Garm desde 1930 hasta 1953. Se cuenta que una de sus tiras cómicas de tema político armó cierto revuelo internacional: al ella retratar a Adolf Hitler como un bebé llorón en pañales, rodeado por Neville Chamberlain y varios grandes líderes europeos, que tratan de calmar al bebé dándole trozos de pastel (representados por los mapas de Austria, Polonia, Checoslovaquia...).

Pero en realidad lo que hizo mundialmente famosa a Tove Jansson no fueron sus cuadros, su arte como pintora o su quehacer en la gráfica, sino sus libros infantiles y en especial su serie de aventuras sobre los troles Mumín, unos personajes que, aunque creados por ella, llevan sobre sí mucho del bagaje de las sagas nórdicas con todo su folclore de entes sobrenaturales, a la vez tiernos y terribles.

Desde que apareciera el primer volumen llamado La familia Mumín, ya los ojos del público se situarían sobre esta esquiva y apartada mujer quien nunca se había casado y toda su existencia vivió solitaria en una isla lejana, únicamente acompañada por una gata y alguna visita ocasional. Aunque su fama no le llega hasta el segundo y tercer volumen de la saga, sobre todo La llegada del cometa la situará como una de las autoras más vendidas en su momento.

Imagen: La Jiribilla

Se cuenta la anécdota de que el nombre “Mumin” vino de un tío de Tove Jansson: cuando la joven artista estudiaba en Estocolmo y vivía con sus parientes suecos, su tío Einar Hammarsten intentó que dejara de hacer ruido con la comida diciéndole que vivía “un Moomintroll” en el armario de la cocina, que soplaba aire frío en el cuello de la gente. Se dice que la figura del troll Mumin apareció inicialmente en las tiras políticas de Jansson, usada como firma junto al nombre de la artista. Este bosquejo de un mumín llamado Snork o Niisku (en sueco), era feo y espigado, con una delgaducha nariz alargada y cierta cola de apariencia diabólica. La propia Jansson contó una vez como diseñó al Mumin en su juventud, tras perder una polémica filosófica sobre Kant con uno de sus hermanos. Justo entonces, se le ocurrió dibujar “la criatura más fea imaginable” en la pared de su cuarto de baño y escribió bajo ella la palabra “Kant”. Este primer boceto se fue transformando poco a poco, pero el bosquejo inicial de su criatura es apreciable en el primer libro de los Mumín (Småtrollen och den stora översvämningen: Los Mumín y la gran inundación), en el cual los críticos aseguran que aún es posible adivinar rasgos del llamado Mumin Kant.

Después de su relativo éxito con el primer volumen de la llamada Saga Mumín, los simpáticos y regordetes troles han aparecido en numerosos libros, tiras cómicas, adaptaciones al teatro y hasta ballets. Los títulos han sido parcialmente traducidos al castellano. En la saga caben destacar novelas como La familia Mumín en invierno, Una noche de San Juan bastante loca, La llegada del cometa a Valle Mumín, La niña invisible, Locura de verano de los Mumín, Cuentos del Valle Mumín, Papá Mumín en el mar, Mymble y la pequeña May, ¿Quién consuela a Toofy?, El sombrero mágico y así toda una serie de historias que, con celo, siempre ella misma se encargó de ilustrar.

Imagen: La Jiribilla

Alguna vez ya dije que si de “algún pecado literario” se pudiera acusar a esta autora, la mejor y más eficaz ilustradora de todas sus creaciones que no han sido dibujadas por nadie más, es el de la originalidad. Desde que en 1945 apareció La llegada del cometa a Valle Mumín han seguido publicándose numerosos títulos que describen la a veces no muy plácida existencia de unos simpáticos y atractivos troles que habitan en un valle finés, lleno de misterio y ensueño.

Un gran poder alegórico, una curiosa simbiosis de absurdo y fantasía, realidad y alusiones, hacen de cada libro suyo un delicioso bocado para los más exigentes gourmet literarios. Pues en Tove Jansson, su depurado estilo no permite ver costuras y la narración fluye de modo armonioso y creativo hasta el punto de que el lector se identifica con las peculiares y complejas psicologías de sus discordantes personajes.

Entre los reconocimientos recibidos por su ya vasta obra, además del Hans Christian Andersen en 1966, resta destacar el Premio de la Academia Sueca en 1958, el Premio Nórdico de Literatura para niños y, por supuesto, el aplauso de millones de lectores del mundo entero que han leído las traducciones a 33 idiomas de sus alocados troles mumín. Otros premios importantes son: Premio Literario del Estado (1963, 1971 y 1982); Medalla Pro Finlandia (1976); Premio Honorario de la Fundación Cultural Sueca (1983); Premio Cultural Finlandés (1990); Premio Selma Lagerlöf (1992); Premio de las Artes de Finlandia (1993); Mercuri International Pronssiomena (1994); Premio de la Academia Sueca (de nuevo en 1994); Premio Cultural Honorario de la American-Scandinavian Foundation (1996); Premio Kirjallisuussäätiön de WSOY (1999) y Le Prix de l'Office Chrétien du Livre.

Aunque los Mumíntroll son creación de juventud y rara vez volvió a ellos después de los años 70 pese al éxito que siempre le granjearon, toda su vida Tove Jansson siguió pintando y escribiendo. Su primera incursión fuera de la llamada literatura infantil fue Bildhuggarens dotter (La hija del escultor), un libro considerado algo autobiográfico escrito en 1968. Desde entonces dio a conocer otras novelas y cinco colecciones de historias cortas, pero sobre todo su obra más famosa es Sommarboken (El libro del verano, 1972), su último texto traducido al español, que no está precisamente dedicado a los niños y apareció en la editorial Siruela, en su colección Las Tres Edades, destinada a  niños entre 9 y 99 años de edad.

Pese a tener su estudio en Helsinki, Tove Jansson pasó gran parte de su vida con su compañera, la artista gráfica Tuulikki Pietilä, en la pequeña Klovharu, una de las islas Pellinge, en el golfo de Finlandia, cerca de la ciudad de Porvoo. Quizás allí buscaba evocar algo del mundo de su tan famosa saga y evadir los entuertos de la fama y el mundo moderno.

En varias entrevistas Tove Jansson comentó que consideraba igualmente importantes sus carreras de escritora y pintora. Siempre se mantuvo pintando y en búsqueda constante. Por eso su paleta cambió desde el llamado impresionismo clásico de su juventud al estilo modernista o abstracto de sus últimos años. Expuso numerosas obras durante entre 1930 y 40, y su primera exposición personal fue en 1943. Entre 1960 y 1970 Jansson hizo otras cinco exposiciones con éxito relativo.

Al llegar a su 80 aniversario, celebrado en 1994, Jansson recibió numerosos homenajes y tal cumpleaños se festejó con la impresión de carteles, postales, mapas de la tierra Mumín, muñecos de peluche casi de tamaño natural y un maravilloso libro enciclopédico que atesora referencias, ilustraciones y fragmentos de toda la saga de estas irrepetibles y carismáticas criaturas.

Sobre su obra literaria Tove Jansson había expresado: “Es muy difícil explicar por qué escribo para niños. En realidad tengo que afirmar que escribo para mí misma y que no me guía ninguna intención didáctica. Mis historias no pretenden educar a los niños, no tienen ninguna finalidad, no suponen ninguna filosofía”.

Sobre los contenidos de la saga: “a nosotros nos gusta más lo que es amable, fantasioso y variable, lo imprevisto e inusitado. Las playas que son un poco de tierra y un poco de mar, las puestas de sol que son un poco de luz y un poco de sombra, y la primavera que es a un tiempo templada y fresca”. Esta frase, dicha por uno de sus personajes emblemáticos, Papá Mumín, define el credo de la filosofía que se desprende de sus libros ¿para niños?, al caracterizar así a su prole variopinta, siempre en pos de aventuras inimaginables. Los primeros tomos de la saga se desenvuelven en medio de cataclismos, inundaciones, el más crudo invierno, es decir que a Tove la fascina la relación de sus personajes con la naturaleza, pero ya luego el argumento lo trazarán los personajes episódicos con que la familia Mumín alterna entre una y otra aventura.

Tove jansson, además de haber sido profusamente editada en sueco (la lengua en que escribía por vivir en la parte sueco-parlante de Finlandia), fue traducida y reeditada en decenas de lenguas bien diferentes por importantes editoriales de todo el orbe.

Con sus singulares mumintrol (este nombre también le sirvió de pseudónimo al inicio de su carrera) esta ocurrente autora tiene el mérito de haber creado una mitología propia que, sin embargo, sienta sus raíces en el folclore nórdico. En más de una ocasión ha sido comparada con Lewis Carol (Alicia en el país de las maravillas), pues como pocos manejaba con singular pericia el nonsense (disparate para los ingleses) en unos argumentos y situaciones absurdas llenas de mágico humor, aun en su cotidianeidad y con ciertos aires de tristeza y nostalgia por lo perdido.

En medio de los bosques de Finlandia viven los Mumintrolls. Son pequeños y gordos y se asemejan a hipopótamos bípedos. Gustan de lo apacible (aunque siempre su autora les haga vivir extraordinarias aventuras). Pese a su timidez, resultan a veces algo irónicos, aman la luz del sol y también duermen plácidamente en su extraña casa azul durante el frío invierno que les hace disfrutar de algunos momentos de anhelada tranquilidad.

Mamá Mumín resulta feliciana y pragmática y con una flema envidiable ante cualquier acontecimiento. Cuando alguien rompe algún enojoso adorno o cacharro de cocina, ella respira feliz porque es algo menos que debe cuidar o limpiar. El humor es su más acendrado rasgo. Parecen importarle muy poco crudos inviernos, tempestades, inundaciones o cualquier inusitado cataclismo que altere la paz hogareña y del valle.

En cambio, Papá Mumín adora la vida organizada, atesora recuerdos de mocedad y sus muy secretas memorias de un tiempo en que viviera con los “perversos” Hatifnates. Su hijo es aventurero y soñador, gusta de lo incierto y novedoso y junto al pequeño, tímido y lloroso Snif, forma un dúo que sortea las más increíbles peripecias.

La señorita Pocavoz desempeña siempre el rol de damita joven y agraciada en apuros y urgida de un galán que venga a salvarla de las “más atroces y peliagudas peripecias”. Vive pendiente de su flequillo o sus pulseras y constantemente alguien debe socorrerla pues parecen lloverle encima los más atroces peligros que ella misma tiende a buscarse.

Aunque este cuarteto son los personajes principales, Tove Jansson alternaba en sus novelas otros arquetipos igualmente singulares. Quien alguna vez ha leído los libros de los Mumín no podrá olvidar a El Hemulén, Muskrat, Thinggummy, El Snork y la Snorkita, Fredikson, Saltacabrillo, Joxar, el dinosaurio Edward, Mymlan y sus terribles hijitas, los monstruos Moran y los enigmáticos Hatifnates, seres que se comunican mediante descargas eléctricas (pues no oyen ni hablan) y siempre viajan a bordo de sus barcas en pos de algo que tal vez ni ellos mismos conocen o sepan donde pueden encontrar.

Como se puede apreciar, todos los personajes de la saga Mumín poseen nombres adjetivados que les dan connotaciones especiales en las obras, donde también aparecen entidades mágicas más heredadas del folclore como ninfas arbóreas, nudios viseros, musgosios y bosqueros.

“¿Se puede concebir algo mejor que las inútiles recompensas de la fantasía?”  —pregunta en una de sus aventuras un personaje de Tove Jansson y esta parece ser realmente la divisa creativa de que hace emblema la autora en todos y cada uno de sus elogiados o populares libros, todos con un gran sentido alegórico y que, tras sencillos pero nada simples argumentos— en apariencia algo infantiles, esconden una inteligente y muy peculiar filosofía de la vida.

Todavía 12 años después de su muerte, Tove Jansson no deja de ser noticia cada vez que sus múltiples fans la hacen revivir con la aceptación que no solo continúan teniendo sus libros y adaptaciones de ellos a cualquier formato, los miles de visitantes al Museo Mumín, sino incluso los dos parques temáticos que existen sobre su obra, uno que la rescata en su aliento original y otro bastante criticado por sus expertos debido al hecho de que ha comercializado la iconografía Mumín al estilo Disney.

Como ella misma ha escrito en uno de los excelentes finales de sus libros, en Tove Jansson el lector encontrará: “Una puerta hacia lo imposiblemente posible. El amanecer de un nuevo día en el que todo puede suceder, si ustedes no tienen nada en contra”.

Comentarios

"Alguna vez ya dije que si de “algún pecado literario” se pudiera acusar a esta autora, la mejor y más eficaz ilustradora de todas sus creaciones que no han sido dibujadas por nadie más, es el de la originalidad"

...y desafortunadamente elegiste un raro ejemplo de lo contrario, precisamente. Aparece incluido en el artículo un escaneo de la portada de "La Familia Mumin", publicada en castellano por Noguer, que en la edición más moderna se llama "El Sombrero del Mago" (imagino que este fue el primer libro traducido en nuestro idioma, pero es el tercero cronológicamente), y como puedes leer en las notas de la página 4, esa ilustración es de R. Riera Rojas, no de Jansson.
Extraña elección para publicar a una autora que ilustraba sus propios cuentos, pero por lo que sea, en esta edición en concreto trabajó ese ilustrador. El dibujo es bonito aunque de otro estilo algo diferente, y los Mumin parecen cubiertos de un pelaje marrón en lugar del blanco característico.

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