Crónica impresionista de La Cabaña

Eileen Sosin • La Habana, Cuba

“¡Válgame!”, habría exclamado el rey Carlos III de España si le hubieran dicho que su fortaleza sería tomada cada febrero. Y no lo digo solo por los ríos de gente y las montañas de libros. El despliegue de cafeterías y restaurantes, un sistema de transportación sorprendentemente ágil y los siempre concurridos stands de artesanía, sugieren que la Feria del Libro es un “gran evento” bastante más allá de intelectuales, lectores y escritores.

Dejemos algo claro desde el principio: las multitudes y altas ventas no equivalen a más y/o mejor lectura, qué decir cultura. Baste comprobar la popularidad de los horóscopos, posters de cantantes y deportistas, pulóveres, almanaques, pegatinas, incluso pseudoliteratura de la peorcita, como libros de Hanna Montana. Sin embargo es bueno que las personas tengan opciones, que ejerciten de vez en cuando su capacidad de elegir.

Muchos vienen a pasear, a mirar qué hay, para no quedarse fuera de “la movida”, que no les hagan el cuento. Reparemos en cuántos y cuántas van con “ropa de salir”, ¡hasta con tacones! Conozco quienes llevan el almuerzo preparado de la casa, cuando llega el mediodía acampan a la sombra de algún muro, y ya, pasan su buen rato.

Por supuesto que los niños son los dueños, los jefes de todo esto. A pesar de tener el Pabellón Infantil, ellos ocupan cada espacio, casi a tiempo completo. Payasos, danzas, juegos inflables, alquiler de ponies, artículos de fiesta, material escolar, múltiples chucherías… justo lo necesario para quedar perfectamente arruinado. Si bien en ocasiones los padres no suelen leer, saben que para sus hijos es importante, y por tanto no escatiman. Es conocido que los volúmenes para estas edades son los que más se venden.

Y hablando de eso, al privilegiar la parte cultural, poco se habla de lo económico, de las cifras recaudadas en la puerta, o el monto general de la comercialización. El precio de los libros es subsidiado, y se le suma el costo de organización y logística. Pero a juzgar por las colas, esta parece una actividad rentable.

Cae la tarde y empieza el concierto. Ahora sí estamos seguros: la feria también es una fiesta. Mañana el sol implacable volverá a castigar las piedras de La Cabaña. El principal acontecimiento de las letras cubanas abre sus puertas, y entran todos.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato