Letras, revista de formato y contenidos novedosos

Cira Romero • La Habana, Cuba

Dos etapas cronológicas tuvo la revista literaria Letras: de 1905 a 1914 y  1918, entre mayo y agosto. Comenzó en el mes de noviembre bajo la dirección de Néstor Carbonell y Carlos Garrido, el primero inclinado a la historia, con preferencia a la figura de José martí, a quien dedicó libros de carácter biográfico, el más conocido Martí: carne y espíritu (2 tomos, 1951 y 1952). Se editaba quincenalmente con un formato novedoso para la época, estrecho y alargado. En el trabajo inicial del primer número, titulado “Palabras”,  los directores señalaban:

Letras no viene a llenar vacío alguno. Surge a la vida ignorando los vacíos de la vida. En Letras escribirán los literatos ya consagrados. En nuestras páginas verán la luz el artículo profundo de estilo sereno y el cuento sutil de estilo sonoro y brillante; el verso todo fondo, todo cerebro, y el verso todo música, todo ala, todo alma.

Desde el número del 15 de febrero de 1906 pasó a ser dirigida, además de por Néstor, por su hermano José Manuel Carbonell, a quien nos referimos en un comentario anterior dedicado a la revista Azul y Rojo. “Revista quincenal literaria” se subtituló un tiempo, cuando pasó a ser secretario de redacción Diwaldo Salom y Andraca —utilizaba el seudónimo Conde Costra, en evidente juego con el que usaba, en esa misma época el también poeta y periodista Aniceto Valdivia, Conde Kostia— uno de los miembros de la vanguardia poética cubana de la primera década del siglo xx, agrupada en su mayor parte en la antología Arpas cubanas (1904).

En el número correspondiente al 15 y 30 de diciembre de 1906, tras haber dejado de publicarse por un tiempo, declaraban que

reanuda [...] su publicación, bruscamente interrumpida por los pasados sucesos políticos [se alude a la segunda intervención norteamericana en Cuba]. Y al comenzar de nuevo su labor, añaden, cumple a sus directores manifestar que en nada ha cambiado, que es la misma Letras de antes, literaria, independiente, sin escuela de arte que seguir ni partido político que defender.

En julio de 1908 amplió su formato y apareció como “Revista semanal ilustrada”, y debajo de este se leía que contaba “con la colaboración de los mejores escritores y artistas cubanos y extranjeros”. En ese momento fungía como administrador Miguel Ángel Quevedo, quien dos años después, el 7 de mayo de 1910, fundaría la importante revista Bohemia. La jefatura de redacción pasó a Félix Callejas, avezado periodista, creador, posteriormente, en 1929, de un semanario satírico que alcanzó gran popularidad: Billiken. Como dato curioso, cuando el mes tenía cinco semanas publicaban un suplemento de cuatro páginas con la crónica “que no admite demoras ni aplazamientos en el ávido deseo de conocer siempre la última noticia social”.

Hacia abril de 1910 comenzaron a publicarse, en páginas adicionales a la revista, sin numeración, unas “páginas para las damas”, cuyo contenido era preparado por Elisa María Bordas. En enero de 1911 otro importante intelectual, Arturo Montori, entró a formar parte de la redacción y la administración. Destacado como pedagogo, le aportó a la revista varios trabajos de este carácter. También fue redactor y redactor jefe Ismael Clark. El 25 de octubre de 1914 cesó su publicación y el 5 de mayo de 1918 reapareció como “Revista universal ilustrada”, con los hermanos Carbonell al frente de la misma y la dirección artística a cargo del pintor Esteban Valderrama.

En un trabajo aparecido en este número, titulado “Con la misma bandera”, los editores-propietarios expresaban:

Letras, hoy como ayer, dedicará preferente atención al cultivo de las bellas artes en sus variadas manifestaciones, propendiendo cada vez más —como su actuación pasada lo acredita— al establecimiento de las más sólidas y cordiales relaciones entre los intelectuales,  especialmente los de habla española.

Siguió apareciendo semanalmente hasta que cesó el  25 de agosto, cuando, dicen, “no le son propicios” los tiempos que corren.

En las páginas de Letras se publicaron poesías, cuentos, artículos sobre temas históricos y de crítica e historia literarias, fragmentos de novelas, crónicas enviadas desde el extranjero. También aparecieron encuestas sobre diversos temas de la realidad cubana, que recogían opiniones de personalidades políticas y literarias de la época, fragmentos de libros próximos a  publicarse o de reciente aparición, así como prólogos de los mismos.

Entre sus secciones de mayor interés están las tituladas “Páginas de Martí”, que reproduce textos martianos, algunos inéditos; “La semana”, en la cual José Manuel Carbonell comentaba hechos cubanos de actualidad, tanto de carácter político como literarios; “De teatros” y “Por los teatros”, en los que aparecían comentarios de las obras que se escenificaban en la capital, firmados en ocasiones por el narrador y  periodista Jesús Castellanos, y en la mayoría de los casos por Ismael Clark, escondido bajo el seudónimo Sem Lai, y “Leyendo y contando” y “Bibliografía”, en las que se reseñaban obras de reciente aparición.

Como era usual en la época, la revista contó con una sección dedicada a la crónica social, que estuvo a cargo del periodista más afamado de la época en esas lides: Enrique Fontanills. Veamos un fragmento de una de esas crónicas, completamente inusuales en esta época que vivimos, titulada “Noche de encanto”:

 Noche de encanto. Noche tentadora. Noche de música. Noche de mujeres escondidos sus rostros tras velos y antifaces. Así fue la noche de ayer en la residencia de la condesa de Montúfar, que, como anfitriona, llevaba, sin dudas, el más suntuoso vestido para esta ocasión, declarada de carnaval veneciano. De spirit refinado, no podía menos que lucir un abrillantado traje de moaré adornado con guirnaldas de flores de terciopelo, mientras que en su mano un abanico de blanco nácar se movía incansablemente ya para saludar, ya para orientar a un número indeterminado de camareros que se deslizaban por todo el salón, adornado con juegos de flores provenientes, claro, de El Fénix, el jardín para las grandes ocasiones. La orquesta que animó la reunión estaba dirigida por el maestro Jorge Anckermann, que a pasar de su juventud despliega talento inusitado. Me sentí conmovido ante tanto lujo, tantas caras bellas y tanto gracejo reunido, al que se unieron los aportados por las señoras  embajadoras de los embajadores de Estados Unidos de Norteamérica, Francia y Gran Bretaña. ¡Noche feliz esta! ¡Noche para recordar!

Los mejores escritores del momento colaboraron en Letras, entre ellos dos poetas que recién comenzaban a figurar en la arena pública: Regino E. Boti y José Manuel Poveda, encargados con sus respectivos libros Arabescos mentales (1913) y Versos precursores (1917), sumado a Alas (1915), de Agustín Acosta, de renovar la poesía cubana del momento en lo que se conoce como postmodernismo. Allí publicó Poveda versos que nunca recogió en su único y antes citado libro, como el titulado “Mi estrofa”, escrito en un álbum:

Como en el prado ameno
Las leves y sencillas mariposas
Llevadas por el freno
De bello aurora, ansiosas
Recogen mil esencias vaporosas;

Como el ave parlera
Que en el nido amoroso y sosegado,
Desde enhiesta palmera
Le canta al ser amado
Que cuida de su bello hogar alado,

Así, mi estrofa suave,
Sencilla, humilde y pobre, aunque sincera,
Te canta como el ave;
te busca lisonjera,
Cual leve mariposa en la pradera.

También aparecieron en sus páginas trabajos de diverso carácter debidos a Dulce María Borrero, Aurelia Castillo de González, Rafael Esténger, Miguel Ángel de la Torre, el hijo de Cienfuegos de vida y muerte transida por el dolor moral y físico, Guillermo de Montagnú, entre un sinnúmero de firmas. Entre los extranjeros figuraron latinoamericanos como Pedro y Max Henríquez Ureña, Francisco Villaespesa, José Santos Chocano, Andrés González Blanco, Rafael Heliodoro Valle y la poetisa gallega, principal voz de su tierra, Rosalía de Castro.

La revista Letras recibió a lo mejor de la literatura cubana del momento y gracias a la iniciativa de los hermanos Carbonell es una muestra del estado de la literatura cubana, esencialmente el poético, en los primeros decenios republicanos.

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