Variaciones en bronce

Virginia Alberdi • La Habana, Cuba

¿Cómo conciliar una tradición secular con las urgencias contemporáneas? ¿De qué manera un material noble y grave se atempera a las poéticas personales de artistas que en su mayoría, aunque conozcan su naturaleza, lo utilizan por primera vez? ¿Cómo es posible hacer dialogar ese material con otros sin que se produzca una incompatibilidad?

Esas preguntas pueden asaltar al espectador que concurra hasta el próximo marzo a la galería Collage Habana para apreciar la exposición El peso de una idea, colección de esculturas en bronce —unas realizadas completamente a partir de esa aleación metálica, y otras con técnicas mixtas que incluyen elementos de bronce— de 25 artistas, reunidos por iniciativa de las especialistas María Milián y Gretel Rodríguez.

La mayoría de las piezas expuestas, están fechadas en el último lustro, lo cual revela el reciente interés de varios de los principales creadores de la escena visual cubana no solo por el bronce, sino por el ejercicio escultórico, que en algunos de ellos hasta ahora ha sido esporádico u ocasional.

Está, por supuesto, la impronta de los escultores, entre ellos Alberto Lescay, con una obra en la que consigue equilibrar el porte macizo del material con una perspectiva vertical; Lidia Aguilera, una espléndida cabeza de Yemayá: José Emilio Fuentes (Jeff), que optó por un concepto instalativo, una obra ya conocida; Guillermo Ramírez Malberti, que dotó de un detalle objetual humorístico un león minuciosamente ejecutado; y Ulises Niebla, en colaboración con el pintor y dibujante Reinerio Tamayo, para concretar una sugerente lámpara árabe con forma de submarino.

Imagen: La Jiribilla
Ulises Niebla y Reinerio Tamayo
 

Maestros que con creces confirman sus valores: Alfredo Sosabravo aporta su sello inconfundible en una pieza donde el cristal de murano encuentra asiento en el bronce; Manuel Mendive lleva a la escultura el aliento mítico de su manera de entrelazar hombre y naturaleza.

El salto a la escultura de bronce cobra ribetes de excelencia en los trabajos de Roberto Fabelo, Flora Fong, Pedro Pablo Oliva, Eduardo Roca (Choco)  y Arturo Montoto, quienes tradujeron al volumen con exitosos resultados sus pasiones estéticas dominantes.

El espectador se lleva en la retina, por demás, la determinación de uno de los artistas cubanos mejor situado en los circuitos internacionales de trabajar la escultura con la misma madurez conceptual con que desde el dibujo hasta la instalación se ha labrado una poética consistente: José Bedia, fiel a su modo de reinterpretar la mitología indoamericana, exhibe aquí un formidable “Venado guerrero”.  

Imagen: La Jiribilla
“Venado guerrero”, José Bedia
 

No pueden pasarse por alto otras dos realizaciones en las cuales el material que define la exposición penetra mínimamente la composición con resultados poéticamente singulares. Una se debe a Ernesto Rancaño: sobre una caja de luz cilíndrica, dos figurillas proyectan sombras en poses diferentes a las que asumen corporalmente. La otra corresponde a Lisandra Ramírez; un gato de resina con ojos de bronce se dispone a cazar un pececito de bronce. En la de Rancaño sobresale la fineza de la especulación; en la de Lisandra, además de la pulcra realización, el ingenio de la boutade.

Imagen: La Jiribilla
Ernesto Rancaño
 

Las obras Whisper, 2011 y Corrección de onda, 2013, del grupo de creadores The Merger, constituyen todo un alarde de perfección e ingeniosidad. Otros creadores que se suman a la muestra Carlos Quintana, José Omar Torres, Angel Ramírez, Nelson Domínguez, Rubén Alpízar, Alejandro Sainz, Adonis Ferro, Liudmila López y Agustín Hernández completan la nómina de esta exposición.

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