Santiago Gamboa:

“La literatura es un bien inmaterial”

Ana Lidia García • La Habana, Cuba

Cuando Santiago Gamboa comienza a escribir, no sabe cuál será el inicio de su novela ni qué estructura tendrá. Sólo tiene clara una idea: terminará de escribirla y lo hará rápido. Esa determinación se la dio el Periodismo, una profesión que le enseñó a crear “con el tic-tac del reloj como fondo”. Recuerda que empezó a ejercerla cuando vivía en Francia, era joven y necesitaba ganarse la vida: “eso le ha pasado a muchos escritores como, por ejemplo, a Gabriel García Márquez. En definitiva se hace con los mismos músculos y materia gris, solo que tiene una gran diferencia con respecto a la literatura: los sucesos necesariamente ocurren primero en la realidad”. Quien ha sido columnista de revistas como Cromos y Cambio, piensa que “en cada artículo uno se juega la vida” porque “se existe en lo que se escribe. Cada palabra debe ser redactada como si fuera la última”.

Imagen: La Jiribilla

“Existen muchas maneras de contar una historia pero la función del escritor es encontrar la mejor”, afirma Gamboa y luego confiesa que siente pánico cuando los lectores comienzan a leer sus obras. “Quisiera que sintieran lo mismo que yo cuando termino de leer un buen título, de esos que te impulsan a ver el mundo de otra forma”. Quizás por eso cuando le preguntan por la utilidad de la literatura advierte que “sirve para multiplicar las experiencias, para mirarse a uno mismo desde el balcón de la casa de enfrente, desde un ángulo diferente”. De ahí que le interese la pluralidad de voces en sus creaciones, “cuando los personajes son los que hablan se intensifican los efectos literarios, aumenta la temperatura de lo que se cuenta”; además, agrega, “la narración en primera persona acerca la historia a quienes se introducen en ella”.

Nunca escribiría una autobiografía, no piensa que su vida sea atractiva como para contarla a otros; sin embargo, la toma como “baúl de herramientas”, de ella va tomando elementos para hacer una literatura vivencial. Ese camino lo ha ido descubriendo poco a poco, como mismo deben hacer los jóvenes que comienzan en esta aventura: “encontrar su propio modo de ser escritores, uno que no existe, pues hacer literatura es un acto tan personal y subjetivo que no hay fórmulas universales”. Poco interesa en qué soporte se lea o se escriba, “la obra está en nuestro imaginario, los libros son solo códigos que nos permiten descifrarla. La literatura es un bien inmaterial que llevamos siempre con nosotros”.  

Decía su padre que las casas con libros son más valiosas, “pues aunque muchos piensen que significan un gasto, en realidad constituyen una inversión”. Desde pequeño vivió rodeado de ellos, uno de los que le atrajo en la adolescencia, “aunque pueda resultar inverosímil”, fue El reino de este mundo, de Alejo Carpentier. No entendía muchas de las palabras pero quizás desde ese momento comenzó a interesarse por la literatura cubana. “¿Qué piensa de ella?”, le pregunta Resik. “No sé si los cubanos tienen idea de lo enorme que es”, responde. “A pesar de que Cuba es un país pequeño, la nómina de sus escritores es igual o más larga que la de tantos otros con una población mayor”, asegura y luego rememora su primera visita a la Isla en 1989: “Llegué a La Habana, dejé las maletas y me fui corriendo a la calle Trocadero, quería conocer la casa donde vivió José Lezama Lima”. Siempre le impresionó su poesía, “su concepción de la historia como una sucesión de imágenes metafóricas”.

Ahora regresa a la tierra de Nicolás Guillén, otro escritor que admira. Pero no ha venido solo. Lo acompaña su novela Plegarias nocturnas (2012), que fue presentada durante el Encuentro con… por la narradora y profesora cubana Susana Haug. Sus palabras la delatan, tantos elogios constituyen signos de fascinación. Conocedora de sus creaciones anteriores, explica que una vez más Gamboa cuenta las historias de personajes desventurados en la vida y que el viaje vuelve a ser un motivo marcado en esta obra que se acerca, desde diferentes puntos de vista, a la violencia de una Colombia presidida por Álvaro Uribe.

Imagen: La Jiribilla

“El apasionante mundo de las ciudades está ahí nuevamente para atraparnos. Santiago se sale del yo y queda representado en las historias de los otros”. Lo que a Haug le fue muy fácil resumir, a él le resulta casi imposible. Prefiere contarnos que en Plegarias… se habla de la infancia como ese territorio de la vida que no se acaba nunca y en el cual se gestan las vocaciones literarias. Siempre quiso tener una hermana y envidiaba a los amigos que tenían; por eso aquí recrea esa bonita relación entre un hermano y una hermana.

Pocos lectores —solo quienes pudimos adentrarnos en sus concepciones literarias y escucharlo referirse a los medios de comunicación como “ventiladores gigantescos que transmiten la cultura, un acto que no es individual sino que debe ser comunicado para que genere debate”—, accedimos a esta entrega. Sin embargo, quizás tras esta visita las editoriales cubanas publiquen algunos de sus títulos. “Tengo el compromiso de regresar a presentar algunos de mis libros. Pude ser que muy pronto viajemos hacia esos mundos en los que realmente nunca hemos estado”. Ya sueño con atravesar Océanos de arena (2013) en el Oriente Medio, pasar un Octubre en Pekín (2002) o saber qué sucede en El cerco de Bogotá (2004).

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