Habáname:

El primero de muchos otros reencuentros

Mabel Machado • La Habana, Cuba

Por estos días se habla profusamente de los cuatro topos. La cuarteta de músicos a la que el periodista e investigador Joaquín Borges Triana bautizó con una metáfora que alude al carácter más o menos underground, contestatario y experimental con que emergieron en el panorama cultural cubano de la década de los 80, ha vuelto a unirse sentimentalmente luego del fallecimiento de uno de sus pilares el martes 11 de febrero. Tras la muerte de Santiago Feliú, sus compañeros de la llamada “segunda generación de la Nueva Trova”, Gerardo Alfonso, Frank Delgado y Carlos Varela, cantaron juntos y abrazados en público, después de varios años.

Imagen: La Jiribilla

Ocurrió, primero, en el homenaje organizado para el autor de “Mickey y Mallory” en Fábrica de Arte el fin de semana y se repitió luego durante la presentación del libro Habáname: la ciudad musical de Carlos Varela, en el teatro del Museo Nacional de Bellas Artes este martes 18. El texto, una compilación de ensayos dedicados al “Bob Dylan de Cuba”, fue introducido por algunos de sus autores y recibido por su protagonista con un concierto que estuvo enteramente dedicado a Santiago, y en el que sonó la ineludible “Para Bárbara”, una canción que Varela calificó como “uno de los más bellos poemas de amor escritos en lengua hispana”.

La muerte logró lo que no se veía con frecuencia desde finales de los 80, lo que no se concretó ni siquiera cuando una institución tan prominente como la Casa de las Américas dispuso la sala Che Guevara para el recital de presentación del volumen Trovadores de la herejía (Editorial Abril, 2012), dedicado por entero a la obra de los topos. La reunión del grupo de amigos, ahora incompleto por la desaparición del zurdo Feliú, se produjo en medio de una circunstancia desafortunada, demasiado tarde.

Sin embargo, su confluencia reciente en estos espacios, fundamentalmente su actuación en el lanzamiento de Habáname… ha servido para que se reconozca nuevamente la necesidad de atender a esa zona de la creación artística cubana que es la canción de autor producida entre finales del siglo XX y los inicios del XXI. El libro coral, en el que se han reunido ocho textos sobre la presencia e influencia de Carlos Varela en la cultura cubana, se sitúa en la obra del creador para analizar las pulsaciones del país, con una profundidad y agudeza que logran pocos estudios académicos.   

Este no es, no podía ser un texto biográfico. Los autores, provenientes de diferentes campos disciplinares, han analizado la obra de Varela desde las perspectivas sociológica, historiográfica, o desde su relación personal con su  música, partiendo de la premisa de que esta ha sido lo suficientemente universal y perspicaz como para agenciarse a miles de seguidores dentro y fuera de Cuba a lo largo de tres décadas, y porque ha sabido ser partícipe de importantes debates en la esfera pública nacional.

La compilación realizada por la historiadora Karen Dubinsky, la especialista en cine María Caridad Cumaná y la periodista Xenia Reloba, intenta vincular a Varela con su contexto desde el propio título, desde la imagen de portada, desde las primeras páginas. En uno de los textos iniciales, se dice que el cantautor comparte con otros músicos la perspectiva con que analiza la realidad y evalúa sus posibilidades para el futuro. La palabra “generación”, a la que han cantado los topos insistentemente, aparece entonces en el libro como una contante a la que se debe volver con mayor insistencia.

Imagen: La Jiribilla

El encuentro de Alfonso, Delgado y Varela en la presentación del volumen dialoga con lo que uno de sus autores, el estadounidense Robert Nasatir, señala en su artículo: la generación de estos músicos es inseparable de la historia de Cuba, por lo que cada uno de ellos merece que se realicen, por separado, estudios sobre sus obras.

La canadiense Karen Dubinsky y Nasatir están de acuerdo. En su intervención durante el lanzamiento del texto, cuya versión en inglés comenzará a circular en otoño, la historiadora afirmó que Carlos Varela es uno de los “tesoros nacionales” de los cubanos. El norteamericano, por su parte, expresó su deseo de que este sea el primero de otros textos sobre la generación de los topos, la trova y la canción cubana contemporánea.

“Hay muchos libros que están por venir sobre mis grandes compañeros de generación”, dijo, casi a modo de resumen Carlos Varela, después de interpretar con sus amigos “Memorias”, una de las piezas que mejor describe la experiencia de los nacidos en la Isla en la década del 60.

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