Entrevista con Nelson Ponce

Ilustrar libros para niños es mi pasión

Yeneily García • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla
 

Nos recibió en medio del ajetreo que significa poner a punto una fábrica que, en vez de producir tornillos y tuercas, pretende incentivar la creación de buen arte. Es que para Nelson Ponce, recientemente galardonado con el Premio Nacional de Diseño del Libro, la única manera de canalizar la inquietud y neutralizar el aburrimiento es estar en constante movimiento y hacer de todo, aunque confiesa que hubiera preferido ser deportista, antes que diseñador.

Y es que este joven —aunque él ya no lo ve así— es uno de los que menos años ostenta entre los ganadores de ese importante lauro, que a él le parece excesivo y un tanto inmerecido, a pesar de advertir que para nada es una persona modesta.

Cuando La Jiribilla conversó con él nos asombró su pasión por la ilustración de libros para niños, la que defiende con verdadero fervor a pesar de ser más conocido por su labor en la pintura y la cartelística —no podemos olvidar los dos colmillos goteando sangre de Vampiros en La Habana y el pintalabios que anuncia el homenaje a René Azcuy, que le valiera el Premio en el XXXV Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

¿Es cierto que antes de recibir el Premio de Diseño muchos no sabían siquiera que ilustrabas libros?

Me gradué de Diseño en 1998. Ni sabía que esa carrera existía, aunque de alguna manera siempre me interesaron esas cuestiones. El universo visual en el que crecí me llevó a lo que soy hoy. Algunos de los soportes que me permiten canalizar esa fantasía, por decirlo de alguna manera, son el diseño de los carteles, los discos y los libros, específicamente la ilustración para niños, que a mí me interesa mucho.

Es una pasión que siempre he tenido y de la nunca he esperado nada, solamente el placer que me brinda ilustrar un libro. Esto siempre lo he hecho desde la modestia más grande del mundo —que no me caracteriza—, pero siempre he protegido ese espacio y nunca he exigido ningún tipo de reconocimiento, ni me ha interesado nada de eso. Y ahora ha venido este Premio, que de alguna manera ha tenido que ver con eso.

Dentro de la elaboración del libro he diseñado muchas cubiertas. Para lo que es la tripa del libro tengo menos paciencia, tiene que ser algo que me seduzca. Me desenvuelvo mejor haciendo cubiertas, las ilustraciones o un libro que sea un proyecto más complejo, que no sea netamente texto, que se combine con imágenes, o sea que el diseño implique otras complejidades.

Mucha gente sí se ha asombrado y lo ha visto con suspicacia, porque preguntan: “¿tú no eres cartelista?” Eso dice mucho de la falta de reconocimiento que tienen las personas que se dedican a ese mundo. Muchas personas no sabían que yo también hacía libros, que no es un oficio digamos “estelar”. Creo que por eso pocos profesionales se dedican a esa área, a veces muy anónima y subestimada.

Pero siendo un sector importante del diseño lo he cultivado, no lo he hecho con todo el esfuerzo que hubiera querido porque me he dedicado a otras cosas. Quiero tener una obra variada, diversa, para no aburrirme porque soy muy inquieto, al punto de que hubiera preferido ser deportista y no diseñador.

Has dicho en otras ocasiones que el diseño es un instrumento para viabilizar la cultura. Entonces, por ende el diseñador tiene una gran responsabilidad social…

Es tan importante que la sociedad se articula a través de la comunicación, se desarrolla a través de la comunicación, y un diseñador es justo el profesional que está entre alguien que quiere decir algo y esa masa a la que quiere llevar el mensaje, en diferentes especialidades: el diseño de marca, el editorial, que es muy importante no sólo como vehículo de información, sino también de cultura, de fuente de placer y goce.

Aquí el diseñador cumple un papel clave, porque es el que construye los mensajes, es lo que se hace en el caso de los diseñadores gráficos, en lo visual.  Como dice el eslogan, una imagen vale más que mil palabras, así que el diseñador se encarga de simplificar más la acción para que llegue con más facilidad y más rápido.

Imagen: La Jiribilla

En casi todas las entrevistas te deben preguntar por Camaleón…

Me encanta que me pregunten por Camaleón, porque a estas alturas es que me doy cuenta que fue un proyecto, porque en realidad funcionábamos como un grupo de amigos que teníamos las mismas inclinaciones, que queríamos hacer cosas y las hicimos.

Algunas de las cosas que hicimos serán imperecederas porque están en algún soporte, la mayoría no tanto porque hacíamos muchas obras efímeras y que el mismo tiempo se encargó de hacerlas desaparecer. Pero lo más bonito fue lo que nos quedó, porque todos contribuimos a la formación del otro, aunque yo fuera el profesor de ellos aprendí mucho.

Fue un proyecto que disfruté. Cada miembro del grupo está haciendo lo suyo, porque como es lógico la gente va creciendo y va teniendo sus propias inclinaciones, sus proyectos de vida, y todo el mundo fue cogiendo su camino y estoy convencido que piensan lo mismo que yo: que fue una etapa en nuestra vida profesional muy fructífera y enriquecedora. Mucha gente recuerda ese proyecto con alegría, porque fue muy inclusivo y realmente lindo.

Has dicho que tienes una personalidad muy inquieta y quizá por eso cultives muchas líneas dentro de tu profesión…  pero, ¿por cuál te inclinas más?

Aunque no sea la más glamorosa, a mí me gusta ilustrar. Lo mismo una publicación periódica, que una revista, que un libro. Tengo por este trabajo una especial inclinación, no sabría decirte por qué, pero tengo una especial devoción por la ilustración para niños. Es mi pasión.

Debe ser también porque puedo preservar esa atmósfera que hay en mi vida creativa, que tiene que ver con sostener o perpetuar cosas de la infancia, es difícil explicarlo, y tampoco me lo he preguntado tanto, por eso es que me realizo mucho en la ilustración infantil. Creo que le permite al creador buscar lo mejor de sí, incluso lo mejor como creador, porque es un público muy especial, muy subestimado y muy maltratado, porque abundan los estereotipos sobre cómo se debe tratar a un niño.

Conozco a una escritora, con la cual simpatizo mucho, que dice que no existe literatura ni ilustración infantil, sino la buena literatura y la mala literatura. De todas maneras uno coge los verdaderos y buenos libros infantiles y hasta un adulto puede aprovecharlos, lo sé bien porque a veces tengo que relacionarme con muchos textos que son impresionantes y muchas veces complejos, al punto de que dudas que sean para niños.

Los infantes tienen un nivel de interpretación y de fantasía, y un mundo abierto listo para incorporar cosas nuevas, entonces por eso es un universo que a mí me interesa tanto, porque es cuando la persona se está formando. Siento que puedo desplegar mi imaginación más que en otras cosas.

Una de tus obras más famosas es el cartel de Vampiros en La Habana. Si uno se pone a verlo es algo bien simple. ¿Cómo sabes que algo puede funcionar?

A nuestra profesión una de las cosas que la caracteriza es esa previa proyección que uno hace en su cabeza. Hay un proceso donde se estudia, se evalúa y después llega a una imagen, pero aún así uno realmente no tiene ese cálculo. Quien piense que lo puede hacer se está engañando

Hay otros factores, por ejemplo, ese cartel (Vampiros…) ha quedado en la memoria y  en el imaginario colectivo, en el momento que lo hice no esperaba eso. También la acogida depende de otros factores que exceden la pieza, en este caso una película que expresa la cubanía casi como la guayabera y yo creo que el cartel hereda un poco el prestigio de Juan Padrón. Se crea una cosa que es muy difícil deslindar. Si el diseño no hubiera sido para esa película específicamente, quizá el reconocimiento popular que ha tenido no hubiera sido el mismo.

En el momento que lo hice esperé que funcionara como diseño. Es uno muy simple, más bien sencillo, muy inmediato en la comunicación, cosa que puede ser efectiva, pero nunca esperé que la gente quisiera llevarlo en un pulóver. Son las cosas que uno no espera cuando hace un trabajo que es para un cartel. Los demás elementos del diseño contribuyen de manera notable. Por ejemplo, el caso del cartel Canción protesta, que es emblemático, un buen diseño, pero también representa cosas muy grandes, es un cartel muy simbólico de toda una época.

El 2013 fue un muy buen año en lo profesional…

Fue un año raro. Estamos viviendo una época donde los jóvenes están teniendo espacios para crear, que sus aportes están siendo reconocidos y también pienso que viene con los años y que no soy tan joven ya. Realmente el Premio Nacional de Diseño del Libro me sorprendió, porque siempre lo merecen gente con una trayectoria grande. Me sorprende tanto que creo que no lo merezco y esto usualmente no lo digo cuando he recibido los demás premios que me han dado, incluso cuando me lo comunicaron yo tuve que preguntar bien si era yo, Nelson Ponce y no otro Nelson.

Además, mi labor como ilustrador siempre ha sido desde la humildad. Voy a la Editorial Gente Nueva, busco mi libro, lo ilustro y me pagan lo que me tienen que pagar. Nunca he pensado que me tienen que pagar más. Me gustaría que fuera más remunerado para que muchos más diseñadores talentosos trabajaran en esto, y hay cosas que uno tiene que hacer más por altruismo que por otro motivo. Siempre he pensado que los niños son un sector del público maltratado, entonces qué mejor que ir allí y dar mi aporte

¿Qué estas haciendo ahora en la Fábrica de Arte Cubano?

Estoy con un grupo de amigos. Soy como sectario, porque siempre me gusta estar rodeado de mi gente. Cuando uno trabaja en grupo se equivoca menos. Estamos  llevando una parte de la Fábrica. Es muy importante para nosotros que X Alfonso que es el que dirige el proyecto en general, haya generado un espacio para el diseño gráfico, de alguna manera es un reconocimiento a lo que están haciendo los diseñadores jóvenes y al mismo tiempo demuestra su inteligencia, al tener la voluntad de compartir lo que está pasando en esa modalidad del arte en Cuba.

Tenemos un área que tiene que ver más con la expresión personal, los patrones del diseño grafico, los carteles, piezas de comunicación, hay mucha utilización de la tipografía, es un lugar para canalizar inquietudes personales que los diseñadores siempre tenemos y muchas veces utilizamos nuestro trabajo para hacerlo.

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