Daniel Chavarría: “Los paradigmas te pueden destruir la vida”

Thais Gárciga • La Habana, Cuba
Viernes, 21 de Febrero y 2014 (4:11 pm)

Dos invitados de lujo honraron el vestíbulo de la Biblioteca Central “Rubén Martínez Villena”, de la Universidad de La Habana, en las horas tempranas de este jueves. El escritor colombiano Santiago Gamboa, uno de los autores más reconocidos de su generación, y el Premio Nacional de Literatura 2010, Daniel Chavarría, protagonizaron  el espacio Conversar con el otro.

Imagen: La Jiribilla

La Colina, como también se le conoce a la histórica institución académica ubicada en la intercepción de las céntricas avenidas de L y San Lázaro, es en este 2014 una de las subsedes de la 23 Feria Internacional del Libro en la capital, y al mismo tiempo, el lugar que acoge esta feliz iniciativa.  

La cita estuvo marcada por la sinceridad descarnada del narrador cubano-uruguayo, y la complicidad de los asistentes que se divirtieron con las anécdotas del autor de El rojo en la pluma del loro. Considerado este último entre los más populares de Chavarría, fue puesto a la venta junto a Plegarias nocturnas, novela de Gamboa publicada en 2012 por la editorial española Random House Mondadori, y traída especialmente para presentarla en el evento más relevante de las letras cubanas.

El intelectual suramericano compartió sus preocupaciones sobre el futuro de la lectura en Colombia, pues siente que sus contemporáneos serán los últimos en producir buena literatura. “La juventud vive con tanta rapidez que uno teme se pierda el hábito de la lectura”, lamentó.

Graduado en filología, Gamboa creció en un ambiente eminentemente cultural por su padre, historiador de arte y su madre pintora. Su casa siempre estuvo repleta de volúmenes, “incluso antes de aprender a leer yo ya sabía que los libros eran importantes para las personas que me querían”, recuerda el también doctor en literatura cubana. De ahí que un librero sea para él una radiografía humana, una especie de filtro valorativo, “cuando yo estoy esperando en un vestíbulo por alguien miro en su biblioteca, según lo que esa persona tenga, yo puedo saber si es afín conmigo, porque uno es lo que lee”.

Entre los temas que trata en sus redacciones destacan la violencia, el paramilitarismo en su tierra natal, las guerras, la venganza, el amor, los viajes y la opresión a las mujeres.

Afirma que la escritura es muy injusta porque a veces se tiene talento pero no vocación, o viceversa. “Buscar un espacio en el lector es una de las utopías de la lectura,—afirma—, la obra está en el imaginario personal, no en el objeto físico del libro”, si bien le ofrece la posibilidad de “estar en la Roma Imperial o de pegarle a alguien con un hacha en la cabeza”, argumenta.

No es la primera vez que el novelista suramericano visita el país, pero sí lo hace su obra. En 2005 fue invitado a participar como jurado del Premio Casa de las Américas en el género novela. Hasta el presente ningún título suyo ha sido publicado en la isla, aunque al respecto el finalista del Premio Rómulo Gallegos en 2007 con El síndrome de Ulises, adelantó que próximamente el público cubano podrá adentrarse en sus páginas gracias a la Editorial Artes y Letras, cuando haya optado por uno de ellos tras una difícil decisión.

Micrófono en mano, llega el turno de Daniel Chavarría quien se autodefine, una vez más, como un escritor cubano sin dejar de ser un ciudadano uruguayo. Los que no le conocen dudarían un tanto de esa afirmación, mas, a lo largo de varias décadas sus libros demuestran ese criollismo auténtico, de quien se siente y vive como tal.

Entre risas y sorpresas confesó que siempre ha sido un hombre de excesos, ya en en su juventud hizo “muchas barbaridades y tuvo una vida muy desordenada”. Hoy día, a sus 80 años esa intensidad la canaliza a través de sus personajes.

“Escribo sobre seres excepcionales en circunstancias igualmente excepcionales de la gente en Cuba, su folclore y su delincuencia, inclusive tengo amigos delincuentes”.

Según expresara, todos sus libros tienen un mensaje ideológico, pero sin “teque” porque la ideología no puede ser “tecosa”. Tampoco escribe para un sector específico por lo cual apela a varios ganchos: el humor, el erotismo y el policíaco, y así llegar a todos los niveles educativos posibles. En El rojo… la protagonista es una “jinetera” (prostituta), un ser socialmente negativo, pero humanamente adorable, allí utilizo como recurso una palabra inventada para armar una trama simpática, incluso la gente que no le agrada este país se lo lee”.

Recomienda Chavarría una máxima universal donde coinciden todos los que ofician el arte de recrear ideas en cuartillas de papel: no se puede escribir de lo que no se sabe, uno tiene que documentarse primero, “luego le doy mis escritos a los expertos en el tema para que me corrijan posibles disparates”. Cuenta que cuando describe una escena de santería, una fiesta o un sacrificio religioso por ejemplo, el lector puede estar seguro de que él lo presenció.

 “Ojo con los paradigmas”, advierte con severidad a los jóvenes escritores. Cuando uno comienza a hacer sus pininos casi siempre se obsesiona con un autor y su estilo e intenta parecérsele, y si no lo logra se frustra, por eso hay que tener cuidado con esos autores de cabecera, observa este octogenario hombre desde el dictado de su sapiencia. “Cada quien es una isla”, toma luego la palabra Santiago Gamboa, y quizás “lo que se adapte a mi metabolismo estético a otro le provoque un infarto”.

A la pregunta de cómo les gustaría que fueran leídos sus textos, el humorista que hay en Daniel Chavarría contestó: “acostado, en silencio y con una luz detrás”; y añadió, un poco más en serio: “con espíritu crítico y, si es posible, generoso”.

Conversar con el otro es un espacio que se inaugura este 2014 como un encuentro no sólo de presentaciones literarias, sino además de intercambio y (re)conocimiento. Como bien expresara el escritor colombiano, un libro no tiene sentido hasta que no entre en contacto con su destinatario. De igual manera las personas necesitan identificarse con los demás, y expresarles a sus personajes-autores cuanto de ellos mismos existe en sus relatos.

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