Facebook, ¿what´s up?

Miguel Ernesto Gómez Masjuan • La Habana, Cuba

Facebook, Instagram y WhatsApp pertenecen ahora al mismo dueño. En otras palabras, la información personal que los internautas deciden compartir en la mayor red social del mundo, las fotos subidas al servicio de intercambio de imágenes y las conversaciones a través de la popular aplicación que ha dejado mal parada a las compañías de telecomunicaciones, podrían terminar en un único sitio: en los servidores controlados desde Palo Alto, California. Quizá a muchos no les preocupe tanta concentración de datos personales (¿qué decir del “caso Google?); sin embargo, otros miran con mucho recelo las recientes adquisiciones aprobadas por Mark Zuckenberg.

WhatsApp surgió en 2009 y en apenas cinco años superó los 450 millones de usuarios que abonan un dólar anual por la descarga de la aplicación para tabletas y teléfonos inteligentes. Este monto, aseguran los fundadores del servicio, Brian Acton y Jan Koum, es el único ingreso que reciben, pero resulta suficiente para mantener la empresa que no tiene una gran sede física y su nómina de trabajadores ni siquiera llega a 60.

Imagen: La Jiribilla

La ubicación de la empresa estadounidense no es difícil imaginar: Silicon Valley; aunque, el mayor impacto de WhatsApp está en Europa, pues en el continente americano el predominio en el servicio de intercambio de mensajería es para Skype, comprado, y esto no es una coincidencia, por Microsoft. Cada día se registra en Whatsapp un millón nuevo de usuarios y se envían más de 10 mil millones de mensajes y se reciben 17 mil millones. Las cifras son, sin dudas, impresionantes.

Las prestaciones de Whatsapp y otras empresas similares (Telegram es muy fuerte en Rusia, mientras We chat y Line tienen una amplia presencia en Asia) de seguro han provocado varios dolores de cabeza en los ejecutivos de las operadoras telefónicas, porque suplen, en cierta medida, el envío de mensajes de pago (SMS), otra de las fuentes de ingreso de las compañías tradicionales.

La expansión de WhatsApp —el 70% de los 450 millones de usuarios utiliza esta aplicación diariamente— llamó la atención de Facebook, la red social con más de 1200 millones de personas en todo el mundo y que basa su modelo de negocio en la publicidad. Las potencialidades de la aplicación convencieron tanto que los accionistas de Facebook decidieron abrir, y de qué manera, la billetera: la compra de WhatsApp estuvo valorada en 19 mil millones de dólares.

El objetivo detrás de este desembolso es evidente: Facebook pretende aumentar su presencia en los dispositivos móviles, con los que busca mantener su negocio. De acuerdo con Zuckenberg, “WhatsApp está en el camino de conectar a mil millones de personas. Los servicios que alcanzan ese hito son de increíble valor” y luego añadió: “WhatsApp complementará nuestros servicios de chat y mensajería para que podamos ofrecer nuevas herramientas a nuestra comunidad”.

Los sistemas de mensajería han evolucionado rápidamente. Pocos recuerdan a ICQ, pensado para mensajes de textos a través de las computadoras. Luego surgieron otros, desde el Messenger de Microsoft, el Messenger de Yahoo hasta Skype. El gran reto para ellos (no siempre cumplido) y también para Whatsapp ha sido el mismo: sobrevivir a los competidores.

¿Cómo rentabilizará Facebook los millones invertidos? El posible camino conduce a la inclusión de publicidad en la aplicación. Acton y Koum aseguraron en varios momentos que no recurrirían a ella. “No somos, ni queremos ser, una red social, ni una plataforma de juegos, ni un soporte publicitario”, dijeron; pero todo esto fue antes de la adquisición.

WhatsApp, al igual que sucedió con Instagram, se mantendrá como “empresa independiente”, aunque Koum pasará a integrar el consejo de administración de Facebook. El modelo de suscripción de pago anual seguirá vigente y, probablemente, los usuarios del servicio no noten ninguna variación en él; pero, en realidad, sí habrá una enorme modificación, aunque esta no sea visible. ¿Quién será el propietario de las conversaciones? No precisamente “Fuenteovejuna, señor”.

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