Cantores...

Amó aquella vez como si fuese única...

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

A pesar de usted mañana ha de ser otro día.
Daría tanto por ver el jardín florecer como usted no quería.
Cuánto se va a amargar viendo al día rayar sin pedirle licencia.
Como voy a reír que el día ha de venir
antes de lo que usted piensa. A pesar de usted...    

“A pesar de usted” salió al mercado en un disco sencillo (single); se le escapó a la censura y se vendieron más de 100 mil copias, convirtiéndose en un himno de las fuerzas populares que desafiaban la dictadura militar en Brasil. Su autor, Chico Buarque, había sido arrestado tiempo antes, en 1968, por cantar esas canciones de protesta y tuvo que pasar un periodo corto en el exilio, hasta 1970 en que regresó haciendo lo mismo: decir en su canto, lo que piensa y siente su pueblo:

Oh, qué será, qué será,
que andan suspirando por las alcobas,
que andan susurrando en versos y trovas
que andan descubriendo bajo las ropas
que anda en las cabezas y anda en las bocas
que va encendiendo velas en callejones
que están hablando alto en los bodegones...

Oh, ¿qué será, eso que parece estar debajo, detrás, deslizándose entre todo y entre todos, ese misterio que va creciendo, apoderándose de la gente, inundando la atmósfera como una señal del día final, el primero de otro mundo?

Oh qué será, qué será
que vive en las ideas de los amantes,
que cantan los poetas más delirantes,
que juran los profetas embriagados,
que está en las romerías de mutilados...

“Oh, qué será” es una de esas canciones con las que  Chico Buarque burló la censura de la dictadura militar, convirtiéndose en líder cultural de la rebeldía. Es muy curioso que esta canción —sobre la cual volveré en otra oportunidad—  ha tenido diferentes niveles de lectura, y variantes de letras; incluyendo una que sirvió como tema central de una película ajena (al menos directamente) a intenciones políticas, una comedia amorosa cargada de humor Doña Flor y sus dos maridos.

Otra de esas piezas de resonancia internacional es “Cálice” donde se aprovecha de la similitud de las palabras portuguesas “cállese” y “cáliz” para ironizar  sobre la opresión militar bajo la apariencia de relato bíblico.

Francisco Buarque de Hollanda, conocido mundialmente como Chico Buarque nació en Río de Janeiro el 19 de junio de 1944, su familia de abolengo intelectual, su padre, Sergio Buarque de Hollanda, era un conocido historiador y sociólogo. Esto propició que desde pequeño respirara el ambiente bohemio, y el contacto con importantes escritores y músicos como João Gilberto, Vinicius de Moraes y Antonio Carlos (Tom) Jobim, por mencionar algunos de los más emblemáticos. 

Imagen: La Jiribilla

Chico, es un creador musical con una obra de más de 50 discos, versionado por cantores y músicos en todo el planeta. No gratuitamente en una canción Silvio Rodríguez lo coloca en su “santuario” musical:  

Quién fuera ruiseñor,
quién fuera Lennon y Mc Cartney,
Sindo Garay, Violeta, Chico Buarque,
quién fuera tu trovador…

Y si esto fuera poco, Chico es un importante dramaturgo, novelista, poeta y ha hecho mucho cine y televisión también; en fin, estamos ante uno de los más destacados exponentes de la cultura de la América Nuestra.

Comenzó a destacarse en la música desde 1964 y muy pronto sus zambas ganaron concursos y encabezaron programas de televisión; en 1966 “La banda” arrasó en el II Festival de Música Brasilera, poniendo a un teatro repleto a bailar y cantar durante más de 20 minutos.

Entre su trabajo cinematográfico cabe resaltar el excelente documental biográfico Ciertas palabras con Chico Buarque y la película La ópera de Malandro, un drama musical que recoge el espíritu de las diversas capas sociales, con una riqueza musical impresionante.

Sus novelas Benjamin (1995), Budapest (2003) o Leite derramado (2009), las obras de teatro Roda viva (1967), Calabar (1973), Gota d'água (1975) y Ópera do malandro (1978), la que inspiró la cinta anteriormente citada, resaltan dentro de su vastísima obra; gracias a la que puede emular con los artistas renacentistas más representativos.

Amaron el amor prohibido, y eso es sabido
todo el mundo cuenta que una andaba lenta
grávida de luna y otra iba desnuda, ávida de mar.

El amor de dos mujeres de este “Mar y luna”, o la alucinante historia de la prostituta del más bajo fondo, a la que todos blasfeman y escupen, y que cautiva al más poderoso guerrero imperial “Geni y el zepelín”, figuran entre los clásicos musicales de nuestro tiempo. Asimismo piezas como “Zamba de Orly, “Barrio de Cruz”, “Sem você”, “Fantasía”, “Pedazo de mí”, “Valsinha” y otras muchas, son canciones no solo interpretadas en disímiles versiones sino que constituyen referentes para músicos de todo el mundo que admiran la manera de armonizar textos de gran carga poética.

Imagen: La Jiribilla

Entre esas páginas antológicas de Chico Buarque hay una que para muchos músicos es como la canción de las canciones, me refiero a “Construcción”.   

Amó aquella vez como si fuese el último,
besó a su mujer como si fuese única,
y a cada hijo suyo cual si fuese el pródigo,
y atravesó la calle con su paso alcohólico.

Subió a la construcción como si fuese sólida,
alzó en el balcón cuatro paredes mágicas,
ladrillo con ladrillo en un diseño lógico,
sus ojos embotados de cemento y tránsito.

En principio es como la crónica del día de un obrero de la construcción; se despide de su mujer y los hijos, sale de la casa, llega a la edificación, escala hacia sus alturas, se pone a trabajar, se toma un descanso, merienda, se da unos tragos, retorna a su laborar, salta al vacío y se estrella contra el pavimento en plena calle.

Ese es el relato, pero lo más interesante de este texto es la manera cómo está tejido. Cada verso, que indica una acción, termina con un calificativo, y por ahí comienza la ironía que va tensando el ambiente de la pieza. Esa concatenación de hechos va armando la historia del asfixiante mundo de ese hombre, la enajenación a la que lo arrastra su vida cotidiana, y todo ello sin decir ninguna frase de explícita denuncia al sistema capitalista ni nada que se le parezca; todo está dado a través de esa descripción que va desde besar a la mujer y los hijos en casa hasta lanzarse de la construcción donde labora y caer reventado contra el pavimento. 

La genialidad de la canción reside en que cuando aparentemente termina la letra, pues ya ha caído el obrero muerto en medio del paseo público, Chico vuelve sobre esas mismas estrofas, diciendo los mismos versos, pero cambiándole la palabra final, o sea, el calificativo, con lo cual el dramatismo sigue creciendo. Incluso, aunque con menos estrofas (lo cual acelera el ritmo vertiginoso que ya ha cobrado su densa zamba) hay una tercera vuelta, donde cambia una vez más el final de los versos. Por ejemplo, la primera línea: “Amó aquella vez como si fuese última”, en la segunda vuelta, dice: “Amó aquella vez como si fuese el último”, (¿el último de qué?, ¿de los constructores que se suicidan?, ¿de los asfixiados por el sistema?) y en la tercera ronda dice “Amó aquella vez como si fuese máquina”. ¿Máquina porque su amor se ha extinguido o porque es un hombre encerrado en una fábrica humana? Otro ejemplo: cuando el constructor cae del edificio dice Chico “y agonizó en el medio del paseo público” y a la siguiente ronda: “y agonizó en el medio del paseo náufrago” con lo que la denuncia cobra un carácter social violento.

En la medida que va avanzando esta canción uno más que escucharla, la ve, cual si fuera un documental cinematográfico. El hombre se va convirtiendo en un autómata, en una víctima de su rutina, de su mundo (tercer mundo, o cuarto, o quinto, el de las mayorías), y a la vez en parte de una masa que lo ve agonizar y termina siendo como el futuro de ese cadáver.      

A la agudeza del texto hay que sumarle una música que es en principio como una monotonía lenta, que se va agravando, hasta llegar —en un careo con el coro—, a una atmósfera dantesca. Se convierte así la canción en una especie de zamba tétrica con que este autor —seguido y perseguido por la dictadura militar en el Brasil de aquellos años— solía... si no burlar la censura, al menos reírsele en la cara.

En mucha de las grabaciones que ha hecho Chico de “Construcción”, la empata con otra pieza breve, como una especie de coda “Dios le pague”, que es un satírico rezo muy ajustado a la muerte de ese obrero de la construcción. Por supuesto que Chico canta esta pieza en portugués, pero también hizo una versión al español que está registrada en un disco  titulado precisamente Chico canta en español. Esa es la versión que les ofrezco hoy. Como curiosidad, también existe una versión de nuestro Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, similar a esta.         

Construcción

Autor: Chico Buarque

Amó aquella vez como si fuese última,   
besó a su mujer como si fuese última,
y a cada hijo suyo cual si fuese el único,
y atravesó la calle con su paso tímido.

Subió a la construcción como si fuese máquina,
alzó en el balcón cuatro paredes sólidas,
ladrillo con ladrillo en un diseño mágico,  
sus ojos embotados de cemento y lágrimas.

Sentóse a descansar como si fuese sábado, 
comió su pan con queso cual si fuese un príncipe
bebió y sollozó como si fuese un náufrago, 
danzó y se rió como si oyese música
y tropezó en el cielo con su paso alcohólico.

Y flotó por el aire cual si fuese un pájaro,
y terminó en el suelo como un bulto fláccido, 
y agonizó en el medio del paseo público.
Murió a contramano entorpeciendo el tránsito.

Amó aquella vez como si fuese el último,
besó a su mujer como si fuese única,
y a cada hijo suyo cual si fuese el pródigo, 
y atravesó la calle con su paso alcohólico.

Subió a la construcción como si fuese sólida,
alzó en el balcón cuatro paredes mágicas,
ladrillo con ladrillo en un diseño lógico,
sus ojos embotados de cemento y tránsito.

 Sentóse  a descansar como si fuese un príncipe,
comió su pan con queso cual si fuese máximo,
bebió y sollozó como si fuese máquina,
danzó y se rió como si fuese el próximo
y tropezó en el cielo cual si oyese música.

Y flotó por el aire cual si fuese sábado,
y terminó en el suelo como un bulto tímido,
agonizó en el medio del paseo náufrago.
Murió a contramano entorpeciendo el público.

 Amó aquella vez como si fuese máquina,
besó a su mujer como si fuese lógico,
alzó en el balcón cuatro paredes fláccidas,

Sentóse a descansar como si fuese un pájaro,
y flotó en el aire cual si fuese un príncipe,
y terminó en el suelo como un bulto alcohólico.
Murió a contramano entorpeciendo el sábado.               

Dios le pague

Por ese pan de comer, y el suelo para dormir.
Permiso para nacer, permiso para reír.
Por dejarme respirar, y por dejarme existir,  Dios le pague.                

Por esa capa de grasa que tenemos que absorber.
Por ese humo desgracia que tenemos que toser.
Por los andamios de gentes para subir y caer, Dios le pague.

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