Los otros “niños” de Conducta

Eileen Sosin • La Habana, Cuba

Ernesto Daranas no tenía tiempo de impartir un taller o curso en la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA), del ISA. Entonces le propuso a la decana Marta Díaz vincular un grupo de muchachos a su próxima película: ese era el mejor aprendizaje que les podría ofrecer.

Así llegaron a Conducta Irán Hernández (guión), Ana Alejandra Alpízar (dirección), Reinel García, Arianna Abreu, Daniel Mancebo (producción), Javier Pérez y Alejandro Menéndez (fotografía). Para quienes creen en cábalas y augurios, 7 es un buen número.

Imagen: La Jiribilla

Aprender haciendo

“Él nos dijo desde el principio que íbamos a implicarnos en un rodaje muy fuerte —cuenta Alejandro—, y estaríamos hasta en la propia formación del guión. Estábamos seguros de que sacaríamos muchísimo de esa experiencia”.

En ese momento el filme se llamaba “Chala”, y tenía cuatro personajes infantiles de similar importancia. A partir de la discusión colectiva quedó una historia más delimitada, aunque tampoco se parecía mucho al resultado final. “Todo el mundo le presentó su criterio, desde una posición muy humilde, o más airada, y él fue absolutamente receptivo, incluso con cuestiones diferentes a lo que él quería decir”.

Producción, buscar locaciones, ir una semana a las clases de la verdadera maestra Carmela, andar por ahí “contaminándose” con aquellos ambientes. Había que hacer lo que hiciera falta.  “Daranas nos comprometió con algo que llamó ‘la verdad’: vamos a hacer un filme muy real, sujeto a cambios hasta el último momento, siempre en función de captar una esencia, una verdad.

“Después de haber escrito un guión de arriba abajo, tenía la frialdad de decir: este personaje sobra, y puff, se fue el personaje. Eso es algo que me resulta difícil comprender, pero fue una de las primeras cosas que sacamos de él”.

Al empezar la filmación el mayor peso recayó en los muchachos de fotografía. “Este plano es tuyo”, les largaron en varios momentos. Alejandro participó en Melaza, “pero na’ que ver, siempre estaba distante, muy cómodo”. Esta vez “caímos en una dinámica voraz, vertiginosa. Yo andaba con mi cámara de foto fija, otra de making of, a la vez, y además hacía la asistencia de Alejandro Pérez.

“A esa hora la exigencia no baja porque uno sea estudiante, el grupo de especialistas que estaban acostumbra trabajar de manera muy rápida, muy profesional, y a uno no le van a pedir menos que eso.

“Lo que él hizo no es algo que pasa normalmente. Hablando en plata, te pueden caer 7 ‘chamas’ que te vuelvan aquello un reguero. No creo que hayamos sido un lastre en lo más mínimo, al contrario, pero hay que tener paciencia y valentía para plantearse: voy a halar con ellos y los voy a llevar hasta el final. Sin dudas es algo que debería repetirse, con los realizadores que les interese, los que sientan algún tipo de ‘compromiso’ con los jóvenes. Creo que es la mejor escuela”.

Imagen: La Jiribilla

“Chamacos”

Fueron miles los niños que pasaron en el casting. Hasta que se dieron cuenta: “el que nosotros estamos buscando no va a venir aquí”. Entonces visitaron las escuelas primarias y secundarias de La Habana Vieja, Centro Habana, Cerro, y algunas en Regla. Andaban a la caza de “chispa” y capacidad de repuesta, “un chamaco que se las supiera todas”.

La “noviecita” de Chala, por ejemplo, tenía que “ponerle carácter”. Cuando Amaly Junco (Yeny) llegó a la prueba, enseguida se puso a jugar fútbol con los varones, para colmo hizo un gol, y les dijo a todos que eran malísimos. No había dudas: era ella.

En el aula los lentes debían estar pendientes de cualquier detalle, de la mucha naturalidad que pudieran dar niños que no son actores. “Trabajamos con un equipo de filmación reducido, Daranas no quería 10 gentes arriba de los muchachos.

Imagen: La Jiribilla

“Nosotros llevábamos tres meses con ellos, y era preferible hacer más cosas y pasar más trabajo, para lograr que fueran espontáneos. Incluso, después él les dio diálogos enteros y les dijo: escríbanlo como ustedes lo dirían.

“Hay muchas cosas en la película que las vimos con los niños: el ‘candela y picapica’, o poner ‘Sexo’ en lugar de ‘Sexto’, esto lo vi realmente en un aula, cuando estábamos haciendo el casting. Se lo conté a Daranas y me respondió: está buenísimo, eso lo puede hacer Chala”. 

La ciudad y la gente

“A lo mejor uno lo siente con casi todo lo que hace, pero en este caso particularmente, los que estuvimos ahí creímos que la película no podía ser menos que un ‘bombazo’. Cuando entendimos el tipo de niño que quería el director, supimos que iba a lograr una gran empatía con las personas. También él hace uso consciente del melodrama, y eso es un gancho en sus dos largometrajes”.

Sin embargo, huelga señalar, no se trata de “pan y circo”. “Daranas nos recordaba siempre: un plano desde una azotea de La Habana puede resultar facilista, hay que tratar de huir de una mirada ‘turística’. Pienso que si se gana un público, no se lo gana por ahí. La película está tratando de contar una historia, creo que a nadie se le ocurriría decir, en primera instancia, que pudiera parecer una postal de La Habana Vieja”.

“Por supuesto, la mayoría de las personas no van a notar si la fotografía…, si no sé qué… están viendo una realidad social y se sienten identificados con ella. Desde esta perspectiva es como se está acogiendo, lo que más está provocando es un debate, una posición social. Me parece que esa crítica es la que más vale la pena conversar, en el marco de la salida inmediata de la película. Ahora uno de los valores más bellos, es el valor social que pueda tener”.

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