Monólogo valorativo sobre un Festival
y sus unipersonales

Vivian Martínez Tabares • La Habana, Cuba

El pasado 16 de febrero concluyó la segunda edición del Festival del Monólogo Latinoamericano que organiza el Teatro Terry en la ciudad de Cienfuegos, al centro sur de Cuba. En apenas cinco días, del 12 al 16 de febrero, en maratónicas jornadas, el evento mostró al público veintitrés espectáculos unipersonales llegados de Argentina (5), Brasil (3), México (3), Uruguay (2), Colombia (1), Cuba-Italia (1) y seis de Cuba. El Festival celebró el aniversario 124 del Teatro Tomás Terry, contó con la colaboración de nuestra Dirección de Teatro de la Casa de las Américas y con el auspicio de los Consejo Nacional y Provincial de las Artes Escénicas.

Las puestas y elencos participantes fueron, de Argentina: En el viento aire puro, con autoría y actuación de Lautaro Lamas y dirección de Severo Callaci (Grupo Chakarunas); La noche devora a sus hijos, a cargo de la actriz Nadia Grandón, con dirección suya a partir de un texto de Daniel Veronese (La Espina); Los ojos vacíos, escrito y actuado por Nicolás Cesare,  dirigido por Gustavo Roca (Sin Testigos); Ornella, autoría y actuación de Bárbara Posesorski, dirigido por ella y Mercedes González Glemon (Tan solo hazlo), y Cicatrices, de Julio Pol y Claudia Stigol, actuado por ella bajo la dirección del primero; de Brasil: Después de todo, con actuación, dirección y dramaturgia de Tin Urbinati, a partir de poemas de Maiacovski y Castro Alves (Cooperativa Paulista de Teatro); Bestia salvaje, de Gisele Vasconcelos y María Ethel, actuado por Ethel y bajo la dirección de Vasconcelos (Xama Teatro), y Tal vez sea amor… (Colectivo Dúo), de Fabiano Lana, Fabiano Rabelo y Mayara Dornas, con Mayara Dornas dirigida por Lana; de México: Casting para actor sin competencia, actuado y escrito por David Blanco  (Compañía Deficciona Teatro), bajo la dirección de Tania Tzonia; Baby Boom en el paraíso, de Ana Istarú, con Tere Morera, dirigida por Miguel Loyola (El Centauro Mecánico), y Raíz, yo soy, defendido por Julieta Escobar, con autoría y dirección de Israel Araújo; el actor puertorriqueño Teófilo Torres con dos de sus creaciones, también como director, A mis amigos de la locura, escrito por Ernesto Ruiz, y Papo Impala está quitao, de Juan Antonio Ramos; de Colombia, Lapsus Teatro con Nilson Fernández en Cuatro vacas y cinco chivos, bajo la dirección de Jaime Niño; de Uruguay, María Woyzeck, actuada y creada por Raquel Diana, inspirada en el texto de Büchner, bajo la dirección suya y de Gonzalo Morales Colman (GMC Producciones), y El vuelo, con Iván Solarich, de su autoría y bajo la dirección de María Dodera. La actriz cubana residente en Italia Renata Mezenov Sa trajo Comodín, nostalgia del arcoíris, creado por ella a partir de textos de Joel Cano y Ciro Menale.

De Cuba, la más amplia participación reunió a actores de la capital y a llegados de dos provincias: Jorge Lugo, del pinareño Teatro Rumbo, defendió Lienzo de mujer que espera, escrito por él junto a Alfredo Troche y dirigido por él mismo, y la joven Indira Romero, del Mejunje, de Santa Clara, presentó Las alas me sobran, escrito y dirigido por ella misma. Se completa la nómina con los capitalinos Monse Duany (Mujeres fuentes de creación) con Las lágrimas no hacen ruido al caer, de Alberto Pedro Torriente, dirigida por Miguel Abreu; Milva Benítez (Teatro del Puerto) actúa y dirige Medea sueña Corinto, de Abelardo Estorino; al igual que Marcel Méndez (Teatro de la Luna) con Giordano Bruno, de Tomás González; y Rubén Aráujo (Buendía-Alba) con Botella (En la noche eterna de las botellas), en versión y dirección de Jorge Alba a partir de El enano en la botella, de Abilio Estévez.

Elijo comentar aquí lo más notable a mi juicio, por una u otra razón, y destaco la original concepción y puesta en escena de El vuelo (Solarich-Dodera), ya vista en el 15 Festival de Teatro de La Habana, y sugerente en la combinación de involucrar a los espectadores en la experiencia del viaje a Seúl del personaje, que es el propio actor con sus reflexiones sobre la vida y sus recuerdos de personajes y situaciones del pasado del Uruguay, sus visiones sobre el teatro y el estado del mundo, sus evocaciones musicales, en una propuesta que dialoga explícitamente con la performatividad de lo real y que de algún modo, personalísimo, recrea aquel recurso que el destacado actor argentino Eduardo Pavlovsky creara y denominara “teatro del balbuceo”, en atractivo y arriesgado modo de entrar y salir de una construcción ficcional y también vivencial, llena de autorreferencias.

Imagen: La Jiribilla
El vuelo del grupo uruguayo El Mura Arte & Arte
 

El actor argentino Lautaro Lamas, nos retrotrajo en su impactante sentido de la verdad a un mundo otro, el de su personaje, de En el viento aire puro, Dionisio Luna, un hombre común medio extraviado y soñador, singular en la capacidad de reconstruir pasajes de la memoria con elaborada poesía escénica, que emana de su gestualidad y de la calidad de su presencia, y en el reto de sostener un encuentro casi cuerpo a cuerpo con el espectador, a muy poca distancia, donde el personaje se reafirma en impresionante verosimilitud y nos arrastra con él en su viaje por la vida.

Nadia Grandón, también argentina, defendió bien el notable texto de Daniel Veronese La noche devora a sus hijos, a partir de un discurso minimalista, reducido en desplazamientos pero cargado de energía y sentido, capaz de sumergirnos en el mundo de una mujer que resume, a través de la memoria, pasajes privados y públicos de la historia argentina y en particular de la vida bajo la dictadura, vista desde la percepción personal.

Dos actores veteranos llegados del Brasil propusieron dos creaciones raigalmente políticas: Tin Urbinatti, de la Cooperativa Paulista de Teatro, con Depois de tudo (Después de todo), emplea la poesía de Maiacovski y Castro Alves en una propuesta escénica que discute el valor de lo material y lo espiritual en la construcción de una sociedad más justa, a la manera de un teatro que nos hace volver a los años 70 y descubrir a un actor capaz de recrear su juventud y la memoria de su propio compromiso de lucha política desde el escenario, ligado con movimientos universitarios y de obreros,[1] y que dio lugar a su libro Peões em cena. Grupo de Teatro Forja, para revivir con su arrojo las esencias de un discurso pasado. María Ethel, de Belo Horizonte, reconstruyó a la manera de un teatro testimonio, pasajes de una vida real, la de luchas emancipatorias, emprendida por la médico comunista María Aragão. Lástima que el horario de presentación del montaje María Ethel, muy al final de la noche, y el ámbito de presentación, con subtítulos torpemente traducidos, empañaran el alcance de su trabajo, sencillo y subrayadamente artesanal.

Imagen: La Jiribilla
Depois de tudo, del grupo brasileño Cooperativa paulista de teatro
 

El tercer grupo llegado de Brasil, Dúo Teatro, sacudió al auditorio con su propuesta aleatoria para volver representación las ideas contenidas en un texto de Roland Barthes, que titularon Tal vez seja amor (Tal vez sea amor). Raigalmente lúdica, con el tema del amor como pretexto, Mayara Dornas fustiga la banalidad de los medios y los discursos vacíos entre las personas, la complejidad de las relaciones de pareja, mientras simplemente nos divierte y rompe la cuarta pared para involucrar a espectadores dispuestos.

El puertorriqueño Teófilo Torres es otro actor de larga experiencia, que regresó a los escenarios cubanos, pues tanto Papo Impala está quitao como A mis amigos de la locura ─en repertorio por ¡treinticinco años!─ se presentaron en nuestro Mayo Teatral 2008. De Teófilo nos cautiva su habilidad para mantener vivas, en plena comunicación, arduas partituras físicas, llenas de hallazgos gestuales, expresivos de las respectivas condiciones de sus personajes, y para recrear, en el primer caso, a un joven salsero, drogadicto en dudoso proceso de desintoxicación, fascinado por obras literarias que ha conocido por trasmano, a través de un amigo lector, y que el músico emergente es capaz de recrear en ocurrentes versiones que pasan por su experiencia de barrio y brega cotidiana, y en el segundo, a un paciente psiquiátrico, veterano de guerra, que comparte con los espectadores la angustiosa espera en la antesala del consultorio, mientras descubre verdades que resaltan por su lucidez y cordura para analizar una realidad, de la que lamentablemente las guerras y los afanes imperiales no han cambiado.

Imagen: La Jiribilla
A mis amigos de la locura, de Puerto Rico
 

De Colombia llegó Lapsus Teatro y el actor Nilson Fernández cuenta y representa una historia creada por él, de marcada estirpe popular y conectada con sagas de la narrativa, sobre los afanes de Ismael Galindo Pinzón procurando conquistar a la bella hija del alcalde del pueblo. Caracterizado desde una concepción näif, que el actor sabe mantener con destreza técnica, su personaje nos hace transportarnos ─con ayuda de la concepción del espacio escénico y del trazado del montaje─, viajar por mundos propios, lejanos, allá por el corazón de pueblitos de Boyacá, con sus colores y texturas propias, y donde resuena el impacto de la violencia que sacude el país y que lo conecta con el presente.

Y llegamos a los unipersonales cubanos. Lienzo de mujer que espera es el texto que el actor Jorge Lugo construyó con Alfredo Troche, para darle vida él mismo, travestido en veraz creación de Perancita, Esperanza Águila, una mujer madura, abandonada por el marido que se va para los Estados Unidos por el Malecón habanero en 1994, es una “luchadora” permanente en medio del rigor del Período Especial. Susceptible de precisar en algunos detalles del montaje, lo mejor es el desempeño del actor, que defiende bien a esta mujer, un tanto estridente pero humanísima, y sabe manejar las transiciones y el valor de las pausas y del silencio.

Rubén Araújo sostiene con organicidad y buen decir, durante más de una hora, el difícil rol del personaje del enano de Botella… y nos sorprende la madurez que alcanza desde su evidente juventud. Creo, sin embargo, que la puesta peca de cierta monotonía al abusar de acciones reiteradas, con el interminable movimiento de las botellas de un lado al otro, y añade textos innecesarios al original de El enano en la botella, cerrado y probado antes por dos actores con notables resultados.

Fue un acierto del Festival abrir la programación con Las lágrimas no hacen ruido al caer, a cargo de Monse Duany, una actriz capaz de salvar el atraso de una inauguración prolongada en extremo, con la energía que le imprime a su construcción dual de Osiris, la negra santiaguera desarraigada en Lituania, y La Lupe, que se le encarna a la mujer contemporánea como un espíritu negado a morir. El difícil texto de Alberto Pedro, rico en digresiones que llegan a ser casi como subtramas, procesado por la mente y el cuerpo de Monse, se robustece y se alterna con la música de La Lupe, interpretada en vivo por la actriz.

Milva Benítez demostró cómo ha ido madurando su Medea sueña Corinto con una excelente función ─luego de la primera, de calentamiento y prueba de fuego en la Casa de Cultura de Cumanayagua─ en esta, su apropiación del texto de Estorino que consagrara Adria Santana. De Milva destaco su capacidad para entender y decir bien la cuidada palabra del gran autor y su sostenida defensa de la mujer migrante, traicionada y despreciada por el poder del amor y de la autoridad. Creo que el montaje puede enriquecerse, a partir de mejorar la imagen de Jasón ─arbitrariamente disminuida─, que es fuerza telúrica y motivo de extravío pasional para la protagonista, pero es de estimar cómo la actriz, con apenas tres telas de colores y algunos libros, estructura un mundo interior convincente.

Imagen: La Jiribilla
Medea sueña Corinto, del grupo cubano Teatro del Puerto
 

Otro joven actor, Marcel Méndez, del Teatro de la Luna, sabe apropiarse del dilema del personaje histórico de Giordano Bruno, recreado por Tomás González, y sintonizarlo con sus preocupaciones de ahora mismo, mientras despliega un rico trabajo físico y gestual en el espacio desnudo. Le falta sin embargo dominar el impreciso espacio improvisado que ha concebido como una suerte de prólogo, en el que quiere dialogar y propone la interacción del público, pero donde no tiene dominio total de la situación ─por lo que presumo es falta de claridad en su propósito─, y, en consecuencia, le falla el ajuste vocal.

Y la también nobel Indira Romero se aventura con la personalidad de Frida Kahlo para recrear sus ideas y sus dolores en Las alas me sobran, meritoria exploración y hermoso homenaje, cuyo texto deja traslucir cómo Indira se propuso eludir lugares comunes ligados con las ya numerosas apropiaciones artísticas que ha tenido la polémica artista. Las alas… exhibe bellas imágenes y originales hallazgos desde la construcción artesanal del montaje.

De este II Festival del Monólogo Latinoamericano resalta un rasgo artístico en las puestas del patio: la reiteración de actores que se montan espectáculos a sí mismos, en algunos casos también a partir de textos propios, lo que revela, de un lado, falta de diálogo o de identidad de intereses con directores cercanos a sus respectivos entornos, y de otro, gestos de arrojo al querer probar fuerzas y destrezas en una experiencia multidisciplinaria plena, a veces condicionados por carencias de su contexto. Pero no hay que olvidar la importancia de un(os) ojo(s) de afuera, que complemente(n) lo que es en este caso visiblemente solitario, obligada síntesis de un arte esencialmente colectivo.

El encuentro confirmó también cómo, en el unipersonal, el espacio elegido juega un rol fundamental, quizás más que en otras modalidades colectivas, pues el entorno ideal que el actor configura decide mucho la naturaleza del encuentro, en diálogo de dos vías, con el espectador. Si bien en el desempeño en solitario la técnica escénica pasa a un segundo plano y el actor es centro absoluto, debe moverse con seguridad en un espacio que ha determinado como suyo. Más de una vez la elección del gran escenario del Terry, frente a una vastísima platea, afectó el clima y el espacio ficcional de montajes creados sobre una base minimalista e íntima.

La cita incluyó también un homenaje a la artista multifacética cubana Ana María Salas, creadora del personaje para niños Toqui en la televisión ecuatoriana; presentaciones de calle de los grupos Tecma y Carro de Thespis y de estatuas vivientes que contribuyeron a promover la asistencia del público a las seis salas en cartelera; talleres, conferencias y presentaciones de libros de Ediciones Alarcos, Mecenas y Reina del Mar, y de nuestra revista Conjunto, en un espacio más para celebrar su 50 aniversario. Un café para trasnochar. Por si fuera poco, un programa de extensión con sedes en Cumanayagua y en la Ciudad Nuclear, y tuvo y tendrá subsedes en varias salas de La Habana, Matanzas y Santa Clara

Con probada respuesta de los artistas, excelente organización y grata hospitalidad, el Festival del Monólogo Latinoamericano es un evento que hay que defender por su singularidad como otra forma de confrontación y encuentro para la escena latinoamericana, que estimula la labor del actor en solitario. De cara a su madurez, requiere perfeccionar los mecanismos de selección y ajustar la programación a un ritmo más sosegado, que permita dedicar espacios para el intercambio real entre los artistas asistentes, en variadas fórmulas, donde quizás cabría compartir experiencias de desmontaje, que abrieran los procesos de trabajo y las trayectorias artísticas de cada creador, con mesas y paneles de discusión. Lo que conduciría a revisar la conveniencia de mantener la competencia o de privilegiar el diálogo.

Considero que corresponde también reconsiderar el nombre mismo del evento, afiliado más a una noción logocéntrica de la parte escritural del teatro (no olvidar el concepto de monólogo como usufructo de la palabra por un solo personaje), cuando la realidad de la escena latinoamericana, dentro y fuera del Festival, nos enfrenta a propuestas que se avienen mejor con la noción y la práctica del unipersonal, en el que el actor crea también una dramaturgia propia, en esencia espectacular.

Gracias al gran equipo cienfueguero y a todos y todas los que llegaron a compartir sus búsquedas y ¡hasta la tercera edición en el 2016!

 

[1] Ver Kathia Rodrigues Paranhos: “El Grupo de Teatro Forja y Plinio Marcos: Dos perdidos en una noche sucia”, Conjunto nn. 158-159, ene.-jun. 2011, pp. 20-33.

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