Conversación con Leonor Bravo

“La lectura nos abre a mundos nuevos”

Aline Marie Rodríguez • La Habana, Cuba

La escritora ecuatoriana Leonor Bravo ha crecido contando historias. “Desde pequeña —confiesa— fui criada con literatura fantástica, con Andersen, los hermanos Grimm, Perrault. El libro que marcó mi conciencia social fue La niña de los fósforos, de Andersen”.

Autora de casi medio centenar de libros, en su mayoría cuentos y novelas,  dedicados a niños y jóvenes, Leonor también ha sido una incansable promotora de la lectura. Como fruto de sus empeños a favor de la literatura, fundó y presidió la Asociación ecuatoriana del libro infantil y juvenil, Girándula, filial ecuatoriana del International Board on Books for Young People (IBBY). Sus obras Viaje por el país del Sol, La biblioteca secreta de La Escondida y Dos cigüeñas, una bruja y un dragón son considerados clásicos de la literatura infantil del país de la mitad del mundo.

A propósito de la 23 edición de la Feria Internacional del Libro Leonor visita la Isla por tercera ocasión. A simple vista reconoce que, desde su último viaje, hace dos años, la sociedad cubana ha cambiado notablemente. Esta vez, además de ofrecer charlas y conferencias, también presentó su novela El canto de fuego, la primera de su autoría que publica la Editorial Gente Nueva.

¿Qué significa para ud. escribir para niños?

No escogí escribir para niños. Estudié pintura y quería ser pintora, luego comencé a hacer títeres. Cuando me senté a escribir lo que salió fue para ellos. Debe ser por mi amor por la literatura infantil. Siempre leí, desde chiquita y después de adulta. De alguna forma tengo una conexión especial con los pequeños.  

Nada me ha resultado fácil en la vida, pero la literatura infantil sí. Llegó como estar de vacaciones. Al principio escribía con una especie de irresponsabilidad. Era el gusto total. Había entrado a un sitio maravilloso, donde podía hacer lo que quisiera con mucha naturalidad.

Pero ahora, cuesta más. Es como dice García Márquez: “Escribir es el único oficio que mientras más lo haces, más difícil te resulta”. El tener conciencia de la importancia de lo que hago, de que puedo ser leída por muchos niños, de que mi literatura, de alguna forma, está participando en su formación, hace tener mayor responsabilidad.

Cada vez me exijo más y ya no es tanto estar de vacaciones. Cuando hago una novela para más grandes enseguida preparo una para más chiquitos. La tentación de quedarse escribiendo cosas para chicos de 12, de 15 años es muy grande para mí.

Además, me encanta leer en público y las novelas no se pueden leer en público. Por eso tengo muchos cuentos y hago las dos cosas a la vez. Entonces, a ratos, todavía resulta como estar de vacaciones, pero por momentos no. Tengo mucha conciencia y eso pone muchas trabas. Los primeros libros los escribí con inocencia, pero cuando se pierde te das cuenta de la responsabilidad que tienes.

En una entrevista ud. declaraba que odia la moraleja. ¿A qué se debe tal aversión?

Sí, en verdad odio la moraleja. Cuando era chiquita no me gustaban las fábulas. Siempre estaba del lado del supuesto malo. Tal vez fue por el uso que le dieron mis profesoras a las fábulas: tienen que ser buenos, portarse bien. Si las detestaba de niña, mucho más ahora.

¿Cuáles cree que sean los espacios ideales para propiciar el hábito de lectura en los niños?

Primero la casa, los papás tienen que leerles a los niños en voz alta. La estrategia fundamental para formar lectores es la lectura a viva voz. Tengo una nieta que ahora tiene tres años y desde que nació siempre le he leído. Esa niña tiene un vocabulario amplísimo, cuenta cuentos y todo es resultado de que la estoy formado como lectora.

Es necesario tener bien claro que leer es sumamente difícil. Primero los padres y luego los maestros. Ellos también tienen que leerles a los alumnos. Al leer, el tono de voz de quien lo hace, le ayuda a construir el significado al niño. La lectura es construir significado.  

¿Cómo valora la importancia del libro y la lectura en relación con las nuevas tecnologías?

Existe una competencia fuerte, pero a los niños hay que enseñarles a leer. El problema creo que somos los adultos porque estamos encargados de su educación. No se puede comer helado todo el día, el chico tiene que consumir verduras porque de lo contrario se enferma.

Hay que enseñarles a buscar diferentes tipos de lecturas, de distracciones. Mi nieta tiene un IPad, pero si no la saco de ahí se queda todo el día jugando. Si dejo de leerle va a ser mi responsabilidad que a ella deje de gustarle la lectura. 

A los niños les gustan las historias porque es parte de la esencia del ser humano. La imagen más antigua que se me ocurre del hombre es un anciano o anciana contando historias alrededor del fuego a otras personas. Así nació la literatura, la filosofía, la religión… contándonos cosas.

Durante los ocho años que estuvo al frente de Girándula, filial ecuatoriana del IBBY, desarrollaron el Maratón del Cuento, Ecuador un país que lee. ¿Cómo resultó esa experiencia?

En Girándula creamos el Maratón del Cuento como una estrategia de promoción lectora. A cada socio le inventamos un rol para que estuvieran representados. Los escritores leen, se organiza una exposición de los ilustradores, las editoriales y las librerías preparan una linda feria del libro y se invita a los colegios. A las escuelas les proponemos preparar periódicos y murales de cómo hacen la animación de la lectura en el aula.

Es un espacio de intercambio entre editoriales, librerías, escuelas, escritores. Es una manera, también, de formar a los maestros, de mostrarles que el trabajo de comprensión lectora no es tan difícil de realizar.    

¿Cuáles serían los retos que enfrenta la literatura infantil y juvenil ecuatoriana?

Un riesgo enorme es la cuestión económica. Como los colegios compran cada vez más literatura se corre el riesgo de bajar la calidad por publicar más o que se publique a cualquier persona por la necesidad de buscar nuevos autores.

El reto es mantener la calidad, tanto literaria como de edición e ilustración, y ampliarnos a nuevas búsquedas. En Ecuador se está comenzando a leer y nuestro mercado aún es un poco conservador. Por ejemplo, el libro álbum no se vende. Necesitamos formar más al público.

En lo últimos años ud. se ha dedicado también a publicar microcuentos en Twitter. ¿Cómo ha podido adaptar su forma de escribir a las dinámicas de esa red social?

Es un ejercicio extraordinario. Escribir un cuento en 140 caracteres es muy difícil. Me encanta, tengo que reducir, comprimir, buscar lo esencial. Mi tono es casi siempre infantil, a veces publico cosas más duras, y los lectores están encantados.

Escribo los microcuentos desde las ocho de la noche y mis seguidores comentan que los ayuda a dormir mejor, a terminar el día bien. Son textos muy dulces. Ahora tengo mil, aunque claro habrá mucho que limpiar ahí. Dejo de escribir cuando estoy de viaje o cuando estoy muy metida en una novela. Pero es raro que pase una semana sin publicar un texto.

¿Quién es Leonor Bravo?

Es una persona que disfruta mucho escribiendo, compartiendo su literatura. Tengo un gran compromiso con la promoción lectora porque la lectura nos abre a mundos nuevos.

Cuando escribo me salen cosas tan profundas que a veces digo de dónde salió esto. Lo bueno es que en este universo mágico hay cosas racionales, pero otras no las controla la razón y eso es bueno. Definitivamente, la mejor persona que hay dentro de mí se expresa a través de la literatura.   

 

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