Armando Miguel Gómez

“Mi carrera está dividida por un antes
y un después de Conducta

Fotos de Internet

Su trabajo como actor lo ha dispuesto a surcar el teatro, cine y televisión, medios que domina con antojo, por su mocedad, pero responsablemente, en obediencia a una máxima profesional. No hay personaje —grande o pequeño— que no haya sentido a gusto encarnar, ni devolución insatisfactoria (ya en una medición de su público espectador). Aquí estamos, Adrenalina 360, Melaza y Boccaccerías habaneras, resultan algunos espacios variopintos donde se le ha visto desplazarse entre co-protagónicos y secundarios, sin renunciar a los estándares de honestidad y rigor que mantiene vivos ante la adquisición de cada compromiso. Los que cuentan con el placer de su amistad, ya adelantaban que el joven Armando Miguel Gómez, solía epatar en los medios por sus apabullantes niveles de desinhibición, pero reservaba cierta impericia para enfrentar cuestionarios. Conducta, su más reciente aparición en el cine, quizá haya aportado la clave para subvertir el diagnosticado retraimiento con la palabra, aquella que se niega al libreto. Me había hecho la advertencia de que podría pasar esta vez, pero la parquedad cedió renglones paridos ante un hecho que, convencido, divide su carrera así como la línea ecuatorial, en paralelos a la Tierra.

Imagen: La Jiribilla

Armando, ¿cómo autodefines a Ignacio en Conducta?

Ignacio es en Conducta simplemente el amigo de Chala. Siempre pensé —a lo mejor no es así—, como actor, desde el punto de vista que uno se va creando cuando le dan un personaje a realizar que, de cierta forma, Ignacio es Chala grande. Lo que pasa es que Chala tiene la posibilidad que quizá no tuvo Ignacio de tener esta maestra, Carmela, de tener al propio Ignacio, que sí lo ayuda con el tema de los perros, y tal vez con otros frentes que no se ven en la historia. Él está a su lado, no está haciendo otras cosas. Pienso que desde ese punto de mira, fue que el equipo de trabajo dio el punto de partida para mi personaje. Y en la historia simplemente es el amigo de Chala grande que lo aconseja a su manera, lo ayuda a su forma. Nunca se llega a saber si es el padre biológico, ni siquiera por el guión, por la historia, o por la biografía del personaje. Evidentemente, tuvieron un romance Ignacio y la mamá de Chala. Cada vez que ellos decidían tal vez se acostaban, pero en realidad no se sabe si es él o no porque la mamá de Chala lleva una vida muy disipada.

¿De qué pertrechos echaste mano para la construcción de un personaje tan distanciado de tu naturaleza humana?

Como actor, la formación mía es simplemente Stanislavski. Por supuesto que hay varios métodos pero considero que el más general —y a mí particularmente como actor el que más me gusta— es el método de Stanislavski. Pienso que partiendo de ahí se pueden empezar a sacar todas las verdades, todas las interioridades y las emociones de un personaje, sea cual sea, pero siempre tiene que estar ese ABC. Lo otro es cuando tienes una buena dirección como en el caso de Conducta, donde tuve el privilegio de trabajar con Daranas. Él es un director, por llamarlo de alguna manera, de una apertura psicológica infinita, o sea, es capaz de captar y de ver todos esos detalles necesarios para irle aportando a la historia, a los personajes, al proceso de aprendizaje, de búsqueda que hay siempre al inicio de un proyecto. Todo eso va vinculado propiamente a un todo. Y cuando eso está, los resultados pueden ser como en el caso de Conducta. Hay directores que trabajan un poco menos, hay algunos que trabajan un poco más. No estoy diciendo que sean malos o buenos directores. Pero de los directores con los que he trabajado puedo decir que con Daranas aprendí muchísimo. No soy un actor de academia. Lamentablemente no pude pasar la Escuela Nacional de Arte (ENA). Tampoco la Universidad de las Artes (ISA), pero tuve el privilegio de empezar en el Olga Alonso con el director Humberto Rodríguez. Siempre lo digo y nunca me voy a cansar de decir que es una excelente persona, un excelente director de actores y descubridor de actores. Como dice él siempre: “te lanzas a la piscina y empiezas ahí a nadar poco a poco.” Por ende, he tenido que estudiar solo y aprender por el camino. Entonces, vuelvo a lo que te estaba comentando ahorita. La experiencia fue netamente linda, la verdad. Sí te exige Daranas mucho como actor, pero pienso que eso es muy importante también a la hora de hacer cualquier personaje. Para nadie es un secreto que todos los personajes son difíciles, pero hay algunos más que otros. Actuar, de hecho, es muy difícil, cuando es de verdad, cuando se busca la autenticidad, esa verdad profunda que tienen los niños en esta película. Sin embargo, cuando es difícil, pienso yo como actor que siempre va a haber un buen resultado. Eso es lo que pasa con los personajes de Conducta y conmigo en particular.

Yuliet y Armando son una pareja que repite nuevamente en Conducta, ¿cómo calificas la relación de trabajo con la actriz? ¿Y con los niños actores?

Voy a empezar por Yuliet. Yuliet para mí es una de las mejores actrices con que contamos hoy en las tablas, el cine, en todo. La relación con Yuliet desde un inicio en Melaza fue buenísima. De hecho, creo que eso fue lo que primó a la hora de que Carlos nos escogiera para su ópera prima. Primero, la química que hubo en el trabajo de casting. Luego toda la empatía que se logró en la realización de la película. Creo que Daranas nos convoca a hacer Conducta por esa relación que se logró en Melaza, por supuesto, él hizo otros castings también, pero al final se decide por nosotros. Pienso que fue por eso: éramos una pareja —Yuliet y yo— que él había visto. Yo tengo las mejores relaciones con Yuliet y ella conmigo. Nos respetamos y admiramos mutuamente. Soy un poco más joven, no puedo decir que ella me admire tanto como yo a ella, pero creo que sí porque nos hemos llevado bien desde siempre.

Y en el caso de los niños, a mí me encanta trabajar con ellos cuando tienen la verdad de estos niños que trabajaron en Conducta, que fue la verdad que tuvo la niña en Melaza. También una muchachita que dio de qué hablar por su verdad. En Conducta hay un resultado más grande porque son más niños, muy buenos niños, muy buenos actores. Niños que nunca habían pensado en actuar, y que hoy tienen la idea y el sueño de ingresar a la ENA. Por suerte, el arte cambia. Yo pasé por eso también. El arte cambia y lo hace, gracias a Dios, para bien.

¿Sientes temor de que la dupla “Yuliet-Armando” padezca cierto encorsetamiento desde los directores? ¿Te preocuparía una sostenida reposición en cine o el tránsito, incluso, hacia una pareja fetiche?

No, eso no me preocupa. Ojalá se siga repitiendo porque ya nos conocemos, hay confianza y eso es importante a la hora de realizar un proyecto. No digo que no aparezcan otras parejas o no tenga que trabajar con otras actrices. Mi mecanismo de trabajo siempre va a ser el mismo: llevarme bien con el director, el equipo, con las actrices y eso es capital al momento de llevar a cabo un proyecto. No me preocupa que nos sigan llamando. Ojalá se repita porque para mí va a ser siempre un privilegio trabajar con Yuliet.

¿En el proceso de rodaje cuáles escenas por ti asumidas se concretan cómo las de mayor rigor dramático?

Todas las escenas tuvieron una gran carga de emociones y de seriedad, de concentración. Ignacio es un personaje que todo el tiempo está en espera de algo, en la posición de ser cabeza, de ser —por decirlo de alguna manera— el jefe de lo que está aconteciendo en ese momento. Es un personaje duro pero a la vez amable, un personaje sincero que puede llegar a ofender, a herir, pero muy sensible y creo que eso está palpable en la película. Todas las escenas para mí tuvieron rigor dramático, sobre todo por el método de trabajo con el que Daranas siempre nos trató. Él nos decía que quería que todo fuera lo más contenido que se pudiese. Cuando tú actúas lo más contenido que puedes, sale más. Hay que pasar por eso para entenderlo. Sí te puedo decir que es muy difícil controlar toda esa energía sin estereotipar porque lamentablemente aquí se estila mucho eso: llevar a los personajes por los estereotipos. Aspectos que van derrumbando el personaje. Pero cuando se actúa de la forma que te comenté es muy difícil hacerlo. Por eso es que te digo que todas las secuencias fueron complejas, desde la preparación hasta trabajar con niños fue lindo, pero difícil, también con los animales, trabajar con actrices de la talla de Alina, de Yuliet, con un director como Daranas, es también difícil. No “difícil” porque te la pongan dura, sino porque todos son muy buenos y tú te exiges más porque quieres estar bien. Es lógico. Y a eso me refiero. Difícil en ese sentido.

¿Te parece que Ignacio logre sus objetivos en Conducta? ¿Los logra Armando a través de Ignacio?

Yo pienso que sí. Daranas quedó muy satisfecho con el trabajo que hice con él. Pienso que Ignacio logró su objetivo que era defender, desde su punto de vista, cosas que le parecen bien o mal o hasta donde él cree que debe involucrarse. En sí, ese era el primer objetivo, la base de Ignacio. Como persona en realidad él no está seguro de nada. No tiene ningún compromiso con el niño, a lo mejor si hubiera sido otro tipo de personaje no se hubiera involucrado tanto con él. Esto le ocurre por ser cómo es y por la cercanía que siempre tuvo con Chala, a quien vio nacer, por historia que se va creando uno. Son vecinos, siempre vivieron ahí. Lo ha visto crecer, presenció todo su desenvolvimiento, el trato de su madre. Creo que aunque no se lo diga en ningún momento al niño, él de cierta forma está sensibilizado con todas las cosas que le hace su mamá y todo lo que él tiene que hacer para lograr llevar un plato de comida a la casa, la valentía además con que lo asume. Pienso que ese respeto Ignacio se lo tiene a Chala y viceversa.

¿Tu posición frente a la película permaneció constante antes y después de su estreno o se agregan o disminuyen matices y percepciones una vez cortada la cinta inaugural?

Primero que todo confío plenamente en Daranas como director y como persona. Para mí es una de las mejores personas que he conocido desde que estoy en el medio. Una persona sencillamente humilde. Y como director es igual, es sensible, emotivo, sincero, verdadero. El primer corte que yo vi de la película, por supuesto, es un corte —no recuerdo muy bien porque fue hace ya un tiempo— que como ocurre con todas las películas, siempre se va un poco más, un poco menos, no tenía música. Este tipo de cosas del primer corte lo hacen muy crudo, pero cuando vi la película el día del estreno… A mí particularmente Conducta me encanta. Fui el día de la premier y luego he ido cuatro veces más al cine. No me canso de verla. Es una cinta que desde que empieza hasta que termina te mantiene con los sentimientos a flor de piel, reflexionando todo el tiempo. Mientras estás viendo la película, no dejas de asentir: “sí, esto es cierto, es cierto, es cierto”. Entonces el final, para mí magistral, que le dio Daranas, que pasa un mes y todavía te pone a pensar. La película como está, está muy bien lograda. Tiene lo necesario. Es el primer filme que veo como espectador —no he visto tampoco tantos— que desde que empieza hasta que termina provoca, a la par, cosas y más cosas, recuerdos, anécdotas y situaciones que van aconteciendo en la película que le han sucedido, tal vez, a un amigo tuyo. Todo eso se te va impregnando en la piel desde que empieza hasta que se acaba y un mes después, reitero.

Las manifestaciones de piratería audiovisual que, lejos de sabotear su exhibición en cines, lograron estimular poderosamente la atención sobre el filme, ¿te resultan incómodas o suscribes el “mal necesario” que fueron para la circulación de un producto que todo el mundo quiso tener en casa?

Considero que la piratería no es el pilar fundamental del fenómeno que está sucediendo, en el que lamentablemente capturan la película y a veces no estás de acuerdo con que se exhiba. Ha ocurrido que la cinta llega a estar en la calle primero, incluso, que su estreno. Pienso que el Instituto de Artes e Industria Cinematográficos (ICAIC), en mi modesta opinión, debe prevenir eso. La piratería no creo que se pueda erradicar del todo porque es un mal general, pero como institución, el ICAIC, tiene ventajas. El particular puede comprar veinte discos y vender el filme, en lo que el ICAIC puede comprar mil discos, grabarlos, lanzar la película y venderla, con mejor carátula, con su librito, con todo el diseño que debe tener una película a la hora de un estreno. A mí me agradó la idea de que Conducta estuviera en la calle porque —como bien dices— ahora mismo es un fenómeno social. En cualquier sitio que vaya me hablan de la película, de los niños, de Alina, de Yuliet, gente de todas las edades, de todo tipo de trabajo, desde un constructor, un chofer, un médico. Y eso para mí es satisfactorio porque la película ha gustado, se ha entendido. Vuelvo a lo que te decía en un inicio: pienso que el ICAIC debe trazar una estrategia.

Mi memoria de espectador no conectaba con un momento anterior de un filme cubano capaz de estremecer la conciencia ciudadana y la cinefilia, una rara pasión abortada en días de esterilidad creativa. ¿A qué crees se deba el éxito de Conducta, como juez y parte que eres de los procesos de recepción y creación?

No recuerdo haber visto una película cubana —me atrevo a decirlo y filmes cubanos he visto muchos— con la intensidad y la verdad profundas que tiene Conducta, de parte de todos los actores, de todos los niños, de la fotografía, de la escenografía. Conducta para mí es una película que impacta en el mejor sentido de la palabra porque sencillamente está bien: con una buena historia, unas buenas actuaciones. No recuerdo haber visto una película cubana tampoco donde los niños lleven la carga que tienen estos niños en el filme. Todas esas emociones que dan ganas de reír, de llorar, de tirarte, de volverte a parar, de sacudirte, de volverte a sentar. En fin, no recuerdo haber visto una película cubana tan completa como Conducta y considero que ese es su logro fundamental: que todo esté concebido detalladamente. Daranas tiene el ojo y la capacidad de ver ese detalle que hay que tener para lograr hacer una película de este tipo. Lo hizo con Los dioses rotos y lo vuelve a hacer con Conducta. Creo que no es causalidad.

Conducta, ¿qué lugar ocupa entre los trabajos que has hecho en cualesquiera de los medios?

Pienso primero que todo, como actor, que he tenido suerte. Una, porque, como dije al inicio, vengo de un grupo de teatro aficionado. Hice una novela, una serie, tengo cuatro películas. Pero mi carrera está dividida por un antes y un después de Conducta. Esta es una película que no solo me va a marcar a mí, va a marcar al cine, lo va a hacer con toda una sociedad. Estoy convencido de que cambiará muchas cosas. Si te tuviera que decir un lugar para Conducta, por supuesto que sería el primer lugar ahora en mi carrera. Ojalá sigan llegando “Conductas”. Ojalá sigan llegando películas y proyectos tan interesantes y tan buenos. Creo que hacen falta varias “Conductas” más.

En el cine cubano actual no se delinea con nitidez una figura masculina que esté llamada a resaltar en esta categoría, consecuencia quizá de una marcada heterogeneidad de actores. ¿Crees que el séptimo arte te esté convocando para esta plaza, en virtud de tus últimas recurrencias en la pantalla?

Para mí como actor es un privilegio que me sigan llamando para hacer películas. A mí una vez me preguntaron que entre todos los medios —teatro, televisión y cine— cuál me gustaba más: “el cine me gusta más, mucho más”. El cine es una experiencia preciosa, el modo de trabajo es diferente. Es más real, por llamarlo de alguna manera. No sé si los directores estarán pensando en un relevo joven. Aquí hay muchos actores buenos. Voy a mencionar una frase que  siempre dice Humberto Rodríguez: “en el trabajo del actor todo es talento más oportunidad”. Creo que he tenido el privilegio de tener la oportunidad. Creo que tengo la dicha de tener ese talento. Considero que eso va más un poco con lo que me preguntas: los directores están haciendo un llamado a los jóvenes a trabajar con ellos. Para mí siempre va a ser un honor hacer cine, por supuesto, también teatro y televisión, pero, como ya te dije, él es el elegido. Si pudiera seguir trabajando en él para mí sería un honor infinito. Gracias a Dios el cine cubano cada día se va superando un poco más porque hay que recordar que tuvimos períodos grises. Creo que hemos subido varios escalones y que los directores se están proyectando más a hacer mejor cine. Eso es interesante, tanto para ellos, como para los técnicos, como para los actores y las actrices. No sé si mañana no me llamen. No sé si lo sigan haciendo. Me gustaría continuar trabajando. Me encanta la idea de seguir siendo actor y si puedo apoyar con una película y está interesante el proyecto, allí estaré.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato