Selección de poemas

Rock del flautista

Surges
           del mar y la mañana              música
dueña ya del paisaje en él te extiendes
me llevas                             más allá
de una vida atada con trabajo a los oficios
ciudades sobre las que el polvo el fuego
apaciblemente se demoran
escancian su llovizna más fina y detenida
En la otra orilla y al cabo de la travesía
                                          Nausicaa nos espera
unge los cuerpos y el adiós
es sólo el de las naves en la inmensidad
Te sigo a través de la niebla y de la gris bahía
no lívido              en la luz de un instante
en otra edad quemado                en tu lenguaje
la destrucción del espacio postula
sus delicias          las negras oquedades
conchas        una colina casi
en el cielo de las danzas
Aquí pongo mi corazón            primavera espacial
da vida a esa flor recién brotada
rinda aquí una ciudad sus contornos
me transforme tu música      abrasador mediodía
de la llanura            su cerveza
y la fiesta de sus disfraces

pongo mi corazón sobre la roca más alta

A través de las rendijas abiertas en la palma
un quieto colmenar aguarda los meses rumorosos de la lluvia
río más delgado a esa sombra sugiere
un universo apenas si cobijado por las nubes
o engrandecido por el fuego del fin

a la laguna Estigia, no a la noche de Walpurgis

Sí        estuve un día en esa ciudadela de que hablas
dejé mi casa y mi calle en el amanecer de los limones
entre los gritos de los que festejaban
Mediodía           y miraba detrás de los espejos
—nuevo Bosco pintando nuevo Jardín de las Delicias
ciudades      ya borradas de una tierra de colmenas y viñas
El mundo una redonda plenitud
un río un mar como en deseo uniéndose
hijos      como nosotros      de estirpes que desconocieron toda regla
pero      como nosotros      dibujando ávidos los signos
donde trazamos una cólera igual y quizás una esperanza igual

nuevo Bosco pintando nuevo Jardín de las delicias
pongo mi corazón sobre la roca más alta
volveré a la noche       desde Orión volveré

En pleamar        cuerpo argentado por los astros
alto reino       nieve dulce en los dedos dibuja
espuma festeja suerte de gaviota
Tú      música      desprecio para esas breves
Rosas      persistes en sótanos sitiados
húmedos         donde el pasado aúlla su sentencia

Y el mundo una redonda plenitud: cielo
tierra      mar      salvada vendimia de las formas
Desde la superficie de espejos fijos en el tiempo
ligera barca los desplaza             Si hay un vaivén
de olas y la barca nos lleva
gaviota tornarás sobre la gris bahía
volveré a la noche      desde Orión volveré
Soy
y sobre mí arde el fuego de pequeñas islas
unidas a la eternidad por una brisa de jardines
Tu deseo                 tu sombra
para que no una muerte se alimente
y sí el reino vivo de la luz
la primavera                     la fiebre del tiempo

 

Rock del deseo y del descenso

Rock
                del deseo y del descenso
del hogar devastado
                              el viento         y la intemperie
                         suave reconciliación
                                cósmico
fluyendo del lado de lo real
una música sin frontera entraba
soterrada voz elevando una más copiosa copa
viajamos entre frutas
la gentileza de la muerte vino
interrumpió la calma del huerto
la expansión del perfume y de la madurez hacia esas
colinas breves que en sueños te rodean

a la vuelta de los años vendrás
                                     sudoroso el corcel
a detenerte junto a ese rancho donde
tus gallos de pelea se curtirán al sol
la gentileza de la muerte
después de arrebatar a aquella
sentada mirando crecer sus cabellos
al borde mismo del huerto perfumado voraz floración
dibujada en azul (Vivaldi)         reencarnando
(desde el bosque fluye)     una poceta
trae a la memoria esa edad
cuando los peces fueron
doloroso lamento el de Job

quien raptó a la novia antes de la medianoche
vuelve a confirmar
la pujanza de su juventud
junto al pozo y los encendidos claveles
plenitud que cada año devuelves      primavera
cerezos astros
cercan con el ciego estupor de lo desconocido
el tema de la devastación de la casa
que el viento y la intemperie roen
y tú      oh incendiario
para quien el retorno
traza siempre su línea
divisoria entre lo amado
y lo que se rechaza

brevemente ebrio de extensiones calmadas
pero siempre bajo el peso de esas noches
y esas ciudades y esas arenas
incesante buscador de la noche dices
la mañana junto al mar el mediodía
este lugar contra el litoral recostado
¿encontrará su imagen tierras adentro
mares afuera en la memoria de las aves
que la espuma destrenza entre los riscos?

Por maderos hundidos y aguas aceitosas
tu sombra se precipita hacia el Oriente

canten los muchachos y las muchachas
en el umbral de Géminis
el rock del deseo y del descenso
Árbol cósmico
¿una tardía confirmación
de que a la vuelta de los años
sólo tu sombra
sólo tu sombra…?

 

Rock de las altas sombras

En un mostrador de hojalata brillante
vieja sibila         antípoda de la belleza
cierta de las ninfas      oficias
de vendedora hábil para los muchachos

el mundo es pequeño
y está hecho de una ansiedad abigarrada
y de brillantes pescadores de aguja
los mercaderes se han marchado      los traficantes
fueron detenidos con su bolsa negra
llena de cajetillas de cigarro

viajar en barco de vela renegar del vapor
y sustraerse en un ascendente murmullo de holanes
es privilegio de los que nacieron en lo alto
aguas que incansables nos cercan, Leonor mía

Pero nosotros      que asistimos al nacimiento de la flor
en una antigua y larga ciudad en ruinas
imperturbables ante esa retórica si bien
impresionados por los ruidos de la naturaleza
de caverna en caverna      degenerábamos
en un grito que era repetido por las altas sombras que narraban
y por los murciélagos      que más negros y grandes
garabateaban las paredes cubiertas de indescifrables pictografías
En los alrededores de la antigua mansión crecían las rosas
frías bajo el sol hinchadas en la noche
perfumando una atmósfera situada a miles de metros sobre el nivel del
      mar
el mundo es pequeño:      pequeñas ciudadelas inmóviles
(cementerios de carros      arroyos de negro fondo)
nos veían correr veloces como sombras
asistir al carnaval      intercambiar saludos con soldados
que      menudos y ágiles      nos recordaban al hermano o a Jorge
Jorge cantando
mientras futuros oficiales      sus amigos
hacían corro y bebían aguardiente con refresco y fumaban
(ascendiendo por todo el litoral que bordea la península)

Todo eso lo recordaste a miles de metros sobre el nivel del mar
pirámides bañadas por la luz
hoteles de una noche      sitios
que de algún modo pertenecían a la blanca
arquitectura ascendente de tu sueño
liberados de la mirada insistente del faro
y rostros      libidinosos y ásperos      ascendían
mientras el extranjero corpulento cortaba las orquídeas a punta
        cuchillo

ni para ti ni para él tuvieron un dulce
secreto que susurrar los árboles entonces
tendrían que ser los tuyos      tu hermano
para el que utilizaste todos los nombres
con el que habías compartido el curso de los astros
                        las estaciones
algo así como el complejo de Cástor y Pólux
pensabas
—y las rápidas llamas corroboraron esa idea—
cuando lo viste en uniforme
lloraste y abrazaste          mientras oías decir
“ahora todos serán soldados y está bien”

Asediados durante años y años
habíamos persistido como tribu
ave negra de clara signatura pájaro
de la bruja      todavía lanzas tus alaridos
sobre este mundo joven que brilla con tesón sobre las aguas

Vieja sibila      sea para ti
la música de este exhausto caramillo
que en el fondo del bosque Sannazaro dispone
y para los húmedos traficantes de sal      ¡oh viajera!
las persistentes rocas en la mansión de la montaña
a la sombra de los negros horcones de conchas y grabados

Leonor mía      desde la altura de estas islas      escribiéndote

 

Rock de los caballos

Caballos      y la certidumbre de encontrar
Un limpio abierto en la manigua
En el tapiz que diciembre
(el sol en Sagitario      la casa del amor
expuesta al viento)      dispone
el mar por pared      buenas nuevas
en el primer día cercando la espada del querubín que ordena entrar
“la fuerza es la del ácana y la flor matinal la del roble”

cómo reina la palma en la espesura de mi pecho
las rosas sangre de Atalía dan fe de vida
en esa balada      gráciles      los Ibeyes
—uno en su constelación otro en su finca de obstinados gnomos—
repiten en lo oscuro esta es la Zorra y este el Cuervo

cómo se hacen densos opacos los labios
en el rastro que los besos han ido dejando en los iconos
tú      corona de pina      sálvanos
tú      nuevo  cuerpo que vienes
mis manos buscan ese claro en el monte
mis pies el equilibrio entre las ramas
cuerpo del viernes      yo acumulo sobre ti mi dudosa victoria
qué color te conviene y qué música estela de los contrastes
Cronos ha incendiado con cuarenta y una velas mi lecho
                          que con la madrugada
levemente deriva hacia el Seol
mi corazón devorado por álgidos caballos

sus cascos bajo los manzanos dilatándose en Cnosos
los belfos en las arenas licuadas
dan al alba el blanquizal de la neblina y los gallos como en Rubliov

es la sed narrativa de devolver al padre
a un olimpo de bien cultivados cuadriláteros
a la madre a una abundancia de yareyes
las mujeres tejiendo la bahía y la espuma a los pies virgen negra
y a los hermanos devolverlos a la incesante cerveza
como a egipcios
y al corrido mejicano y a la lidia de gallos/ Isadora
que solo para nosotros ahora desafía
la fina lluvia en los altos vestíbulos del viento
la gallera es circular y el Universo
el alba más blanca elaborando los lirios en Cnosos
extendiéndolos mar para que tú los lamas
senos en Lam      güiras en los altos vestíbulos del viento
para que tú los lamas       mar
y para los vencedores la recompensa de las frutas
las alegorías que ávidamente escogen su narrador
                                    (“esa sed narrativa”)
la mudada de las hojas      (no el otoño de fuego)
Tigris arriba los argonautas cantan
el anón presta sus ojos al ave consagrada a Juno y Cnosos se extiende
al amanecer cada fresco y cada balcón y cada cúpula en Cnosos
         extienden
canción adentro bogando palmerales
pueblos que un día me consolaron patria con jitanjáforas y güiras
qué desnudo mi corazón cuando amanece y tiendo el velero de mis
      brazos un poco más allá
no puedo contra la redondez del mundo
Exhalas limonero tu olor a huerto del Edén
mi cuerpo hecho añicos contra los arrecifes en el remolino
pero como los caballos que mi padre guardaba
me recupero en el limpio del bosque (centauro y flecha)
a buen recaudo contra los salteadores
Siento el calor del bosque nutricio y desde el río
la canción de los que vienen del día de mañana

Delfín Prats: Poeta. Nació en La Cuaba, Holguín, en 1945. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía David en 1968 con su cuaderno Lenguaje de mudos y el Premio de la Crítica en 1987 por su libro Para festejar el ascenso de Ícaro. Además, ha publicado los poemarios El esplendor y el caos, Abrirse las constelaciones y Lírica amatoria. Estudió idioma ruso en la Universidad Lomonosov de Moscú. Su obra está considerada como una de las más importantes de la poesía cubana contemporánea. Otros de reconocimientos recibidos son el Aldabón de la Periquera en 1999, la Distinción por la Cultura Nacional, y el Premio Maestro de Juventudes, 2009. Reside en su ciudad natal.

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