Mañana me voy pa’ Sibanicú

Josefina Ortega • La Habana, Cuba
Foto: Jorge Sariol

De entre los muchos pequeños pueblos cubanos en contacto directo con importantes momentos de la historia nacional, Sibanicú pareciera tener uno de los de más méritos y contrastes.

Imagen: La Jiribilla

Y sin embargo en ocasiones se incorpora al imaginario popular solo cuando alguien entona las coplas de la graciosa guaracha “Mañana me voy pa’ Sibanicú”, de la autoría del incombustible Faustino Oramas, “El Guayabero”.

Y ahí viene el primer contraste.

En ningún momento se hace alusión a hechos que ocurrieron en Sibanicú, aunque en el estribillo se repite el deseo imperioso de irse al pueblito situado en el centro-este de la provincia de Camagüey.

La verdad la reveló el propio Guayabero a la sibanicuense Dilia Felipe Morales quien fuera directora del museo de la localidad y hoy integra el grupo Valentín Sanz Carta, una hermandad de pintores —académicos y naives— con 35 años de fundada.

El Guayabero andaba —cuenta Dilia— en medio de  una mala racha en Guáimaro. Él mismo me contó que una noche interpretando sus coplas y un poco harto de las malas cosas que le habían pasado allí, empezó a repetir en medio del son —y medio en broma—  aquello de… y mañana me voy pá SibanicúLa gente empezó a corear la frase, entre risas y aplausos, creyendo que era parte de la letra y tanto pegó que decidió titular así la guaracha”.

Dilia reconoce hoy risueña no estar segura de si la confesión de Faustino Oramas pudiera ser cierta o fue una de las tantas humoradas del cantor, pero, según ella “todo pudiera pasar aquí en Sibanicú, territorio donde están situados dos buenos embalses; uno sirve a la ciudad de Camagüey, el otro a Nuevitas… y en Sibanicú no tenemos agua corriente”.

Con un área de más de siete mil kilómetros cuadrados, Sibanicú posee una población de aproximadamente 32 mil habitantes, y según se afirma, el nombre del poblado significa en lengua aborigen Río de Piedra, aunque para otros es en realidad Lecho de Piedra.

Se afirma que por la zona del cacicazgo Sibanicú pasaron Pánfilo de Narváez y Fray Bartolomé de las Casas en su misión de colonización de la nueva posición hispánica por el interior de la isla, y que la primera referencia oficial de Sibanicú data del 23 de agosto de 1627 cuando mediante escrituras públicas Bartolomé y Florián de Orellana, padre e hijo, venden a Francisco Martín Daca en 4 300 reales la mitad del Hato de Sibanicú para ser dedicado a la cría de ganado y que colindaba con los Hatos de Cascorro y Los Ripios.

Hoy es posible ver las ruinas del otrora ingenio azucarero El Oriente donde se incorporó a la Guerra de los Diez Años, quien fuera luego el Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz.

En el territorio —o en sus alrededores— ocurrirían hechos notables, como la firma de la abolición de la esclavitud. De junio a octubre de 1869 en el ingenio Sabanilla estuvo la residencia del Gobierno de Cuba en Armas, encabezado por Carlos Manuel de Céspedes, el padre de la Patria.

Por la época se dictaron varias leyes mambisas, entre las cuales sobresalen: Ley del Matrimonio Civil, Ley sobre el papel moneda del Estado, Ley de Organización Judicial, Ley Orgánica del Servicio de Libertos, Ley sobre la Dirección Distrital, Ley de Organización Administrativa, Ley sobre Cargos Públicos y Ley de Instituciones Públicas, entre otras.

En la comarca de Sibanicú sucedió el tristemente célebre Pacto del Zanjón, pero un  sibanicuense, el general de división Manuel Antonio de Varona Miranda, participó en las tres guerras y en la recia y digna Protesta de Baraguá.

En la Guerra del 95 —en octubre de 1897— se reunieron en La Yaya, muy cerca de Sibanicú, los representantes de los distintos departamentos en que estaba dividida Cuba para desarrollar la cuarta Constitución de la República en Armas.

De entre las notas curiosas del pueblo se recoge la historia de Ángel Borges Áreas, cuya  estatura —de solo 96 centímetros— lo hacía uno de los hombres más pequeños de Cuba. Conocido como Chánguily,  tenía  proporciones equilibradas  y era común verlo paseando por las calles con traje de chofer de ómnibus, con botines y gorra de plato.

Hoy Sibanicú puede darse el lujo de ser un pueblo capaz de reunir cada año —en febrero— a varios artistas plásticos de todo el país, en el llamado Salón Territorial Plástica Identidad, que este año celebró con éxito su XV edición. Por cierto en esta ocasión se realizó la primera escultura del pueblo que hoy está cerca de la terminal de ómnibus.

Mañana me voy pa’  Sibanicú

Señores les contaré
lo que a mí me sucedió

el susto que pasé yo
con una perra una vez.
Resulta que me encontré
al hombre arando la tierra
eso fue allá en una sierra
sierra de aserrar madera
y no sé de qué manera
saltó y me mordió una perra

Coro:

Mañana me voy pá Sibanicú, mañana
Mañana me voy pá Sibanicú, mañana

El hombre dejó el taller
para curarme la herida

el animal se me olvida
y me pongo a hablar con él.
Luego me invitó a comer
carne y arroz de la sierra
y al terminar la comida
me volvió a morder la perra

Coro:

Mañana me voy pá Sibanicú, mañana
Mañana me voy pá Sibanicú, mañana

Cogió una tranca la vieja
cogió un palo el viejo
yo llevé un palo en la oreja
que por poco me la arranca
yo quise coger vía franca
y la puerta se me cierra
y cuando yo vine a ver
me volvió a morder la perra

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