Maestros titiriteros del siglo XX
en América (I)

Rubén Darío Salazar • La Habana, Cuba

El 25 de abril del presente año, la bella Ermita de Monserrat, ubicada en las alturas de la ciudad de Matanzas, será el espacio ideal para el homenaje a cuatro maestros titiriteros del siglo XX en América: Irma Abirad (Uruguay), Mireya Cueto (México), Carucha Camejo (Cuba) y Jim Henson (EE.UU.) Cada uno de ellos, entre otras valiosas personalidades del arte del retablo en nuestro continente, ha dejado una huella valiosa y duradera en varias generaciones. Familiares, admiradores y especialistas del teatro de figuras, participantes en la 11 edición del taller internacional titiritero que de manera bienal se celebra en tierras yumurinas, podrán ofrecer su más sentido aplauso, tras los discursos de elogio a sus provechosas vidas. Un concierto del Coro de Cámara de Matanzas, bajo la dirección del Doctor José Antonio Méndez, cerrará la jornada de justa evocación, entre canciones y ritmos de los países natales de estos cuatro grandes artistas.

Imagen: La Jiribilla

Retablo abierto, columna de opinión especializada en el arte titeril, quiere publicar durante varias entregas de la revista cultural cubana La Jiribilla, un breve y necesario repaso de las biografías y aportes al género de estos maestros. A Irma Abirad, del Uruguay, directora del mítico Teatro Maese Pedro corresponde el inicio.

Irma Abirad: Arte, pasión y consagración al teatro de títeres

Irma Abirad nació en el año 1914 del siglo XX y falleció en el año 2000, a los 86 años. Su fructífera vida alcanzó a ver el nacimiento y desarrollo luminoso de la manifestación teatral que tanto amó y defendió. No se conformó con su vida de docente (impartía clases de literatura y declamación), y a partir de cerrar la Escuela de Arte Dramático del SODRE, en 1944, decide abrir una agrupación de títeres a la que llamó Maese Pedro, nombre del pícaro titiritero que aparece en la famosa novela de Cervantes sobre las andanzas de El Quijote.

Imagen: La Jiribilla

¿De donde le venía a la inquieta Irma esta pasión por los títeres? Hay que pensar en lo sucedido en Río de la Plata, justo diez años atrás, cuando sucedió la visita del poeta y dramaturgo español Federico García Lorca, entre 1933 y 1934, a la Argentina y Uruguay. En Buenos Aires, el andaluz presenta su “Retablillo de Don Cristóbal” en el Teatro Avenida, en medio del éxito de sus dramas con actores. Entre el público estaba Javier Villafañe, otra inspiración para la joven señorita Abirad, sobre todo por su posterior viaje en carromato a través de su país, Chile, Paraguay y el mismo Uruguay, representando espectáculos con muñecos y mucha poesía.

Cuentan que Irma conoció en persona a Lorca en Montevideo, que le encantó su idea de un teatro de títeres de vanguardia, que bebía de la tradición popular e iba en pos de la mejor literatura, pintura y música a favor de los muñecos. Fueron esos conceptos los que manejó en la conformación de su compañía, una fragua de artesanos, compositores, escritores y actores que dio mucho que decir. ¿Qué significó crear en Uruguay un teatro independiente con presupuestos estéticos de intención mayúscula? Pues ir en busca de un público mayoritario, sin distingo de edades e intereses, a la consecución de un buen repertorio, con textos de autores nacionales e internacionales.

No quedó espacio escénico, barrio o plaza de la capital o las provincias charrúas, en donde el Teatro Maese Pedro no se presentara con su carga sugerente de cultura y distracción. Hasta las vecinas naciones Argentina y Brasil, llegaron los titiriteros. Se convirtieron en altos exponentes de lo mejor de la cultura uruguaya fuera de fronteras. Cervantes, Lope de Rueda, Casona, Álvarez Quintero, Ballesteros o Bagalio se unieron a las gustadas versiones de cuentos clásicos como “La Cenicienta” o “Aladino y la lámpara maravillosa”, también a piezas emblemáticas musicales como “Pedro y el lobo”.

Hay un punto de convergencia general en la apreciación de las obras del Teatro Maese Pedro: la incorporación de la danza al retablo de títeres. Hacer un ballet con muñecos, a partir de títulos como “Coppelia”, de Leo Delibes; “Sílfides”, con música de Chopin o “El Lago de los cisnes”, de Chaikovski, fue algo que mucho llamó la atención del público y la crítica. Bailarinas-títeres que alzaban las piernas o hacían increíbles giros. La influencia recibida de la vanguardia francesa poseía un matiz personal, enriquecido con las policromías de la iluminación dramática y atractivas escenografías volumétricas.

Cuando en 1956 se celebra el Primer Festival de Títeres, que reúne a grupos de Argentina, Montevideo y el interior del Uruguay, todos reconocen que el país vive la edad dorada del género, dimensionada en cursos como el que funcionaba en el conocido Teatro El Galpón, donde se impartían junto a las clases de manipulación, historia del títere, modelaje en barro, escenografía, vestuario, voz y actuación. Nicolás Loureiro, un uruguayo admirado y querido en Cuba por los años 60, conformaba el claustro profesoral junto a otros maestros como Rosita Baffico y Manuel Tenuta. A la compañía liderada por Atahualpa del Cioppo le esperaba un éxito enorme en el terreno titiritero, resultado de todo lo impulsado por Abirad y su conjunto pionero. Hasta los principales coliseos escénicos llegan los personajes de tela, madera, papel y cartón, a la par que el ballet y el cine de dibujos animados.

La incansable Irma sumaría a su esplendente carrera titiritera el ejercicio de la crítica literaria, plástica y teatral. Aún por el año 1998, se le podía leer en los principales diarios uruguayos. Su magisterio visita lo mismo países de Europa, que Egipto o el Líbano, país de sus antepasados.

La dictadura uruguaya hace desaparecer entre 1973 y 1985 los logros del Teatro Maese Pedro, pero solo fue algo circunstancial. El empeño inclaudicable de Abirad la lleva a juntar una colección de sus muñecos y de otros que adquirió en sus viajes allende los mares, con el fin de armar una exposición singular que recogió más de 30 años de bregar por los retablos y escenarios. Esa muestra fue donada en 1988 al estado uruguayo, y tras una intensa lucha personal se convirtió después en el Museo Vivo del Títere, un espacio para la difusión del género a través de cursos, talleres, exposiciones y festivales.

Desde la firmeza de este nuevo museo (ubicado en el antiguo Cuartel de Dragones de Maldonado, a partir de 1998), la compañía Gira-sol, de Gustavo Martínez y Raquel Ditchekenian, echa a andar en 2007, el 2do Festival Nacional de Títeres, que tuvo antecedente en aquel inicial de 1956. Maldonado fue declarado como capital del títere en Uruguay y la colección de Irma Abirad comenzó a disfrutar de una nueva etapa, periodo que significa la continuación del espíritu vital de una maestra que de manera apasionada y consagrada se dedicó a una manifestación en perpetuo cambio, cada vez más atrayente y misteriosa.

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