Alexis Esquivel y ciertos conflictos
con la Historia reciente

Virginia Alberdi • La Habana, Cuba

¿Qué es de la obra de Alexis Esquivel? De su vida sabemos que anda a otro lado del océano, más allá que acá, pero sin perderse de vista. Me refiero a uno de los artistas que emergió en los años 90 y mereció la atención de galeristas y espectadores a partir de esa época. Pero el trabajo reciente se nos había perdido hasta que ahora nos llegan imágenes y noticias de su exposición Memorial Garden, que permanecerá abierta hasta mayo en el Centro Atlántico de Arte Moderno, en Las Palmas de Gran Canaria, ciudad que por su nombre debe recordarle la más modesta y entrañable localidad pinareña (La Palma) donde nació en 1968.

Imagen: La Jiribilla

Alexis se graduó en la carrera profesoral de Educación Artística en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, de La Habana, e impartió clases en la Academia de San Alejandro. Su visibilidad internacional se ha visto beneficiada con la Beca de Creación para Jóvenes Artistas Iberoamericanos de la Fundación Carolina (Madrid, 2002), la residencia artística en Mattress Factory Art Museum de Pittsburgh (2010) y la residencia de la Fundación Brownstone (París, 2011).

Ese recorrido comienza a dar sus frutos en el giro que ha llevado a Esquivel a plantearse una producción de mediano y gran formato, exhibida en su primera exposición personal en una institución museística europea, en la que retoma un género establecido en el arte occidental desde los albores de la Era Moderna: la pintura histórica.

Solo que se vale de procedimientos y remedos estilísticos de esta para internarse en conflictos de naturaleza actual. El artista se interroga a sí mismo como espectador de una realidad mundial cuya lectura le llega condicionada por la hegemonía mediática.

Nociones que pasan por verdades son cuestionadas mediante un discurso crítico que se apoya en analogías y contraposiciones desplegadas en un escenario en apariencias virtuoso.

La curadora de la exposición, la cubana Suset Sánchez, advierte: “Aquí la superficie del lienzo se convierte en crónica. Un relato fragmentario que construye fábulas donde las noticias de Internet o de los medios de comunicación y los rumores callejeros, son transformados en materia pictórica. Si la pintura de historia tradicional reconstruía una visión idealizada de la nación moderna, proyectando una imagen utópica del estado en el siglo XIX; esta contra-pintura, poscolonial e hipernarrativa, representa la definitiva crisis de todo relato en el siglo XXI”.

Además, creo que el artista, al subvertir figuras y escenas, quiere construir otro relato posible, más anticolonial que poscolonial, entendida esta postura como un reclamo legítimo ante una orientación totalizadora de la globalización.

Esta intencionalidad manifiesta no opera unidireccionalmente, sino se expresa en una nueva trama de conflictos y mediaciones, a los que no escapan momentos de perplejidad y desasosiego, en medio de una vocación paródica.

Estamos, en todo caso, ante una pintura para nada complaciente —verbigracia, la recreación de El rapto de Europa con una Ángela Merkel montada en un caballo de varias cabezas con la marca del euro al frente y al fondo—, que implica, por qué no, algún matiz de desencanto, como cuando inserta la efigie de Barack Obama en un contexto diferente al que se suponía se dirigiese si hubiera cumplido con su retórica de campaña.

Por demás, se nos hace visible el crecimiento del oficio de Esquivel, lo cual junto con su reciente perspectiva temática, añade interés a su trayectoria.

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