Cantores...

Los que mueren por la vida...

Imagen: La Jiribilla

Ándale muchacho corriendo
dale al pisón
Ándale muchacho corriendo
dale al pisón

Que no pisen tu corazón
que no pisen tu corazón
la Patria es el Hombre, muchacho,
la Patria es el Hombre, muchacho.

La voz grave de Alí Primera llega con especial fuerza en estos días en que el pueblo bolivariano —de Venezuela, y la América Nuestra— defiende su derecho a la vida contra los intentos de Golpe de Estado imperialista (se sabe que los hilos de las oligarquías los conducen las manejadoras manos de los yanquis). “La Patria es el hombre, muchacho”, alerta en el tiempo Hugo Chávez que empinó a su pueblo desde el canto de Alí.

Bienvenida a mi alma,
bienvenida a mi costa,
bendita sea tu sed
que te trajo hasta mí
después de la tormenta.

Ely Rafael Primera Rossell, nació el 31 de octubre de 1942, en Coro, estado de Falcón, Venezuela. Pobre desde la cuna y huérfano de padre a los tres años. Muere en Caracas el 16 de febrero de 1985, en un accidente automovilístico. 

Dada la miseria que vivían Alí y su familia, se desempeña en varios oficios: desde limpiabotas a los seis años hasta boxeador. En 1960 se traslada a la capital con su familia y completa su educación en el Liceo Caracas. En 1964, tras culminar el bachillerato ingresa a la Universidad Central de Venezuela, para estudiar química en la Facultad de Ciencias. En su vida universitaria se inició como cantante y compositor. Sus primeras canciones, “Humanidad” y “No basta rezar”, presentada esta última en el Festival de la Canción Protesta organizado por la Universidad de Los Andes, le hacen ganar popularidad.

Entre 1969 y 1973 permanece en Europa gracias a una beca que le otorga el Partido Comunista de Venezuela (PCV) para estudiar en Rumanía. En un estudio en Alemania graba su primer disco, titulado Gente de mi tierra. Las composiciones de Alí recogen el sufrimiento del pueblo desgastado por la pobreza y la desigualdad social, por lo que rápidamente cala en el sentir de la gente y se convierte en “el cantor del pueblo”.

Lo que digo en este canto
es la historia de un encuentro
que tuve con un anciano
y su antigua poesía,
las dos rosas en sus manos.

Me dijo: “llegar temprano
es ver las cosas de frente,
y además, te queda tiempo,
para mirarlas dos veces”.

Al ver al viejo descalzo,
quise darle mis zapatos,
y me dijo “no hace falta,
lo que importa es tu conciencia”
no es importante el ropaje,
sino distinguir a fondo,
los que van comiendo dioses
y defecando demonios.

Alí fue objeto de un veto por parte de los medios de comunicación y el gobierno de turno en Venezuela, debido al radicalismo de los temas expuestos en sus canciones, lo que lo llevó a fundar su propio sello disquero, Cigarrón.

Luego de militar en la Juventud Comunista de Venezuela (JCV) y en el Partido Comunista de Venezuela (PCV), colaboró en los inicios políticos de un nuevo partido denominado Movimiento al Socialismo (MAS), acompañando y trabajando durante la primera campaña electoral de José Vicente Rangel en 1973, aunque jamás dejó de ser militante del PCV. Desde 1973 hasta la fecha de su muerte, grabó 13 discos de larga duración y participó en numerosos festivales en toda América Latina. Entre las canciones más conocidas de Alí se encuentran “Paraguaná, paraguanera”, “José Leonardo”, “Techos de cartón”, “Zapatos de mi conciencia”, “Cuando nombro la poesía”, “Canción mansa para un pueblo bravo” y “Sombrero azul” dedicada al pueblo salvadoreño y temas de corte más amoroso como “Blanquísima gaviota” y “Cuando llegue el tiempo de soñarte”.

Cuando llegue el tiempo de soñarte
cantaré una canción por la distancia
y cuando quiera emborracharme en tu fragancia
besaré una flor para besar tu cuerpo.

Más que canción protesta, él prefería llamar a sus creaciones la “canción necesaria”. En una entrevista Alí señaló: "Nuestro canto no es de protesta, porque no hacemos una canción por malcriadez, no la tomamos para encumbrarnos ni hacernos millonarios, es una canción necesaria". Y agregó: "Cada día nos motiva a hacerla más profunda, pues un hombre armado de una canción y una poesía humana, es un hombre desarmado para la envidia y para ser un hombre malo".

Hombre noble, que creyó en la cultura, en la poesía imprescindible para vivir honradamente, puso su canto en función de abrir los ojos del alma y la razón a su gente, a su tiempo. Alí Primera, con la guitarra o el cuatro, sonriente, desafiante, hermanos a primera vista; consecuente, enamorado, devoraba versos de todos los rincones de la tierra.  

Nombro a Whitman, a Neruda, y a Vallejo,
y al verso escrito en la pared de una prisión,
nombro a un río preñado de canoas,
la traicionada poesía de Andrés Eloy,
nombro a un río preñado de canoas,
la traicionada poesía de Andrés Eloy.

Nombro a Rafael Alberti y su poesía marinera,
nombro a Hernández y a García Lorca,
y al humano Evangelio de Ernesto Cardenal,
nombro a Gabriela, la de Chile,
y al verso sencillo de Martí,
nombro al ave que nos trae un parabién,
los nombro a todos cuando le canto a la vida
y a la morena poesía de Guillén.

Cuando nombro la poesía, nombro al hombre,
Cuando nombro la poesía, nombro al hombre...

Su espíritu de combate, presente en sus canciones queda recogido en una entrevista: "No canto porque existe la miseria, sino porque existe la posibilidad de borrarla, de erradicarla de la faz de la tierra".

El gobierno de la Venezuela Bolivariana, en el año 2005, declaró al cantor Alí Primera y su música como Patrimonio Nacional. 

La tristeza de mi pueblo
será convertida en fuerza
pa' que ya no siga enfermo
de conformismo en el alma.

Imagen: La Jiribilla

Estuve en los cerros de Caracas. Me adentré en aquellas montañas cargadas de casitas, amontonadas, sin orden alguno, como cajas de fósforos tiradas al azar. Mi mente se imaginaba aquel lugar en una noche de lluvia... el fango, la vida cotidiana de los olvidados, y la voz gruesa del cantor susurraba su lamento. Alí, estaba allí cantando, entre grafitis de esperanza “Los techos de cartón”. Luego, bajando de los cerros, la ciudad se me diluía desde la ventanilla del auto. De pronto, como canto de los humildes en la nueva república bolivariana, la sonrisa de Alí Primera saludaba desde los muros, saltaba de una valla, o de una tela que cubría la pared de un alto edificio. Desde allí bajó el pueblo, como hormiguero de la vergüenza, cuando la oligarquía imperialista quiso desparecer a Hugo Chávez con el Golpe de Estado; desde allí bajaron cuando ese padre de los pobres de la tierra, abandonó la vida, invencible, el 5 de marzo de 2013. En días de luto combatiente millones de mujeres y hombres de todos los rincones de la tierra entonaron el canto de Alí, ahora himno al Comandante en Jefe Hugo Rafael Chávez Frías: “los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos”.        

Los que mueren por la vida

Los que mueren por la vida
no pueden llamarse muertos
y a partir de este momento
es prohibido llorarlos
que se callen los redobles
en todos los campanarios
vamos cumpa, carajo,
que para amanecer no hace falta gallinas
sino cantar de gallos.

Ellos no serán bandera para abrazarnos con ellas,
y el que no la pueda alzar
que abandone la pelea
no es tiempo de recutar, no de vivir de leyendas.

Canta, canta, compañero, que tu voz sea disparo
que con las manos del pueblo no habrá canto
desarmado
canta, canta, compañero, que no calle tu canción
si te falta bastimento tienes ese corazón
que tiene latir de bongó
color de vino ancestral
viene tu cuenca de lucha
cabalgando un viento austral
canta, canta, compañero, canta, canta, compañero
los que mueren por la vida
no pueden llamarse muertos
canta, canta, compañero, que tu voz sea disparo...

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