Premio Nacional de Cine 2014

Juan Carlos Tabío o la inclinación de inventariar
el ser cubano

Joel del Río • La Habana, Cuba

Hace unos días se dio a conocer la decisión de un jurado integrado  por Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC); Manolo Pérez, realizador y Premio Nacional de Cine 2013; Luciano Castillo, Director de la Cinemateca de Cuba y crítico de cine; Juan Padrón, realizador y Premio Nacional de Cine 2008; Ángel Alderete, director de fotografía; Daysi Granados, actriz y Premio Nacional de Cine 2007 y Evelio Delgado, productor, quienes decidieron otorgar el Premio Nacional de Cine 2014 al cineasta Juan Carlos Tabío.

Imagen: La Jiribilla

Los filmes de Tabío protagonizan la dinámica del cine cubano a lo largo de los últimos 30 años. Formó parte del grupo de cineastas que debutaron en el largometraje de ficción en los años 80, dentro de la llamada generación intermedia, o segunda generación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Su ópera prima Se permuta (1983), clasificó en el segundo lugar en la lista de las veinte películas más populares de todos los tiempos, según Apuntes para la historia del cine cubano de ficción, de Ambrosio Fornet. Se permuta, junto con Patakín (1982) de Manuel Octavio Gómez, Los pájaros tirándole a la escopeta (1984) de Rolando Díaz; Una novia para David (1985) de Orlando Rojas y De tal Pedro tal astilla (1985) de Luis Felipe Bernaza, entre muchos otras, intentaron, con diversa suerte, restituirle al cine su lugar como expresión del arte popular, y dialogar activamente con un público cada vez más amplio, en una suerte de anhelo manifiesto por instalar las películas cubanas en la preferencia absoluta de su público natural. En medio de todo ello, Juan Carlos Tabío ha sido el realizador cubano dedicado con mayor asiduidad a exponer la “falsedad” de toda representación cinematográfica, y a desdeñar la solemnidad y la grave ostentación características del cine de autor asentado en Cuba a lo largo de los años 60 y 70.

Prolífico, experimentado y de espectacular éxito con el público de muy diversas latitudes, a partir de una filmografía que incluye no solo Se permuta, sino también el cortometraje Dolly Back (1986) y esa excelente comedia, una de las mejores realizadas en Cuba, que responde al nombre de Plaff o demasiado miedo a la vida, Tabío en los años 90 aportó la muy experimental El elefante y la bicicleta (1994), realizada a la par con las codirecciones con Tomás Gutiérrez Alea, de Fresa y chocolate y Guantanamera, consideradas las dos películas cubanas más populares de esa década.

Imagen: La Jiribilla

El nuevo siglo encuentra a Juan Carlos Tabío siempre ocupado en varios proyectos, activo, y muy solicitado por los coproductores extranjeros, particularmente españoles. Una tras otra, aparecen Lista de espera (2000), Aunque estés lejos (2003) y El cuerno de la abundancia (2009) en las cuales el cineasta busca la manera de distanciar al espectador convenciéndolo de que está en presencia de una ficción, un relato puesto en escena, y de esa manera intenta fomentar una actitud crítica por parte del público.

A través de numerosos elementos distanciadores, Tabío manifiesta su autoconciencia de autor-guionista respecto a la trama y a los personajes, mediante el uso del humor farsesco, la aparición en cuadro de los técnicos, la parodia a los géneros tradicionales, los comentarios de los actores fuera de la anécdota fictiva, entre otros dispositivos habilitados para bloquear el mecanismo de identificación del público. Esta es su manera de incentivar, brechtianamente, la capacidad de análisis y reflexión respecto a la realidad cotidiana, contemporánea.  

Tabío es el principal representante del cine cubano auténticamente popular. Desde Se permuta hasta El cuerno de la abundancia, se afirmó la preferencia del guionista-director por la sencillez narrativa, la ironía y la sátira, capaces de tomar el pulso a la inmediatez y marcar el ritmo de la actualidad cubana, y de matizar el optimismo por decreto cultivado por ciertas películas cubanas atadas a lo modélico y programático del realismo socialista. Se permuta —además de recuperar para el cine cubano a Rosa Fornés, una de las artistas más populares que ha dado este país— evidencia oportunismo y craso aburguesamiento en la protagonista, además de manifestar sin ambages ciertos matices de racismo, consumismo, y rapacidad utilitarista totalmente opuestos a las prédicas de la “nueva moral”.

Imagen: La Jiribilla

Además de adentrarse en otros fenómenos de alta sensibilidad social como la escasez de vivienda, el “habanocentrismo” hipertrofiado, la pobre perspectiva laboral de algunos profesionales, o los apuntes sobre la corrupción y desidia de ciertos funcionarios, Se permuta describe al fresco a un puñado de cubanos que escapan al molde y se distancian del paradigma del hombre nuevo, en similar revelación de la complejidad del individuo, y de su práctica social.

La inclinación de Tabío a inventariar, desde la chanza, prototipos y contradicciones reaparece en Plaff o demasiado miedo a la vida, dedicada a mostrar la cubanísima y visceral oposición entre inventiva y prescripción, entre la refutación fecunda de pretendidos axiomas y la tendencia a secularizarse de algunas moralinas devenidas inútil tradición. Casi todos los personajes, principales y secundarios, logran escapar a la madeja impenetrable de supersticiones, dependencias, rezagos y supercherías.

Sin embargo, muy pocas veces en el cine cubano ha sido tan amablemente choteado un personaje protagónico como en el caso de Plaff… y de Concha-Daisy Granados, auténtico paradigma de la madraza sobreprotectora, melodramática, intolerante, reprimida y represora, víctima de sí misma y victimaria de su familia, capaz de todo por mantener el estancamiento de un status quo sostenido sobre la doble moral, el miedo paralizante a la verdad y al cambio, y el enquistamiento en la malquerencia.

Es tan demoledora la sátira al personaje central, tal vez símbolo también de la familia, el barrio y la sociedad de Cuba en aquellos años, que Tabío y su guionista (el destacado novelista Daniel Chavarría) deciden ampararse en el paliativo de lo farsesco y tragicómico, pues de otro modo su filme se hubiera convertido en la trastornadora tragedia de un ser humano predestinado a la pequeñez, incapaz de crecerse, variante femenina, tropical y santera de un Sísifo forzado al acarreo sempiterno del pétreo convencionalismo.

Los mejores empeños cinematográficos de Juan Carlos Tabío militan en el interregno del pastiche penetrante e ingenioso, y de la sátira al descarrilamiento ético que significan la lujuria, la estupidez, la ingenuidad, el egoísmo o la represión, y todo ello se formula sin grandilocuencia de ninguna clase, en tanto sus filmes intentan más divertir al cubano de los siglos XX y XXI que devenir joya de cinematecas y comodín de estudios teóricos. Estamos en presencia de juguetes cómicos de regusto amargo, epítomes de toda una modalidad tenazmente burlesca y despeinada de entender y realizar la comedia en Cuba.

Es probable que las películas de Juan Carlos Tabío sean vistas por los espectadores del siglo XXIII, y si las miran con atención, obtendrán raudales de información sobre lo que somos, fuimos y seremos, por lo menos en algunas de las más lozanas y vigorosas facetas de nuestra identidad, las que se relacionan con el cubano en tanto “antisolemnidad, juego, ausencia de dogmatismo, poco sentido religioso metafísico, despreocupación, provisionalidad, inconsecuencia, choteo, galleo, irresponsabilidad, nadas”, para decirlo con las palabras de Cintio Vitier cuando intenta resumir las características de Lo cubano en la poesía. El Premio Nacional de Cine viene a confirmar la esencia cubanísima y trascendental de su aporte.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato