Entrevista con Atilio Boron

El molde que rompió Chávez

Anneris Ivette Leyva • La Habana, Cuba
Exergo: El sol de la tarde estira hoysu perfil, que vuelve sobre este inmenso desierto.
“Por aquí pasó”, de Alberto Arvelo

 

Atilio Borón había llegado a La Habana el mismo 11 de febrero en el que le tocaba participar de un panel sobre universidad y humanismo convocado por la Red de Redes en Defensa de la Humanidad, como parte del foro internacional Universidad 2014.

Después de su largo viaje y una intervención memorable, en la que se centró en recordarnos los nombres de todos los intelectuales latinoamericanos ausentes de los textos de la enseñanza superior en nuestro continente, yo debí haber valorado su cansancio.

Quizá tenía que haber sido más considerada con el reconocido politólogo, merecedor del Premio Libertador al Pensamiento Crítico, galardonado con el Premio Internacional José Martí de la UNESCO, y autor de más de una docena de libros. Pero no lo fui, y aunque pareciera un exceso, le pedí una entrevista. Tenía razones muy fuertes para pensar que él no se rehusaría a hablarme de Chávez, del “lector que todo autor querría para sus libros”, como lo calificó una vez, y quien en unos días estaría cumpliendo un año de habernos dejado su ausencia “sin reemplazo”.

Afortunadamente no me equivoqué, unos minutos después ya mi grabadora registraba cómo había llegado Atilio a la figura de Hugo Chávez

Imagen: La Jiribilla

“Yo me acerqué por primera vez a Chávez en una de las reuniones que él mismo convocó a inicios de su gobierno. No lo había conocido antes porque yo tenía mis prejuicios, y lo concebía como un militar golpista. De alguna manera, había asimilado la visión que los grandes medios establecieron sobre él, y que había penetrado muy fuerte en el seno de la izquierda latinoamericana.

“Por ejemplo, en una ocasión el general Líber Seregni, fundador del Frente Amplio de Uruguay, no lo recibió. Y antes de venir a reunirse con Fidel tampoco pudo encontrarse con Hebe de Bonafini, porque ella no quiso. A mí mismo en el año 1995 me invitaron a una reunión con él y decliné.

“Después me convocaron para un evento de solidaridad con Venezuela, entre el 2000 y 2001, y a partir de ahí empezamos a tener cierta relación, la cual se fortaleció en el 2004 y con el tiempo llegó a hacerse muy fuerte; al punto de que, a pesar de que era un hombre terriblemente ocupado, nos visitábamos invariablemente cada vez que podíamos.

“Pero en el 94, cuando Fidel lo recibió aquí en La Habana, muchos tuvimos un shock tremendo, nos preguntábamos ‘¿qué está pasando acá?’ Recuerdo que años después se lo comenté: ‘Cuando tú visitaste Buenos Aires yo no quise verte, porque venías precedido de una fama terrible’. Y él, que tenía ese humor tan chispeante, tan cariñoso, me respondió: ‘Yo tampoco hubiera recibido a una persona con los antecedentes que yo tenía, así que no te culpo de nada’; y me abrazó. Él era así, un personaje entrañable, muy querible.

“Pero a partir del 2004, cuando apareció la Red En Defensa de la Humanidad, y comenzó a perfilarse la iniciativa de Telesur, empecé a tener un contacto muy fuerte con él, al punto de que uno de los libros que yo escribí con mi compañera Andrea Vlahusic, ‘El lado oscuro del imperio’, lo elaboramos a instancias de él. Es un texto muy bien documentado, sobre cómo los EE.UU. violaban los derechos humanos dentro y fuera de sus fronteras en el año 2008.Tuvo una tirada muy amplia y, aunque lamentablemente no salió en Cuba, todavía tengo esperanzas de que se pueda editar acá.

“A Chávez le debo ese libro, como le debo el más reciente, no el último, porque espero escribir otros: ‘América Latina en la geopolítica del imperialismo’. Es un texto muy influenciado por conversaciones con Chávez y Fidel, quienes de alguna manera me abrieron los ojos ante esta problemática fundamental, la geopolítica, y a la que normalmente los sociólogos y politólogos no le prestan mucha atención, porque la consideran propia de los militares, poco seria, derivada del pensamiento de derecha. (Y es que ha sido una gran operación de los de la derecha hacernos creer que la geopolítica es cosa de ellos y no merece ser estudiada por nosotros.)

“Como hago con todos mis libros, le cedí los derechos de autor al Instituto Cubano del Libro y espero que lo publiquen pronto. Ahí está reflejado el pensamiento de Chávez cuando me decía que además de lo social y lo económico había que pensar en lo estratégico, en lo geopolítico”.

¿Recuerda algún hecho en particular que lo motivara a recomponer esa primera imagen distorsionada que tuvo de él?

Primero, como decía, el hecho de que lo recibiera Fidel; en aquel momento fue una confusión gigantesca. El problema es que la derecha, que es muy hábil y perversa, se dio cuenta enseguida de quién era Chávez y empezó a demonizarlo; en Argentina, por ejemplo, decían que era amigo de los carapintadas, que eran fascistas.

Pero al ver no solo que Fidel lo recibió, sino cómo, sabía que algo no estaba bien, pues en esto Fidel nunca se equivoca, yo confío mucho en su juicio para estas cosas, y efectivamente la historia ‘lo absolvió’, le dio la razón. Él comprendió lo que nosotros no pudimos, eso habla también de su incomparable capacidad para entender los procesos de América Latina.

La imagen que se había difundido de él era la del militar bruto, pero Chávez era un hombre irresistible en el sentido que se ponía a hablar contigo y te convencía de cualquier cosa, era inteligentísimo, muy culto, afectuoso, simpático.”

¿Más allá de estas cualidades, qué elementos convirtieron a Chávez en “uno de los pocos imprescindibles, al decir de Bertolt Brecht”,  como usted mismo asegura?

Los imprescindibles son aquellos personajes que han marcado una diferencia en la historia; Fidel era uno, el Che Guevara otro; y también Chávez. Fíjate lo que está pasando ahora con Unasur, no es la misma; los procesos de integración no tienen la fuerza de antes. Por eso lo que ha ocurrido con la CELAC acá en Cuba es importantísimo. El gran mérito de Raúl es haber logrado potenciar todo el impulso que le imprimió Chávez a ese proyecto. Pero vamos a ver cómo sigue la historia. Chávez era un dinamo que movía todos los procesos. Tenía una enorme capacidad de congeniar con las personas, de juntar esfuerzos, de lograr sinergias. Por eso digo que no tiene reemplazo. Eso no niega que Maduro esté haciendo un esfuerzo notable, realmente merece todo nuestro apoyo como su legítimo heredero político y continuador. Pero Chávez era un personaje de los que se rompe el molde cada vez que salen; por eso lo estamos extrañando tanto, lo necesitamos mucho.

En este punto la voz de Atilio hace una inflexión, se le apaga como si él mismo no quisiera escucharse diciendo estas palabras; un sentimiento de duelo vespertino enturbia por unos segundos el rumbo de la conversación. Pero no es momento de hacer pausas, ni en el curso de la lucha ni en el de esta entrevista. Sin Chávez y por él, hay que imponerse seguir…

¿Cuáles de los cambios que imprimió Hugo en la historia podrían seguir siendo irreversibles?

Ante todo, fue un hombre que reinstaló la perspectiva socialista a nivel latinoamericano, e incluso más allá. En momentos en que, salvo en el caso de Fidel y la dirigencia cubana, ya nadie más hablaba de socialismo, fue él quien tuvo la capacidad de reimponer con fuerza la idea de que la única solución eraesta.

El aislamiento al que había sido sometida Cuba, que nunca dejó de defender este concepto, hizo difícil que pudiera posicionarse continentalmente del modo que lo logró hacer Chávez. Y él lo impulsa después de cierto recorrido en su experiencia de gobierno. Algo así  sucedió con la Revolución cubana, esta definición llegó de la mano de la dialéctica revolucionaria; Fidel no la decretó después de Girón, como dicen algunos, sino que él midió la temperatura del país y certificó que ese era el rumbo.

Con Chávez pasó algo parecido, él no arranca en el 99 hablando de socialismo; es a partir del 2005 cuando empieza a mencionar el socialismo bolivariano o del siglo XXI. Aquí se percibe la dialéctica de los procesos revolucionarios, que no empiezan siempre como procesos socialistas sino como luchas antioligárquicas, antiimperialistas, y luego van redefiniéndose.

El segundo legado que nos dejó fue el de la unidad de América Latina, que no es una idea nueva, está presente en Bolívar, Martí, el Che. Pero Chávez rehízo esa herencia, la reformuló, y le dio un contenido concreto: Petrocaribe, Banco del Sur, Unasur. La CELAC fue su último gran sueño, y no lo pudo ver.

Hasta su llegada al poder el tema de la unidad era fundamentalmente una declaración programática: todos queríamos la unión de América Latina pero nadie sabía muy bien qué significaba eso en términos concretos. Él tuvo la capacidad de llevar a proyectos lo que hasta entonces habían sido abstracciones.

Su tercera herencia radica en reafirmar que el proceso de ratificación de la independencia de América Latina es sinónimo de una lucha antiimperialista sin cuartel. Esta idea había sido establecida por la Revolución cubana, pero él la adapta a los nuevos tiempos.

Por eso la constante referencia de Chávez a Fidel, él nunca pretendió asumir la originalidad de lo que decía, era demasiado grande para eso; sabía que estaba parado sobre los hombros de un gigante. Esta es una metáfora muy conocida en la historia de las ciencias; se dice que los científicos de hoy ven más porque están parados sobre los hombros de Einstein, de Newton, de Copérnico.

A partir de la experiencia ya ganada de Fidel, Chávez pudo ver todos estos planteamientos que habían caracterizado a la Revolución cubana y adecuarlos a un marco geopolítico completamente nuevo. Pensemos que cuando Fidel y el Che hablaban por primera vez de estos temas había un equilibrio entre el campo socialista y el capitalista, y de repente desapareció la Unión Soviética, surgió el unipolarismo norteamericano, más acá la guerra contra el terrorismo…

Y en ese contexto Chávez tuvo la originalidad de redefinir el proyecto antiimperialista, teniendo detrás de sí una economía fuerte que le permitió hacer lo que ni Cuba, ni prácticamente otro país de América Latina podría hacer. Al poner la riqueza petrolera al servicio del pueblo y de un proyecto emancipador, Chávez le pudo dar un impulso muy fuerte a cosas que de otra manera, muy probablemente, no habrían sido tan eficaces.

Usted ha mencionado a varios líderes que han dedicado su vida a guiar a los pueblos en la lucha contra un megaproyecto de dominación. Este proyecto tiene al capital como garante de su sostén y su reproducción automática, pero los líderes solo cuentan con el tiempo de un mortal para llevar adelante su obra… ¿Cómo hacer para que el esfuerzo de ellos se extienda más allá del tiempo que dura una vida?

La clave para no dejar morir a esos hombres es la organización de nuestros pueblos en una lucha en tres direcciones. En primer lugar hay que dar eso que Fidel llama la ‘batalla ideológica’.

Si el capitalismo triunfa y aplica sus políticas que hambrean a los pueblos, excluyen, marginan, no es solo porque tiene la fuerza militar y económica, sino porque posee, fundamentalmente, la capacidad de controlar nuestras conciencias.Después de la II Guerra Mundial ellos ganaron ese frente; por eso la convocatoria de Fidel es tan apropiada.

Yo creo que esa batalla ideológica se da a partir de entender la proclama martiana de ‘ser cultos para ser libres’; lo cual quiere decir cultivarnos en el pensamiento emancipatorio.  La formación de la conciencia, la preparación política, el pensamiento crítico que nos permita comprender que otro mundo es posible son esenciales. Si la gente no está convencida de eso no va a luchar. La gran astucia del capitalismo ha sido tratar de convencernos de que solo existe este modelo de mundo y fuera de él, el caos.

La segunda directriz es de organización. El capitalismo prevalece también porque las grandes masas explotadas por ese sistema están desorganizadas, y porque las naciones que ya tienen gobiernos revolucionarios o socialistas de diverso tipo, todavía no poseen la fortaleza como para oponerse eficazmente al capitalismo. Pueden, pero hasta cierto punto. Cuba lo ha hecho de una manera muy clara, resistiendo más de 50 años de bloqueo, a un costo tremendo pero lo ha logrado. También resisten los venezolanos, los bolivianos, y los ecuatorianos a una campaña sistemática de agresiones, difamaciones y sabotajes de todo tipo.

Pero si no estamos organizados para enfrentar eso, si no tenemos un pueblo consciente, no se puede resistir; porque lo que Fidel catalogó como “burguesía imperial” está tremendamente bien organizada, se reúne todos los años en Davos, tiene tanques pensantes, medios de comunicación, universidades productoras de conocimiento…

Por eso Lenin decía con razón que la única arma del proletariado en su lucha es la organización; con el número no basta. Somos una inmensa mayoría, los explotados, los oprimidos, los ofendidos por el capitalismo somos las cuatro quintas partes de la población mundial, pero no estamos organizados todavía…como diría Chávez, ¡por ahora!

El tercer elemento radicaría en desarrollar estrategias y tácticas adecuadas de lucha, que demandan una capacidad para determinar con mucha precisión la correlación nacional e internacional de fuerzas, y de este modo saber qué hacer, cómo, hasta qué punto…

Me parece que esto es lo fundamental para garantizar la continuidad de la herencia de estos líderes históricos: si un pueblo consciente y organizado adopta las estrategias y tácticas adecuadas de lucha, esos proyectos pueden sobrevivir la muerte de sus fundadores.

Tras su desaparición Chávez continúa representando una espina atascada en la garganta de la “burguesía imperial”, pero en vida les resultaba mucho más “peligroso”. ¿Sigue usted defendiendo la idea de que su muerte fue un magnicidio?

No me cabe la menor duda, y esto saldrá a la luz en los próximos años. Después de la muerte de Chávez yo publiqué en mi blog una nota sobre un informe que hizo una comisión del Senado de los EE.UU., del año 1975 (http://www.atilioboron.com.ar/2013/03/chavez-murio-o-lo-mataron-nuevos.html), donde habla de la fabricación de un arma por parte de la CIA que podría disparar un haz, a temperaturas muy bajas, del espesor de una cabello humano. Este rayo podría penetrar en el cuerpo desapercibidamente, producir alteraciones en el miocardio y conllevar a un infarto, o diseminar gérmenes, etc.

Ese artefacto se desarrolló en una época en la que no existían las tecnologías a las que podemos acceder hoy desde un mercado.

Por otra parte, el magnicidio siempre formó parte de la política exterior de los EE.UU. para América Latina, sino que le pregunten a Torrijos, figurativamente hablando.

En tercer lugar, ya existía una aprobación presidencial, pues en la época de Bush, poco antes de terminar su mandato, salió una orden ejecutiva mediante la cual aquellas personas que ‘suprimieran’ a algún enemigo de EE.UU. no serían perseguidas por la ley norteamericana.

Entonces, tenían el motivo, el arma, los antecedentes, la justificación… Por si fuera poco, todos los resultados de los laboratorios oncológicos hasta ahora consultados (se han mandado muestras a seis laboratorios de primer nivel mundial), dicen que el tipo de cáncer que sufrió Chávez es extraordinariamente inusual, y uno de ellos especifica que el tumor era prefabricado.

Además, es demasiado sospechoso que en un plazo de dos a tres años, Chávez, Cristina, Lugo, Lula…., todos estos presidentes de un mismo tono político contrajeran cáncer; ‘casualidad’ tan grande nunca ocurrió en la historia mundial.

Casi a un año de la trágica fecha, ¿cómo recuerda Atilio aquel 5 de marzo del 2013?

Fue un golpazo brutal. Yo me había ido preparando, sabía que él estaba grave, pero cuando Maduro salió a anunciarlo estuve muy mal, muy deprimido, tuve momentos de llanto casi incontenible… Y es que aparte de ser quien era, tuve la inmensa fortuna de que Chávez fuese mi amigo. El duelo que me embargó duró casi hasta fin de año. Recién ahora puedo mencionarlo sin quebrarme.

No pude ir a sus funerales por problemas de salud, y porque estaban todos los aviones tomados; no había cómo llegar a Caracas. Pero cuando gané el Premio Libertador y fui al Cuartel de la Montaña a rendirle homenaje, al ver su tumba y pensar que él estaba ahí dentro me invadió un odio inimaginable.

Estos sentimientos los expresé en una nota en donde terminaba diciendo que si algún día se llegaba identificar quién lo asesinó, porque estoy convencido de ello, yo me ofrecía para integrar el pelotón de fusilamiento del canalla, pero querría estar seguro de que mi arma estuviera cargada.

Mucha gente reaccionó muy mal ante esa declaración, pero yo no estaba hablando de un criminal común, sino de un monstruo, cuyos instigadores conocemos bien. Esa sensación de furia tan intensa no la había experimentado antes.

Pienso en la sorpresa de Atilio ante ese sentimiento desconocido por él y entiendo su asombro, es difícil encajar en su personalidad de hombre sensible y gentil un rapto de ira como el que describe, solo y perfectamente justificable ante el secuestro de un cariño tan grande. Pero lo invito entonces a hablarme de la parte luminosa de ese sentimiento, a no cerrar la entrevista con anécdotas tristes.

¿Recuerda algún momento con Chávez particularmente feliz?

Pues en diciembre de 2007, cuando jura Cristina como presidenta, en el Centro Cultural de la Cooperación donde trabajo le organizamos un acto, conociendo que tenía una agenda muy cargada. Planificamos todo para empezar a las siete de la noche, teníamos la sala llena de gente esperando con gran paciencia pero con mucho entusiasmo. Y Chávez apareció dos horas después. Como preveíamos que él se podía demorar le habíamos pedido a varios grupos musicales que se fueran turnando para amenizar.

Casualmente, cuando llegó Chávez estaban tocando música venezolana. Entró por la parte de atrás, por el escenario, y sorprendió a los músicos que se quedaron medio sin saber qué hacer, pero antes de que pudieran reaccionar, con su inteligencia rapidísima, tomó la letra al toque (por supuesto él se la sabía), y así cantó como cinco minutos. Después dio un saludo y se puso a recitar un verso larguísimo que se llama “Por aquí pasó Bolívar”. Demoró como ocho o nueve minutos declamando, y no hubo ni una fracción de segundo en la que titubeara; por supuesto, cuando terminó se vino abajo el teatro en aplausos.

Realmente hay muchas anécdotas, me voy acordando de otra, espera… Durante uno de los Foros Sociales Mundiales, entró a una sala de 25 metros de largo por diez de ancho atestada de periodistas sin ninguna seguridad personal. Le pregunté por sus guardias y me respondió que “estaban por ahí”. ¡Ahí le podía haber pasado cualquier cosa y nadie se hubiera dado cuenta…! Pero en esto era como un niño, así era Chávez, no podía concebir el mal.

Me río también al recrear en mi mente las escenas que Atilio describe. Nuevas “trastadas” del llanero Comandante van emergiendo de sus recuerdos y él quisiera contar más, pero me confiesa que ya está cansado. Yo lo sabía desde el minuto en que le pedí la entrevista, pero no se lo confesé; solo le agradecí. Aún hoy no me arrepiento de mi “inclemencia” al hacerlo trabajar de más ese día, y estoy seguro que él no me lo reprocha tampoco.

 

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