Entrevista con Aurora Basnuevo

Cien puertas renacen a una nueva jornada

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía de la entrevistada
 

Ha transcurrido medio siglo desde que la actriz y cantante Aurora Basnuevo actuara por vez primera en las tablas del Teatro Martí. Después de tanto tiempo, es difícil ocultar la emoción al reencontrarse nuevamente en el escenario de su teatro, “el teatro del pueblo”, completamente remodelado luego de cuatro décadas de clausura.

“Cuando lo vi el día de la inauguración, empecé a llorar y dije: ‘¡Ay, creo que no voy a poder trabajar porque no me acuerdo de nada!’. Es que lo veía tan bonito todo, pensé en mi camerino que ya no estaba en el mismo lugar…. Ahora el teatro es distinto, pero sin perder su objetivo principal: está esa bellísima lámpara que baja y sube, tiene aire acondicionado, unas butacas muy buenas, los camerinos incluyen su baño y un espacio para cambiarse… antes eran muy rústicos, estaban fabricados por uno mismo con ayuda de un carpintero, para resolver.  Veo el resultado del esfuerzo de la arquitecta y todos los que trabajaron tanto para lograr esta belleza y me da miedo hasta tocarlo porque no quiero mancharlo”.

Para Aurora trabajar en el Teatro Martí ha sido un privilegio extraordinario dentro de su trayectoria artística. Cuando comenzó a formar parte de su elenco habitual, ya era una actriz con un destacado recorrido dentro del grupo Rita Montaner. Sin embargo, confiesa que el Teatro Martí poseía un halo muy especial que fascinaba al público: “Ya a las diez de la mañana podías ver un letrero que decía: ‘Agotadas las localidades’. Era el teatro del pueblo, y a todo artista le gusta llegar al pueblo. Actuar y triunfar en el Teatro Martí era un logro muy importante en aquel entonces”.

Imagen: La Jiribilla

La Damita Joven

“Fui fundadora del grupo Rita Montaner. Junto a ellos realicé muchas obras con papeles importantes. Eduardo Robreño y Enrique Núñez Rodríguez iban a verme siempre, y después que realizo La pérgola de las flores se acercan y me comentan que necesitaban una damita joven para el Teatro Martí. A mí me encantaba ese teatro y le dije a la directora del grupo: ‘Mire, lo siento mucho, pero yo me voy para el Martí’.

“Ese grupo se llamaba Jorge Anckermann y trabajaba fijo en el Teatro Martí. Así paso a ser la damita joven del teatro cubano. Comencé con el guajiro Pedro Manso e hicimos una obra cuya música era de Enrique Jorrín. La historia siempre se apoyaba con números musicales; yo cantaba, bailaba, hacía de todo.

Bueno, por fin qué, cantaba Candita, aceptas al guajiro ¿si o no? Yo contestaba cantando: Bueno, yo no sé, va a ser mi loco afán, no quiero cualquier hombre, yo quiero un buen galán. Me di ese gustazo de trabajar con esa gran estrella del teatro cubano: Candita Quintana, que era la mulata.

“La damita joven se enamoraba del galán; todas las historias estaban muy bien concebidas. El remero respetuoso fue una de las obras de mayor éxito. Era una parodia de La ramera respetuosa. El remero era amanerado porque había sido criado por abuelas y tías, entonces querían que yo, la damita joven, lo despabilara.

“La música de esa obra la escribió Adolfo Guzmán, y no ha habido un festival del Guzmán donde se haya hablado de la música para comedias musicales que escribió el maestro. Yo tuve la suerte de interpretar números preciosos de él. Había veces que bajaban el telón para que la gente cantara las letras de los números: `Cuando sientas en tu vida, la caricia de una herida, que te causa alegría con dolor, eso es amor´, entonces la gente cantaba: ´Amor, amor, qué dulce es la palabra amor; amor, amooor, que viva, viva el amor'. Eso era muy bonito”.  

Figuras ilustres del Teatro Martí

Fueron varios los que engrandecieron las tablas del Teatro Martí con puestas en escena inolvidables para Aurora. Los recuerdos se agolpan y surgen nombres como Ramón Espígul, la propia Candita Quintana, Alicia Rico, Carlos Moctezuma, Soraida Montes y muchos más…

“El negrito lo hacía Ramón Espígul; él fue muy importante para mí porque me enseñó mucho. Le decían el rey del chiflido porque hablaba chiflando en algunos momentos. Soraida Montes, que era gaga, hacía este papel en las obras de Enrique Núñez Rodríguez Voy abajo y Dios te salve comisario. Alicia Rico era la abuela y Candita la criada que con su “lleva y trae” se metía en todo.

“La pareja de la mulata era el gallego, representado por Américo Castellanos. Carlos Moctezuma, que fue galán conmigo, era también comiquísimo; hacía de Ñico Rutina, un chuchero gozador.  Trabajé además con Modesto Centeno, Enrique Núñez, Robreño y la directora general del grupo Jorge Anckermann, Marta Denis. Allí todos los viejos actores eran muy exigentes y siempre estaban preocupados por ayudar a la gente joven”.

Imagen: La Jiribilla

¡…y llegó la mulata!

“Una vez Candita se enferma durante la puesta en escena de Voy abajo. Ella, Robreño y Enrique me querían mucho, y pensaban en mí como una sustituta de Candita. Cuando se enfermó me asusté un poco porque la estrella de allí era ella. Pero me dice Robreño: ‘Tú tienes que sustituir a Canda en el personaje de la mulata’. Yo le dije: ‘¡Pero cómo voy a hacer eso, no, no, no, yo no puedo!’. Y él me contestó: ‘Pues sí, porque Canda dice que la única que la puede sustituir a ella aquí eres tú, y yo también opino lo mismo’.

“Entonces decidí ir todos los días a ver la obra, pero no para imitarla, sino para ver cómo yo hacía mi mulata, la mía. Me acordé de lo que me dijo una vez José Antonio Alonso: ‘Mala, buena o regular, tú nunca imites a nadie’. Cuando empecé a hacer esa mulata iba mucho a Santiago, donde había un movimiento fuerte de humor; entonces se me ocurrió que mi personaje fuera una mulata santiaguera y a la gente le gustó; aplaudieron muchísimo”.

Momentos especiales

“¡Ay, mis camerinos! Al llegar allí me parecía mi segunda casa porque tenía una camita muy rústica y chiquitica para descansar, junto a un espejito con los foquitos; era todo muy simple, pero a mí me parecía la gloria.

“En el Martí tuve la oportunidad de desarrollarme mucho como actriz, participé en el estreno mundial de El Premio Flaco, de Héctor Quintero, donde Candita hizo de Iluminada y yo de su hermana Azucena. ¡Aquello fue un exitazo! Lo dirigió Adolfo de Luis, que trajo aquí el método Stanisvlaski y logró que los vernáculos hicieran teatro dramático.

“Todos eran muy buenos actores que me dieron la enseñanza de que el vernáculo era un género que había que saber hacer. No era pararse en un escenario a contar chistes y chabacanerías, no, allí no había nada de eso. Se sugerían cosas, pero se cuidaba mucho el lenguaje y la gente se reía cantidad de las intenciones de los diálogos, del doble sentido que se utilizaba algunas veces.

“Siempre tenías que estar improvisando, ninguna función era igual a la otra. Había gente que asistía varias veces a una misma obra para ver las diferencias. También se hacían intercambios con el público para darle participación”.

Cien puertas reabren a una nueva jornada

“La reparación debe haber costado mucho trabajo porque el teatro estuvo 40 años cerrado. Eso lo dije en el inicio de la gala inaugural cuando exclamé: ‘¡Renace el Teatro de las Cien Puertas!’ 

“Me puse muy contenta con la reapertura, pero además estuve preocupada por lo que se va a poner allí. La juventud no está preparada para hacer ese tipo de teatro y en estos momentos pocas personas se han acercado al vernáculo.

“Creo que en el Teatro Martí se pueden expresar muchos elementos costumbristas de esta época. No tiene que ser igual a lo de antaño, pero sí parecido porque están pasando cosas en estos momentos que no pasaban antes. Para eso tiene que haber un buen escritor; eso es muy importante. Alicia Rico decía: ‘A buen guión, no hay cómico malo’. Ellos le llamaban cómicos a los actores.

“El Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, quiere llevar a escena las obras Amalia Batista, Cecilia Valdés, María la O y todo ese repertorio que también tiene su historia. Con ello está tratando de evitar precisamente la chabacanería y el mal gusto, para contribuir a que renazca el mismo tipo de teatro de antes.

“Lo que nuestro historiador Eusebio Leal ha hecho con el Teatro Martí merece de verdad un aplauso del pueblo, de los artistas, de la cultura… Yo le dije que mientras tuviera fuerzas y pudiera lo iba a ayudar siempre con esta maravillosa obra. Ahora lo más importante es cuidarla”.

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