Conversación con Elma Beatriz:

Una puertoriqueña singular

Paquita Armas Fonseca • La Habana, Cuba
Viernes, 7 de Marzo y 2014 (3:16 pm)

Elma Beatriz Rosado Barbosa es ante todo una luchadora puertorriqueña, que ha sido conocida como la compañera de Filiberto Ojeda Ríos. Su historia de amor podría considerarse una novela: esta mujer que se convirtió en su esposa antes de que él, y ella de hecho, devinieran fugitivos en 1990.

Luego Elma Beatriz no ha cejado en difundir el pensamiento de su compañero y luchar por la libertad de Puerto Rico

Imagen: La Jiribilla

¿Cómo conoció a Filiberto? ¿Me describe su primer encuentro?

En 1988, Filiberto se encontraba encarcelado en Hartford, Connecticut. Había sido arrestado en 1985, y luego de una gran campaña de presión internacional en la cual se reclamó violaciones de derechos humanos y civiles, se emitió una orden para su liberación. Estuvo encarcelado durante 32 meses en detención preventiva, sin habérsele celebrado juicio ni haberse asignado fecha para ello, lo cual, bajo la Constitución de los EE.UU. viola su propia Carta de Derechos, en su enmienda sexta, en la cual se proclama el derecho del acusado a un juicio rápido. Luego de una campaña en su favor y tras una apelación a la Corte de Circuito fue excarcelado. Sin embargo, apenas habían pasado tres meses cuando es arrestado nuevamente. Se le acusaba de obstruir y resistir su arresto por agentes del FBI el 30 de agosto de 1985, de posesión y uso ilegal de armas de fuego y de disparar y herir a uno de los agentes. Inexplicablemente, estas acusaciones no le fueron instruidas tras su arresto en 1985 y de repente se convertían en una razón importante para lograr encarcelarlo en momentos en los que su presencia en Hartford generaba energías para la lucha política de la comunidad puertorriqueña en esa ciudad.

Una nueva jurisdicción asomaba en el horizonte. Las nuevas acusaciones tendrían que ser vistas por el Tribunal de EE.UU. en Puerto Rico, porque fue allí donde ocurrió el arresto de Filiberto. Se había conformado un equipo para su defensa en el cual participaban varios abogados,  un sociólogo-abogado y un investigador-detective, entre otras personas. Yo formé parte del equipo de defensa dedicándome al área de tecnología, con sistemas y aplicaciones de computadoras y comunicaciones, además de algunas coordinaciones, investigación y la preparación de informes. Fue en este contexto donde comencé a relacionarme con Filiberto. Él, encarcelado en EE.UU.; yo, trabajando desde Puerto Rico. Él estaba al tanto de las personas que componían el equipo de trabajo, aunque nunca nos habíamos conocido. Sentí la necesidad de escribirle una carta. Me impactaba su lucha revolucionaria, su dedicación y sacrificio. Fue mediante esa carta, la cual contestó que nos conocimos. Mantuvimos la correspondencia. Recuerdo que tenía la sensación de saber quién era Filiberto y de saber que hablaba con la verdad. Me remonto a entrevistas filmadas donde lo veía y escuchaba hablar y sus ojos transmitían esa luz de claridad de quien habla la verdad. En ese entonces no había sentimientos de índole personal. Existía la admiración y el afecto hacia un compañero que lleva años en una lucha de valor y sacrificio por la independencia patria. Mi colaboración era un pequeño grano de arena para lograr la excarcelación de alguien que había dado tanto por la Patria.

Nuestro primer encuentro fue en el verano de 1989, cuando Filiberto fue llevado a Puerto Rico para el comienzo del juicio, que duró prácticamente dos meses. Previo al inicio del juicio, ya estando Filiberto en Puerto Rico, los compañeros del equipo de defensa me dijeron que yo podía  solicitar visitar a Filiberto en su celda. Yo rechacé la oferta instantáneamente. A mí misma me sorprendió hacerlo. Pero fui enfática: "yo al compañero lo veré cuando él sea libre", porque yo no tenía duda alguna de que íbamos a lograr su excarcelación. Aunque yo deseara visitarlo, me privé de hacerlo porque sentía que con ello colocaba más energías en las tareas de excarcelación y tendríamos que dar el todo por el todo y salir victoriosos. Me conformaba con los relatos que me hacían los demás compañeros de las visitas y reuniones que tenían con Filiberto en el proceso de desarrollar la estrategia para el juicio. Me costó, pero nunca resentí la decisión.

El día en que comenzó el juicio yo llevaba un clavel escondido bajo mi blusa. Sabía que si lo llevaba en la mano, me lo arrebatarían a la entrada del tribunal. Pude hacérselo llegar a través de una de las personas cercanas a él en la mesa que ocupaba como acusado. Ese día fue la primera vez que nos vimos y nuestras miradas se cruzaron. Durante el tiempo que duró el juicio nos veíamos diariamente. Finalmente, luego de casi dos meses de duración del juicio, el veredicto unánime de "no culpable" fue emitido. Un jurado puertorriqueño declaraba no culpable a Filiberto en un tribunal de EE.UU. en territorio puertorriqueño. El día en que finalmente lo liberaron recibí su abrazo instantes después de serle removidas las cadenas que lo ataban de pies y manos trenzadas a su cintura.

 ¿Cómo la enamoró?

Tras encontrarse en libertad, Filiberto asistía a varias conferencias, reuniones y actividades. En varias ocasiones coincidimos y, poco a poco, fuimos compartiendo más. Nos fuimos conociendo mejor y, con total sencillez y naturalidad, nos fuimos acercando el uno al otro. Su manera de ser, su honestidad, su inteligencia y su confianza en sí mismo fueron cualidades que aprecié de inmediato. Por supuesto, ya conocía los aspectos de su accionar ideológico. Eso estaba sembrado muy fuerte. Ya establecida la relación, en algún momento le dije: "Te entrego mi corazón y mi vida". Sin pestañear, de inmediato me contestó: "Te entrego mi corazón, porque mi vida es para la patria". Así de sencillo. No imaginaba yo que así sería.

¿Le escribió algún poema? ¿Lo recuerda?

Recuerdo que en alguna ocasión yo le regalé un cuaderno pentagramado para partituras. Comenzó a escribir una melodía para mí, aunque esta quedó inconclusa.

¿Tocó la trompeta para usted? ¿Qué era la música para Filiberto? ¿Qué compositores y géneros prefería?

Tras su excarcelación Filiberto se reencuentra con Alberto Armenteros, su mejor amigo durante décadas. Alberto perteneció al Conjunto Casino. Durante la década de 1950 ambos se encontraban en Nueva York, y tocaban juntos en un club nocturno. Alberto tocaba la primera trompeta y Filiberto la segunda. Es ahí cuando se inscribe como miembro del Movimiento 26 de julio y comienza su amor por la revolución cubana. Es Alberto quien le regala su propia trompeta a Filiberto tras el reencuentro en 1989. Fue un regalo que él apreció con gran sensibilidad.

Filiberto tocó con varias orquestas, en particular con La Sonora Ponceña, en Puerto Rico, durante la década del 60. La música era muy especial para él. "Amaba la música, la sentía fortalecedora de su espíritu. En especial, amaba el cantar de Nuestra América, ese canto que une a los pueblos latinoamericanos en uno solo" escribí hace un tiempo

No le gustaba discriminar con respecto a la música. Le parecía que toda la música encerraba arte y expresiones maravillosas. Sí recuerdo que entre sus melodías preferidas se encontraba, en primera instancia, "Exotic Suite of the Americas", de Dámaso Perez Prado, que fue utilizada por Santiago Álvarez en su documental sobre el Che. Le significaba profundos sentimientos y lo conmovía. Creo que esa música se tocó en la Plaza de la Revolución, en octubre de 1967, tras el asesinato del Che en Bolivia, cuando se celebró una velada solemne en la cual Fidel pronunció unas palabras en homenaje al guerrillero.  

Entre otras composiciones apreciadas, Filiberto señalaba "Las cuatro estaciones", de Antonio Vivaldi como una de sus preferidas. En términos de la canción popular en Puerto Rico, escogía "Bajo un palmar", del puertorriqueño don Pedro Flores, como su predilecta. Sin embargo, eran muchas las melodías que le gustaban.

¿Qué sentido tenía Filiberto de la amistad?

Filiberto reconocía  la amistad y el compañerismo como valores fundamentales en las relaciones humanas. Su profundo sentido de confianza en los seres humanos lo impulsaba siempre. Fue honesto y genuino con sus amigos y con sus compañeros. Respetaba a todos los seres humanos y no se expresaba negativamente sobre las personas. Si tenía que hacer una crítica la hacía directamente a la persona, pero nunca a sus espaldas. Tenía un gran sentido del honor y del respeto.

¿Y de la familia?

Para Filiberto, la familia era lo más importante. Lo que más sacrificó, lo que más le dolió fue estar separado de sus seres queridos.

Emprende ese camino de valor y sacrificio ofrendando la relación más preciada: la de la familia. Lucha por ella, por sus hijos, por todas las familias, por todos los hijos e hijas de la patria. Su mayor dolor era estar ausente físicamente. El mayor dolor para sus hijos fue no tenerlo cerca. Un padre que vivía con la base del amor, con la preocupación del bienestar de todos, que sacrificaba lo que tenía por los demás, ¿cómo no iba a sentir el dolor de no poder compartir con sus hijos, verlos crecer y abrazarlos y besarlos? Ese fue siempre su mayor dolor.

A pesar de las circunstancias ¿fueron una pareja feliz?

Fuimos una pareja sumamente feliz. Nuestra relación fue muy cercana, muy completa y de total transparencia. Nos confiábamos nuestros sueños, nuestros secretos, nuestras esperanzas. Nunca entre nosotros hubo desencuentros. Cada uno quería lo mejor para el otro y nos guiaba el deseo de hacer feliz al otro. Todo ello, dando lo mejor de nosotros en la lucha patriótica que ambos abrazábamos.

¿Qué significó Cuba para él? ¿Y para Usted?

Cuba significó el inicio de su lucha revolucionaria. La revolución cubana fue su inspiración. Estando en Nueva York, compartía en ese espacio común en que habitaban solidariamente cubanos y puertorriqueños, hermanos todos. Así fue asumiendo ambas luchas revolucionarias. Filiberto sintió a la revolución cubana como su propia lucha. Integró el Movimiento 26 de Julio y luego el Movimiento Libertador puertorriqueño dirigido por Pelegrín García. Su vida estuvo ligada a ambas luchas y siempre estuvo dispuesto al sacrificio que estas requerían, hasta las últimas consecuencias.

A través de Filiberto aprendí a amar a Cuba. A sentir admiración por los hermanos y hermanas de esta patria. La inmensa solidaridad y amor que compartimos ambos pueblos ha sido en extremo evidente para mí en las visitas a esta Isla. He sido testigo del hermoso sentimiento que albergan los corazones de nuestros hermanos cuando uno les dice que es puertorriqueño. Detecto un cambio instantáneo en sus miradas, en sus tonos de voz, que parecen decirnos a los puertorriqueños la gran tristeza que cargan debido a los rumbos distintos de nuestras islas, cuando durante tantos años de coloniaje habíamos enfrentamos juntos un mismo destino. Es como si tuvieran a flor de piel tatuada esa promesa de Martí y de Fidel sobre nuestra independencia. La revolución cubana refrendó la promesa de Martí y hoy es compromiso vital así como lo es nuestra solidaridad con la revolución.

De manera particular quiero significar la relación tan estrecha entre los cinco compañeros  cubanos y los patriotas puertorriqueños encarcelados por el gobierno de EE.UU. Filiberto siempre abogó por la excarcelación de nuestros hermanos cubanos y puertorriqueños. Es una lucha que ambos pueblos compartimos muy cercanamente y que nos une en una campaña contra otra acción de injusticia por parte del gobierno de norteamericano. Nuestros esfuerzos están muy vinculados y lo estarán en esta batalla que llevamos adelante por la dignidad de ambos pueblos.

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