Literatura:

Acerca del libro La Habana: ciudad mágica

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

El Doctor en Ciencias Históricas Félix Julio Alfonso, actual vicedecano del Colegio Universitario San Gerónimo, reúne doce trabajos suyos acerca de La Habana, escritos entre los años 2004 y 2009.

Esta compilación, que ve la luz gracias a Ediciones Boloña en su Colección Raíces, destaca no solo por el encantamiento hacia la  ciudad cortesana del sol —como dijera Jorge Mañach en una de sus Estampas de San Cristóbal, del año 1926—, sino por el rigor investigativo llevado a cabo, y el léxico exquisito que emplea el autor para regalarnos sus consideraciones.

Imagen: La Jiribilla

Con prólogo del Doctor Eusebio Leal Spengler, a quien Alfonso dedica justas y hermosas páginas, catalogando al actual Historiador de la Ciudad como “hombre de ética acrisolada y una vida consagrada al trabajo” (p.152), el libro resulta, además de un bellísimo recorrido por las raíces histórico sociales de la arquitectura de la ciudad, y el simbolismo de sus plazas y monumentos, una espléndida referencia para quienes gustamos de saber más allá de lo que nuestros ojos pueden ofrecer como apreciaciones ante la contemplación de una construcción milenaria. El acercamiento que propicia el autor de estos estudios, derriba falsas concepciones que hasta el presente teníamos muchos de quienes creíamos conocer La Habana. Y abre nuevos caminos investigativos para aquellos que pretendan reconstruir la historia de la gran metrópoli de las Antillas. Así, resurge, cubierta de gloria, la figura de Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, obispo de La Habana durante 30 años, a quien se debe, polémica por medio, el simbolismo antiabsolutista  del Templete, construido, según todo indica, como imitación al templo de Guernica. El pormenorizado estudio de Alfonso, no deja lugar a dudas: las fuentes revisadas, las  definitorias alusiones a sus consultas, así como el estricto señalamiento del origen de sus investigaciones, muestran algunas verdades que, hasta donde podemos alcanzar, permanecían en el limbo de lo improbable, más allá de dudas razonables. La monumental obra de rescate historiográfico a  la que consagrara su existencia el historiador Emilio Roig de Leuchsenring, esencial luchador antiimperialista, erudito y siempre venerado, impregna, a modo de homenaje perpetuo, el recorrido de Alfonso por las calles habaneras. Su presencia resulta palpable, como justo reconocimiento a quien sentara las bases para la preservación y cuidado de múltiples de los símbolos urbanísticos que hoy ostenta la ciudad. Asimismo, el sabio etnólogo cubano don Fernando Ortiz, el  actual director de la Biblioteca Nacional José Martí, Eduardo Torres-Cuevas, el arquitecto Roberto Segre, y nuestro narrador mayor, Alejo Carpentier, aparecen aportando valiosas contribuciones a la historia que detalla los avatares sufridos por esta ciudad, tanto físicamente como en sus interpretaciones. Los capítulos que integran La Habana: ciudad mágica, actúan como marcos para un retrato, —inconcluso por definición, pero sobre todo impecable—, de una ciudad sin dudas mágica. Parecerá que nada queda fuera, aunque se sabe que siempre existirá una nueva forma de recorrerla, según versiones sepultadas debajo de un adoquín, en el reverso de una columna, o entre los arabescos de un guardavecinos. La objetividad, bañada con el agradable hálito de la pasión de un investigador honesto como Alfonso, queda demostrada en los subtítulos “La ceiba y el Templete; La Habana y sus plazas: la centralidad irradiada”; La Habana: ciudad atlántica”; “La muralla como metáfora y desafío”; “La Habana del Siglo de las Luces”; “Imaginarios urbanos de La Habana”; “La Habana Vieja en la estela del tiempo”.

Conmino al público lector, habanero o no, conocedor o no, permanente o efímero habitante de este suburbio empinado y señoril conocido como La Habana, a adentrarse en el fascinante estudio de Félix Julio Alfonso. El conocimiento que ofrece este libro, nos aporta suficiente argumento para que contribuyamos a la preservación de nuestras reliquias, y al despertar de la conciencia de nuestras tradiciones, para, como nos legara el maestro José María Chacón y Calvo, obtengamos mayor seguridad en nosotros mismos, y una visión más diáfana y pura de lo que hemos sido.

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