Musicalia y Juvenia. Por el arte
y para el arte

Cira Romero • La Habana, Cuba

Separadas en el tiempo, pero unidas en los propósitos, Musicalia y Juvenia. Por el arte y para el arte, representaron dos momentos notables en la cultura cubana para difundir, sobre todo, aspectos de la música. Musicalia fue creada en La Habana en mayo-junio de 1928, con carácter trimestral, por el matrimonio constituido por María Muñoz y Antonio Quevedo. La primera fue una notable pianista y directora de coros de origen gallego, y Quevedo, madrileño, aunque ingeniero de profesión, ejercía la crítica musical, pues hizo estudios musicales con su madre. La pareja llegó a Cuba en 1919 y desde entonces, hasta la muerte de ambos, ocurrida en La Habana, la de María, en 1947, y la de Antonio en 1977, tuvieron una destacada participación en la vida musical de la Isla. A ella se debió la fundación, en 1931, de la Sociedad Coral de La Habana, e impartió cursos de verano en la Universidad de La Habana, que, al decir de Argeliers León, constituyeron “un nuevo estilo de trabajo para acercarse al conocimiento de nuestra música”.  

Musicalia fue patrocinada en sus inicios por la casa de música de Salvador Iglesias, pero al año siguiente pasó a ser propiedad de los Muñoz-Quevedo. En el número dos sus directores expresaban: “Musicalia no es una revista de élite, aunque posiblemente sea —y a ello lógicamente aspire— una revista para la élite. ¿Exclusivismo? No. En esta élite cabe todo el que abriga una vehemente aspiración de pertenecer a ella [...]. Solo el remiso, el conformista, el interesado, están de antemano excluidos. ¿Muchos o pocos? Eso depende de ellos, no de Musicalia”.

En otro número insertaban estas palabras: “Musicalia es una publicación fundamentalmente seria e imparcial. No tiene prejuicios, sectarismos ni banderías, y dentro del respeto que el público y los artistas merecen, procura siempre decir la verdad”.

Los artículos publicados en esta revista, como ha hecho notar el musicólogo Radamés Giro, fueron profundos, con diversos y actualizados criterios. Además, “cada obra, concierto o conferencia era comentada de una manera activa, armada de la técnica, de la explicación, del por qué se dice esto o aquello”. Pero Musicalia, además, creó los llamados Conciertos Musicalia, en los que se dieron a conocer obras de Igor Stravinsky, Maurice Ravel, Serguei Prokofiev, Nicolás Rimsky-Kórsakov, Manuel de Falla y los cubanos Alejandro García Caturla y Amadeo Roldán.

Al valorar esta publicación en su imprescindible Diccionario Enciclopédico de la Música en Cuba (2007), el antes citado Radamés Giro expresaba:

La aparición de esta revista fue muy importante para el conocimiento de la música del siglo xx, particularmente la cubana, pues por primera vez se contó con un órgano que divulgara el acontecer musical de los compositores cubanos, se analizaran sus obras y fueran por este medio, conocidas en otras partes del mundo.

Y García Caturla apuntaba: “Adelante. Las vanguardias. Los estetas nuevos: tenemos en ustedes [en alusión al esforzado matrimonio] una antorcha viva de confianza e idealismo y una gran fe. Musicalia es nuestro termómetro. Por ella medimos la temperatura ambiente y a ella nos confiamos, seguros del triunfo de nuestro ideal”.

Pero la salida de la revista tuvo notables altibajos en su periodicidad debido a problemas financieros, de modo que a partir de 1931 tuvo una presencia inestable hasta desaparecer. En 1940 se reinició su salida, con dos compositores y pianistas como jefes, el primero,  de redacción, José Ardévol,  y el segundo, Joaquín Nin, como secretario de redacción. En esta nueva etapa se mejora la calidad del papel así como la impresión y se inician las colaboraciones de figuras como Alejo Carpentier, Fernando Ortiz, Francisco Ichaso, Ángel Gaztelu y varios músicos como César Pérez Sentenat, Guillermo M. Tomás e Hilario González.

Ya en 1942 Musicalia veía la luz de manera muy  irregular, hasta su desaparición en los comienzos de 1946.  

En julio de 1951 se dio inicio a Juvenia. Por el arte y para el arte, dirigida por Miguel Agustín Gacel. En el editorial del primer número se expresaba que:

ve la luz para rendir una difícil labor en el doliente campo de las bellas artes, con un propósito y una finalidad [...] se propone ser, y lo será, refugio espiritual de todos los artistas cubanos, para quienes sus páginas estarán siempre abiertas, y en consecuencia, vocero infatigable en favor de nuestro desarrollo cultural, en cualquiera de sus manifestaciones.

Desde abril de 1953 fue editada por la Unión Sindical de Músicos de Cuba. Acogió en sus páginas artículos sobre pintura, música, arquitectura, escultura y literatura. Además reprodujo artículos tomados de publicaciones cubanas y extranjeras, así como conferencias, noticias y discursos, pero a partir del segundo año de su publicación la revista experimentó un cambio, ya que solo aparecieron trabajos, programas y noticias musicales.

Numerosas firmas de alto prestigio colaboraron en sus páginas, como los pintores Esteban Valderrama, Armando Maribona y Ramón Loy, el bailarín y coreógrafo Alberto Alonso, el historiador Gerardo Castellanos y  Berta Arocena.

Al parecer, la revista desapareció a mediados de 1953.

Tanto Musicalia como Juvenia. Por el arte y para el arte fueron dos revistas significativas para el desarrollo de la vida artística de Cuba en dos momentos de su vida republicana, en especial de nuestro universo musical. Aunque fue mucho más significativa la primera por la indudable importancia de sus dos gestores, por la impronta que dejaron en nuestra historia musical; ambas constituyeron aportes relevantes al movimiento musical cubano.

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