Música:

Individual

Eileen Sosin • La Habana, Cuba

“Y me gusta el blues y me gusta el rock y me gusta el rap/ Individual, y me gusta el reggae, y me gusta el funky, y me gusta el jazz/ Individual, y eso no va a cambiar”. El tema nació cuando un DJ le dijo que ella estaba “relajando” la cultura hip hop, que ella no estaba haciendo rap. “Esa canción define bastante mi pensamiento, porque realmente yo nunca he hecho ese rap clásico. Nunca he podido ser así, siempre he tenido una tendencia más melódica. Siendo honesta conmigo, así es como lo siento, esa es mi influencia”.

Imagen: La Jiribilla

Tal vez lo que mejor caracterice la música de Danay Suárez sea precisamente esa condición híbrida, mestiza, múltiple, una y muchas a la vez. Beber de todos los géneros, jugar con ellos, quebrarlos, fundirlos; no por capricho de artificio, sino por vocación. En ese calidoscopio, el hip hop ocupa un lugar especial por haber sido la puerta de entrada, el camino del descubrimiento.

“Llegué como parte del público, porque me gustaba el sonido, pero no sabía que en Cuba había peñas de rap. Es un circuito bastante estrecho, que solo puede encontrarse casualmente, y así me pasó. Fue un cambio muy radical en mi adolescencia, porque no tenía nada que ver una peña de rap con una discoteca, con cualquier entretenimiento para un joven de ese momento.

“Cuando aquello se hacían en el Almendares y en La Madriguera; y me llamaron mucho la atención porque encontré gente con una identidad bastante definida, discursos muy propios. Me parecía que era un movimiento con personalidad, y eso fue lo que me hizo seguir yendo como público.

“Yo no pensaba que iba a hacer rap. Para mí se convirtió en un estilo de vida, un hábitat, el lugar donde iba siempre a sentirme bien, donde está mi grupo de amistades, lo fui creando ahí mismo. Entonces, como tenía aptitudes para cantar, comencé haciendo melodías para los grupos más fuertes en ese momento hasta que me di cuenta de que tenía un disco como con 15 o 20 colaboraciones, donde hacía el coro, la parte melódica; y decidí comenzar a escribir un poquito más y llegar a hacer al menos un tema. Así empezó todo.

“Como es un movimiento tan libre, no me sentí con prejuicios de exponer mi pensamiento. Mis mensajes antes eran muy ligeros, porque estaba tratando de buscar la ‘rimita’, quería integrarme y ser aceptada; y a veces decía cosas tontas nada más porque rimaban. Me daba cuenta de que estaba imitando a otros artistas, hasta que escuché por primera vez mi voz en una grabación, y supe que tenía que encontrar mi personalidad, eso es lo principal.

“Pero traté de mejorar, y todo fue natural. No pensaba que iba a hacer esto o después aquello: yo cogía mi temita e iba allá a Real 70, luego los socios me llamaban para hacer esta canción y la otra; y así, me fui disolviendo como el azúcar dentro del agua”.

Imagen: La Jiribilla

Sin embargo, Danay prefiere que no la identifiquen como rapera. “No soporto las etiquetas. He tenido muchos oficios antes de cantar: estudié informática, trabajé como secretaria de un policlínico, pero no soy una secretaria; pude trabajar en farmacia, pero no soy farmacéutica…

“No me gusta decir que soy rapera, porque quien conoce verdaderamente el movimiento de hip hop se da cuenta de que, a diferencia de otros géneros, es más que música, más que un estilo; es como una forma de vida. Permanezco mucho tiempo ahí porque están mis amigos, porque hay valores que considero muy importantes para vivir.

“Tampoco quiero que me vean como una voz de jazz o de R&B, aunque lo pueda parecer. Tengo un compromiso con la cultura hip hop en Cuba, pero no me gusta decir que soy rapera, que soy jazzista, que soy… Más que todo, lo que tengo es una necesidad de expresión, y en ese camino aprendí a hacer hip hop, música clásica. He aprendido varias cosas”.

Buscando y encontrando otros horizontes, ha colaborado con importantes músicos cubanos como Robertico Carcasés, X Alfonso y Roberto Fonseca. Entre los premios obtenidos están el del Festival Puños Arriba, el del   proyecto Lucas y Cuerda Viva, espacios que han sabido reconocer su talento, aunque sea difícil  colocarlo en categoría alguna.

“Realmente fue un poco complicado para mí. En el circuito este underground, como le decimos, mi nombre era bastante conocido, pero no así entre el otro por ciento que completa la música cubana. Y cuando empecé a trabajar con ellos, tuve que ponerme a una velocidad que estuviese pareja para cabalgar con toda esa trayectoria y solidez musical.

“Me veían como un fenómeno que no se sabía de dónde había salido, todos se preguntaban en qué escuela había estudiado esta muchacha que puede hacer rap y de pronto puede cantar; y aún hay gente que me va descubriendo y piensa así”.

Incluso Europa aplaudió a Danay, cuando su voz cruzó el océano por primera vez: “El proyecto Havana Cultura fue la plataforma para comenzar a poner mi nombre en la prensa, los escenarios europeos, en las redes sociales. Ellos promocionan lo más fuerte que esté pasando en el movimiento cultural cubano, en todas sus manifestaciones; entonces se les ocurrió hacer un proyecto discográfico y me buscaron.

“Fue muy importante porque me aportó el conocimiento de la dinámica en el escenario, para trabajar con otros músicos de diferentes sonoridades, vestirme rápido, ir al ensayo, la prueba de sonido, el concierto, descansar, ir para otro país… También hicimos el disco Danay Suárez Havana Cultura Sessions, que es fundamental para mí, es una joya. Lo grabamos durante unos ensayos donde me puse a improvisar con la voz y los músicos de Temperamento comenzaron a acompañarme”.

Probarse en diferentes ámbitos artísticos le ha permitido valorar con otras luces el rap hecho en el país. Fiel a sus orígenes, se refiere al movimiento como “nosotros”, y no disimula su orgullo. “El rap cubano es uno de los más respetados de toda Latinoamérica. Su lírica es tan interesante, que son otras personas quienes se han encargado de poner en alto esa obra, y no el artista directamente.

“Es la gente que pone tu tema con una fotico en YouTube, están al tanto, mueven tu trabajo. Y de pronto está todo eso adelantado sin haberlo hecho uno, de pronto te conocen en mil lugares del mundo y en Cuba no te conoce nadie, pasa así. No se sabe en qué momento salió la canción, cómo es que la gente la tiene, y eso es un logro que camina por sí solo”.

 “He conocido personas de todo tipo, que van por otros caminos, que están en otras orientaciones; y cuando conocen al movimiento de hip hop y lo entienden, ya no pueden sacarlo de su vida. Sus amistades comienzan a estar ahí, empiezan a ver otros géneros, a tener una valoración, a juzgar un poco el resto de las cosas que están pasando.

“En todo el tiempo que llevo trabajando, no he visto que músicos de otras esferas, incluso siendo amigos, apoyen la obra de otros sin tener contrataciones. Esta es una diferencia que veo entre el hip hop y otros géneros. Esa bondad musical y de principios, esa unidad desinteresada, no la veo en otros ambientes.

“Con cualquiera puedes contar, independientemente de que nos mostramos respeto. Si voy a hacer una producción discográfica y llamo a un amigo mío del rap, nunca va a pensar en una cuestión económica; pero si hay un dinero destinado para todos los músicos, para esa persona también está. Entonces, también se respeta y se valora lo que el otro merece. Pero si existen épocas en que no hay, sabes que puedes contar con ellos igual, y eso es muy importante.

“Cuando cualquier persona, incluyendo los músicos, encuentran y comprenden cómo funciona el movimiento de hip hop, se sienten en un espacio que tiene mucho swing, que es muy auténtico, muy creativo, muy diferente, y que es real. A veces cuando coinciden en una fiesta en mi casa y está toda esta gente del rap, no pueden creer cómo de pronto se pone una base, y pasan horas y horas improvisando sobre cualquier cosa. Es impresionante”.

En el plano estrictamente sonoro tampoco hay dudas. “Los músicos a veces tienen prejuicios con el rap, por eso lo defiendo tanto. En referencia a todos los estudios que ellos han tenido de solfeo, de armonía, creen que es una música vacía, y no entienden sus códigos.

“Sin embargo, si te pones a analizar, la mayoría en algún momento de su carrera tratan de incluirlo, de tener un invitado rapero. Y me pregunto, si son músicos en toda su integridad, por qué no pueden hacer el rap ellos mismos también. Es que cuesta trabajo comprenderlo como género. Es difícil, en tres minutos y un poco más, incluir rimas, y luego lo que le llamamos flow (que es poner rimas en lugares donde no esperas que encajen dentro del tiempo musical), contar una historia coherente y cargada de valores. Aunque ojo con eso, que a veces la gente del rap nos pasamos de la conciencia”.

La trayectoria del hip hop cubano ha sido escarpada. Pero antes de repartir culpas hay que mirarse uno mismo. “Ahora todo el mundo tiene un ordenador y salen 60 canciones diarias. Eso es una conciencia que debe tener cada cual: yo compongo todos los días, pero cuando estoy muy alterada, cuando me siento muy mal o estoy fajada con el universo; ese día mi composición es solo para mí, no para los demás.

“Porque si me pongo a soltar todo el amor que tengo para el mundo, pero también todo el odio, solamente por la facilidad de tener una base, un ordenador y grabarme la voz, estoy enviando sin pensar cualquier mensaje. Y lo primero que debe alguien del movimiento de hip hop, con su discurso revolucionario, progresista, es ser consecuente con la palabra.

“Hay que volver a concentrarse en las raíces, los propósitos, y lograr verdaderamente una conciencia en las masas. Entonces, los jóvenes de ahora, que son los profesores, los padres, los consejeros del futuro, necesitan estar preparados; y ellos no van detrás de la música clásica ni del jazz, sino de la música urbana. Dentro de eso, el hip hop tiene una responsabilidad.

“Esto es lo que más me preocupa, que si no podemos tener buenos audios, buenas condiciones, y tampoco la actitud objetiva, no pasa nada con el movimiento, solo son gente que están rapeando y ya, que tienen una habilidad desarrollada. Ahora estamos en un momento difícil, porque hay muchas cosas que están deteriorando al movimiento como cultura.

“Antes uno tenía el ansia de grabar un tema, lo re-que-te-estudiaba en su casa, y después iba tres kilómetros a pie por todo ese camino de Real 70. Esa era la importancia de que saliera, porque, oye, tremenda distancia, con tremendo sol, no había cafetería, ni una carreta, nada. Entonces llegabas ahí y salías con tu tema, con una ilusión…

“Todas las canciones que se grabaron en esa época de Real 70 han sido importantes, ahí fue donde se hizo la discografía más destacada de Los Aldeanos, de Explosión Suprema, de Raudel Escuadrón Patriota, mi música también. A cualquier hora que uno llamara a Humbertico para grabar un tema, él decía: sí, sí, ven. Teniendo necesidades económicas, a muchos de nosotros nunca nos cobró un medio, ponía su trabajo y sus recursos a nuestra disposición. Realmente Humbertico no ha tenido el reconocimiento que ha meritado su labor. Más allá de que uno haya hecho las composiciones, él ha sido responsable de que todo eso en su momento haya podido lograrse”.

En un entorno eminentemente masculino como es el rap, Danay no ha encontrado obstáculos ni suspicacias de ningún tipo por ser mujer. El respeto y la camaradería son lo normal cuando se está “entre socios”, una relación que se consolida con otras pasiones compartidas, como la producción musical.

“Me encanta hacer artesanía con las voces, poner esto aquí, esto allá, aprender los programas, tener sensibilidad para mezclar, saber que lo puedo hacer. Me encanta descubrir a las personas, grabar su voz y darle el matiz que lleva, acentuar una frase, poner en un estado la música.

“A lo mejor por eso me llevo tan bien con los varones. Porque mientras cualquier muchacha tal vez se pone a pensar en cosas normales, como ir a una tienda, la ropa… y ellos se aburren, yo voy con mis amigos a comprar plugs, cables, líneas. Hablamos de la memoria tal, de cómo resolver un efecto, del delay… o sea, tenemos temas de conversación comunes, como quizá sería el deporte, aunque de deporte no sé nada”.  

A pesar de haber compartido escenario con raperas cubanas e incluso conformar algún proyecto enteramente femenino, toma cierta distancia en cuanto a marcas de género. “No me gusta cantar en conciertos de mujeres y tener ese pensamiento colectivo. Pienso que cada una puede llevarlo de forma independiente. Estoy viendo la lucha de las mujeres en el rap un poco ligera, falta de energía, de fuerza de verdad. Las veo tratando de imitar al polo masculino, muy preocupadas por que el hombre les dé un espacio, cuando sería mejor buscar el suyo propio y darle un espacio también al hombre. Me encanta cantar mis temas feministas en un ambiente totalmente masculino”.

Las expectativas vuelan ahora sobre la Isla, y de ahí al continente, y más allá. “Estoy superinteresada en trabajar en Latinoamérica, porque tengo ideales, tengo deseos de hacer trabajos sociales fuertes, no me interesa si tengo que trabajar gratis. En Europa ha sido muy difícil lograr esto, porque no hablo francés ni inglés, a menos que sea para comunicarme, pero no para componer. Entonces, me interesa mucho defender el español porque pienso que cuando llegamos a cualquier país, si en vez de decir: thanks you, danke shön, merci; nosotros decimos: muchas gracias, por favor, buenas… empezamos a imponer nuestro idioma, y a hacer que el español valga y sea dominante.

“Ahora mismo la prioridad que tengo es poder trabajar en Cuba y en Latinoamérica. Hay pueblos que necesitan la palabra, y si hay mucha música en el mundo que aporta también al mejoramiento de la calidad humana, pues eso es lo que yo quiero hacer”.

 

Entrevista tomada del primer libro sobre hip hop cubano escrita por autores del país, antología en proceso de edición.

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