¡Enhorabuena llegan los 70 de Víctor Casaus!

Leonardo Depestre Catony • La Habana, Cuba

Ni por su extraordinaria vitalidad intelectual ni por su incansable labor como director fundador del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau en la calle Muralla de la Habana Vieja, conciben sus amigos, compañeros, lectores, allegados y cuantos lo aprecian, que Víctor Casaus, a partir del 10 de marzo del presente año, se haya incorporado al club de los 70.

El suceso, que es ante todo celebración, se presta también para decir algo acerca de la obra de un artista en quien el cineasta y el escritor se integran perfectamente, en maridaje donde, suerte que tiene, no queda espacio para los celos... esto, sin contar su intenso y largo romanceo con lo más auténtico de la nueva trova.

Imagen: La JiribillaEntrega del premio José Antonio Fernández de Castro a Víctor Casaus (2009)

Si de su labor como escritor se trata, la producción se prodiga en diversos géneros. Según parece primero fue la poesía, que lo hizo popular —mayormente— entre las lectoras femeninas de unas pocas décadas atrás, que aún recuerdan sus versos y extrañan los acentos de su voz.

Somos materialistas confesos
Nos guiamos por concepciones científicas
del mundo y de las cosas
Analizamos      estudiamos     pensamos
que todo pasa por el arco de triunfo
de las ciencias
                       Por todo ello
es que ahora declaro
que el mundo se oscurece y se alumbra delante de mis ojos
cuando tú
parpadeas

(“Ciencia (muy) natural”, del libro Amar sin papeles)
 

Pertenece Víctor a una generación talentosa —la que integran Jesús Díaz, Guillermo Rodríguez Rivera, Luis Rogelio Nogueras, Eduardo Heras León, Norberto Fuentes, Lina de Feria, Antonio Conte, Silvio Rodríguez y varios nombres más— que pide a gritos un estudio exhaustivo por su labor e influencia dentro de la intelectualidad de su tiempo, aquella de los jóvenes que en 1966 se nuclearon para fundar el tabloide cultural El Caimán Barbudo, publicación que, tal vez como ninguna otra a partir de 1959,  ha logrado mantener su buen hacer y prestigio por casi cinco décadas.

Generación paralela, por cierto, a otra muy célebre, la de los chicos de Liverpool: John Lennon (1940), Ringo Starr (1940),  Paul McCartney (1942) y George Harrison (1943), un paralelismo que tal vez haya pasado inadvertido, más no desapercibido.

Muchas veces el poeta y el cineasta llevan a olvidar el quehacer periodístico de Casaus, cuyos trabajos podemos rastrear —con el seudónimo de Marco— en las páginas de una publicación totalmente olvidada pero antecesora del que sería el diario Juventud Rebelde: el semanario Mella. En esos textos, Víctor se nos desvela en su faceta de escritor de crónicas humorístico-satíricas sobre temas de la sociedad cubana de comienzos del decenio del 60.

De trascendente debe considerarse su transitar por el género de testimonio, cuyo primer fruto es hoy un clásico con varias ediciones: Girón en la memoria, de 1971. Deberemos sumar también otros títulos: Pablo: con el filo de la hoja, 1983;  Otro tiempo, otro vivir, 1984; Que levante la mano la guitarra, 1984, en colaboración con Luis Rogelio Nogueras.

Prologuista de numerosos libros, el rescate de la totalidad de la obra conocida de Pablo de la Torriente Brau, su publicación por Ediciones La Memoria y la fundación de la cátedra universitaria que lleva el nombre del héroe cubano caído en Majadahonda, conforman dentro de la vida intelectual de Víctor Casaus, un capítulo tal vez no muy conocido aunque significativo para la cultura cubana.

Quien redacta estos apuntes no lo conoce hace tanto, pero lo suficiente para atestiguar su hacer al frente del Centro Pablo, como abreviadamente se suele denominar a la institución que dirige. Allí el trabajo es multifacético y fecundo: el arte digital y el diseño gráfico tienen el más sostenido apoyo para su difusión y desarrollo; la trova se degusta a través de un concierto mensual que alcanza ya 15 años de vida y se extiende, A guitarra limpia, por el que han pasado trovadores nacionales y extranjeros; y el Premio Memoria, que estimula la investigación y posterior publicación, por la editorial del centro, de libros con valores testimoniales; y atesora un archivo con las voces de infinidad de hacedores de la cultura cubana a lo largo de medio siglo. Todo ello porque el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau es el puerto acogedor donde carenan los proyectos más originales y útiles que se puedan imaginar y que contribuyen a salvaguardar la memoria artística (musical, literaria, en imágenes...) de la nación.

Cineasta laureado, documentalista, realizador de dos largometrajes premiados, guionista cinematográfico (¿recordaba usted que en dos tremendos filmes cubanos como El hombre de Maisinicú, de 1973, y Río Negro, de 1977, trabajó como co-guionista junto a su director Manuel Pérez?), también poeta condecorado —con el Premio Latinoamericano de Poesía Rubén Darío, de 1982, por su libro Los ojos sobre el pañuelo—, periodista (se le entregó en 2013 la medalla 50 Años de la UPEC), ensayista (he ahí su libro Defensa del testimonio, de 1990), conferencista y jurado dentro y fuera de Cuba.

Este saludo y felicitación al humanista “multioficio” cierra con una simpática “Confesión de penúltima hora”... que esperamos, en sus 70, no le ocasione contratiempos:

Sépase
que a todas
las he amado
como a ninguna.

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