Cantores...

Cómo me haces hablar en el silencio...

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

Estoy buscando melodía
para tener como llamarte.
¿Quién fuera ruiseñor?
¿Quién fuera Lennon y McCartney,
Sindo Garay, Violeta, Chico Buarque?
¿Quién fuera tu trovador?

...Quién fuera el propio Silvio —de quien son estos versos—, para robar tu alma con canciones. De eso se trata; el trovador (desde siempre), es un ser bohemio, urgido de hurgar poéticamente en el tiempo que le toca, en la esencia espiritual, en los sueños y dolores de la gente, de sí mismo, para convertirlos en canto.  

Imagen: La Jiribilla

Llegué por San Antonio de los Baños
cuando me fue imposible no vivir.
Una loma y un río
fueron vecinos míos.
Llegué donde el amor se quiso abrir.

Llegué por San Antonio de los Baños
después que una gran guerra terminó...

En efecto, había terminado hacía poco la Segunda Guerra Mundial cuando nace el 29 de noviembre de 1946, en San Antonio, pueblito muy cultural de sur de la ciudad —la llamada Habana campo—, su nombre Silvio Rodríguez Domínguez.

Se convertiría en uno de los más notables cantautores de nuestra lengua. Empieza a componer canciones desde mediados de los años 60 en el Servicio Militar. Fundador, junto a Pablo Milanés, Noel Nicola y Vicente Feliú del Movimiento de la Nueva Trova, que tuvo su primer concierto en Casa de las Américas, el 18 de febrero de 1968. Integró el legendario Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. Su nivel poético y hondura filosófica ha sido resaltado durante décadas por la crítica y el público internacional.

Imagen: La Jiribilla

¿qué cosa fuera,

qué cosa fuera la maza sin cantera?

Un amasijo hecho de cuerdas y tendones,

un revoltijo de carne con madera,

un instrumento sin mejores resplandores

qué lucecitas montadas para escena.

¿Qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera

qué cosa fuera la maza sin cantera?

El canto, directo, el diálogo del creador como el amigo que expresa lo que siente, sin efectismos, sin disfraces, sin lugares comunes o frases hechas; el cantor desentrañando la vida, sin engaños, pues su objetivo es humano; se trata de la vida no un negocio, eso es trovar. Como nos dice el propio Silvio en su “Historias de las sillas”: 

El que tenga una canción tendrá tormenta

el que tenga compañía, soledad.

el que siga buen camino tendrá sillas

peligrosas que lo inviten a parar.

Pero vale la canción buena tormenta

y la compañía vale soledad

siempre vale la agonía de la prisa

aunque se llene de sillas la verdad.

Su obra no está cuantificada, tras su primer disco se hablaba de más de mil canciones. Ya existían por entonces muchísimas grabadas en caseteras o cintas por amigos, por él mismo en su casa o en un estudio de la radio. Uno de los pasajes de la vida-obra de Silvio con visos de leyenda es el de su aventura en el barco pesquero Playa Girón que zarpó el 29 de septiembre de 1969, y retornó a puerto habanero el 28 de enero de 1970; en cuyo viaje cumplió los 23 años de edad. Por los mares del mundo anduvo, compartiendo con los pescadores el difícil arte de buscar la comida desafiando el mal tiempo, el oleaje, la distancia de los seres queridos, del barrio, en momentos en que el mundo es cielo y mar; la familia, un grupo de compañeros y los metros de la embarcación el único país del que se dispone. 

Imagen: La Jiribilla  

Compañeros poetas,

tomando en cuenta

los últimos sucesos en la poesía,

quisiera preguntar —me urge—

qué tipo de adjetivo se debe usar

para hacer la canción de este barco

sin que se haga sentimental,

fuera de la vanguardia o evidente panfleto,

si debo usar palabras

como Flota Cubana de Pesca

y Playa Girón.

Le faltó un día para cumplir cuatro meses de travesía, en ese tiempo compuso 62 canciones, más de 15 por mes, o lo que es lo mismo, un promedio de una canción cada dos días; y qué canciones, entre las que figuran, por ejemplo: “Ojalá”, “Debo partirme en dos”, “Jerusalén año 0”, “Historia de las sillas”, “Resumen de noticias”, “Al final de este viaje”, “El rey de las flores”, “Boga boga” y “Cuando digo futuro”, por mencionar algunas de las más conocidas.      

Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol.

Hoy quisiera estrechar mi ciudad sumergida

—boca de los corales, alma de las esponjas,

dureza de las piedras que se encuentran a veces,

ojos de las estrellas de mar y los peces.

Hoy te quiero cantar más allá

Más allá de donde ha de llegar

la canción.

De una obra semejante se hace difícil resaltar los temas que uno considera más transcendentales, no obstante quisiera señalar algunas piezas de Silvio que han marcado épocas, como “Ojalá”, “Canción del elegido”, “El mayor”, “La era está pariendo un corazón”, “Te doy una canción”, “Óleo de una mujer con sombrero”, “Playa Girón”, “Pequeña serenata diurna”, “Unicornio”, “La canción de la trova”, “La maza”, “Por quien merece amor”,  “El necio” y “Cita con ángeles”. Sería tema de debate seleccionar siquiera 50 de las más emblemáticas, una, que muchos trovadores tienen entre sus más entrañables por su poética y su peculiar riqueza musical, es “En estos días”:

En estos días

todo el viento del mundo sopla en tu dirección.

La Osa Mayor corrige la punta de su cola

y te corona 

con la estrella que guía,

la mía.

Los mares se han torcido

con no poco dolor hacia tus costas.

La lluvia dibuja en tu cabeza

la sed de millones de árboles.

Las flores te maldicen muriendo,

celosas.

En estos días

no sale el sol,

sino tu rostro.

Y en el silencio

sordo del tiempo

gritan tus ojos.

Ay de estos días terribles,

ay de lo indescriptible.

Silvio tiene una discografía que rebasa los 20 volúmenes. Sobre su vida y obra se han realizado varios documentales, entre ellos cabría resaltar Que levante la mano la guitarra, a partir de un memorable concierto en Casa de las Américas;  Hombres sobre cubierta, donde el trovador se reencuentra con los viejos amigos pescadores que compartieron meses de travesía en el barco Playa Girón. Así mismo existen dos libros Que levante la mano la guitarra y Las canciones del mar, que recogen ambos sucesos en la vida del trovador; y un voluminoso Cancionero, con gran parte de su obra.   

Cómo gasto papeles recordándote,

cómo me haces hablar en el silencio.

Cómo no te me quitas de las ganas

aunque nadie me vea nunca contigo.

A pesar de esa amplia y rica obra, por alguna extraña razón, y siendo un silvista empedernido, nunca he tenido dudas acerca de ubicar en el primer lugar de mi preferencia a “Te doy una canción”.  Quizás por la manera en que el trovador expresa esa necesidad de exteriorizar el volcán interior que motiva una mujer. Siempre llevo conmigo este canto en que el creador inspirado se debate entre sus deseos de la amada y la voz que la sociedad y la humanidad entera le reclaman. Es un tema amoroso y de combate a la vez. Se lo escuché —tras sabérmelo de su disco—, cerrando un concierto en el Teatro Nacional, en 1983: no sospechaba que una guitarra pudiera sonar de tal manera, que una voz —sin dotes naturales especiales— pudiese golpear de tal manera en el pecho. El estremecimiento colectivo ante su interpretación fue como fusionar a la novia que tenía a mi lado, y la patria —la inmediata y la humana— a la que no quedaba otra alternativa que jurarle entrega total, a tiempo completo.      

Es una canción —por la manera de guitarrear y cantar— que viaja de la ternura a la rebeldía, porque se trata de una pasión desbordada por una mujer, con algún desgarramiento, y a su vez hay un discurso, mediante pinceladas, que va convirtiendo al tema en una declaración de principios, “mi derecho a hablar”; la pausa que hace por la patria, antes de seguir cantando a la muchacha, la calle que le espera y lo juzga, en fin, como en toda obra poética hay disímiles caminos que se abren aledaños a la arteria principal que es la declaración amorosa.

Esta es una canción que en esencia describe el proceso creativo, similar a “No hago otra cosa que pensar en ti” de Joan Manuel Serrat, pero en el catalán, si bien hay cierto toque de nostalgia, prima el humor, el chiste antipoético, para describir el trabajo que le cuesta hacer una canción a la mujer amada, sin embargo, en Silvio hay una carga dramática que llega a tonos épicos.

Y para volver a quién fuera tu trovador... imagina entonces que es el año 1970, y en el cuarto, quizá de un apartamento del Vedado, en la oscuridad de la madrugada, a la luz de una lamparita, estoy pensando en ti. Claro que me llamo Silvio, tengo a un costado la guitarra, apunto un verso con la máquina de escribir, leo, releo, saco la hoja, la estrujo, pongo otra en el rodillo…y con cierto disgusto escribo…          

Te doy una canción

Cómo gasto papeles recordándote,

cómo me haces hablar en el silencio.

Cómo no te me quitas de las ganas

aunque nadie me vea nunca contigo.

Y como pasa el tiempo, que de pronto son años

sin pasar tú por mí, detenida.

Te doy una canción si abro una puerta

y de las sombras sales tú.

Te doy una canción de madrugada,

cuando más quiero tu luz.

Te doy una canción cuando apareces

el misterio del amor.

Y si no lo apareces, no me importa:

yo te doy una canción.

 

Si miro un poco afuera me detengo:

la ciudad se derrumba y yo cantando.

La gente que me odia y que me quiere

no me va a perdonar que me distraiga.

Creen que lo digo todo, que me juego la vida,

porque no te conocen ni te sienten.

Te doy una canción y hago un discurso

sobre mi derecho a hablar.

Te doy una canción con mis dos manos,

con las mismas de matar.

Te doy una canción y digo Patria,

y sigo hablando para ti.

Te doy una canción como un disparo,

como un libro, una palabra, una guerrilla:

como doy el amor.

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