Callejón de Hamel: un oasis de color en el centro de La Habana

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

Probablemente sea el Callejón de Hamel uno de los proyectos comunitarios más populares de Cuba, incluyendo todas las acepciones de la palabra que registra el diccionario de la Real Academia: pertenece y procede del pueblo; se trata de una forma de cultura constitutiva de su tradición; es propio de los sectores sociales más desfavorecidos; está al alcance de los menos dotados económicamente, y por último, es conocido y/o estimado por el público en general.

La fama de este sui géneris callejón ha trascendido las fronteras de la Isla. El Proyecto Sociocultural constituye hoy sostenida plaza de atracción para turistas de todo el mundo, y muchos son los cubanos procedentes de diversas regiones del país que se acercan también a indagar por este pedacito de afrocubanía enclavado en el barrio de Cayo Hueso, en el Municipio Centro Habana.

Imagen: La Jiribilla

Las pinturas murales que ciñen el callejón y el edificio colindante, los mensajes escritos que las acompañan, las esculturas y monumentos, y el colorido de cada espacio impactan desde un inicio al visitante por su exotismo. Parece imposible apreciarlo todo de una sola vez debido a la mixtura y pluralidad de elementos, donde el arte inspirado en las culturas de origen africano se entremezcla con el sincretismo religioso y la presencia en un extremo del callejón de un busto martiano, y en el otro, de un axioma del sabio Fernando Ortiz.

Cercano a cumplir su vigésimo cuarto aniversario el próximo 21 de abril, el Proyecto Sociocultural Callejón de Hamel ha recorrido un largo y arduo camino, matizado por defensores y detractores. Aún así, con sus altas y bajas según los tiempos y circunstancias, mantiene hoy la vitalidad de siempre, con nuevos retos a enfrentar y la concepción de diversas iniciativas culturales destinadas a los miembros de la comunidad.

Según su creador y principal impulsor, el artista autodidacta Salvador González, “el objetivo es contribuir a que prevalezcan los valores de identidad, que las futuras generaciones respeten, conserven y conozcan nuestras raíces. Como lo reflejé en una de las frases que escribí de la autoría de Fernando Ortiz, nuestro gran maestro: Todo pueblo que se niega a sí mismo entra en trance decisivo”.

El primer mural

Era un año complejo que anunciaba un futuro imprevisible. Los tiempos más duros que atravesaría la población cubana se acercaban galopantes. Muchos dirían que no era el mejor momento para iniciar un proyecto artístico comunitario, pero las ideas suelen ser indetenibles cuando surgen casualmente, de forma espontánea, sin planificaciones previas, contra la corriente y en contextos adversos.

“Todo comenzó un día del año 1990 en que mi amigo Julio, que vivía aquí en el barrio, me pidió que le pintara un mural en su casa. A tanta insistencia me decidí a pintarlo y le sugerí: ‘Julio, ¿por qué en vez de pintar el mural dentro de la casa no lo pintamos afuera?’. Así fue como surgió el primer mural en la esquina a la calle Aramburu.

“Después Betty, una señora que vivió aquí en el barrio, ya fallecida, me instó a que continuara. Era una etapa muy difícil, se acercaba el período especial y hubo mucha gente que cuestionó lo que yo estaba haciendo; fue un empeño donde tuve que enfrentar varios riesgos y una tensa presión. Mi obra está fundamentada en la religiosidad popular, en nuestra identidad cultural, en las raíces africanas, pero toda la pintura es sobre la base de mi inspiración e interpretación personal”.

A pesar de las contrariedades, el proyecto fue adquiriendo nuevas dimensiones con el paso del tiempo y más adelante contó con el apoyo del municipio de cultura, hasta llegar a ser considerado acción cultural relevante.

El historiador Elías Aseff, quien durante 14 años ha asistido a Salvador González en las actividades comunitarias y en la venta de sus obras para el autofinanciamiento del proyecto, estaba apenas cursando la Secundaria Básica cuando el artista plasma el primer mural de temática afrocubana realizado en una vía pública. Fue testigo de esos momentos y hoy se dedica además a estudiar la cultura afrocubana y en particular la obra de Salvador y el Callejón de Hamel.

“Este proyecto comunitario es atípico. A diferencia de otros, no está basado en una metodología ni en un estudio de las necesidades de la población. Surge a partir de la obra de un pintor que reafirma la identidad del barrio Cayo Hueso y mantiene sus tradiciones culturales afrocubanas. Se trata del primer conjunto de murales y esculturas sobre temas de origen africano y constituye un ejemplo de transgresión y transformación del espacio urbano. Es un proyecto necesario, ya que aún tenemos nuestras mentes colonizadas y debido a ello todavía existe racismo y segregación hacia estas culturas”.

Imagen: La Jiribilla

Un proyecto sociocultural interactivo

La labor artístico-comunitaria del Callejón de Hamel ha brindado nuevos espacios y oportunidades a las jóvenes generaciones del barrio, mostrándoles otro camino para su realización personal, alejado de las acciones delictivas.

Según expone Aseff, a lo largo de estos años se ha efectuado una labor de prevención que ha permitido a muchos jóvenes provenientes de entornos marginales y adversos enfilar su vida laboral hacia la música, las artes plásticas, las ciencias sociales o la informática. “Hoy día varios de ellos se encuentran exponiendo sus obras dentro y fuera de Cuba; otros han devenido rumberos, raperos o reguetoneros famosos. Ahora mismo hay un muchacho estudiando computación y otro en el Colegio San Gerónimo de La Habana”.

Los niños reciben una atención especial a través de talleres de pintura, historia y baile. Los cuartos sábados del mes están reservados para los infantes de la comunidad con diversas actividades artísticas.

Al respecto, comenta Salvador: “Hemos incorporado a niños con Síndrome de Down que tienen una agrupación folclórica muy buena. Igualmente, mantenemos contacto con los niños autistas de la escuela Dora Alonso y otra nueva que abrieron muy cerca de nuestro barrio, para vincularlos a las artes plásticas. En este sentido, ya tenemos varios trabajos juntos, incluso en la escuela Dora Alonso se encuentra una obra inmensa realizada entre los niños autistas y yo. Este proyecto me ha inspirado a una nueva exposición que quiero titular El autista que vive en mí”.

La música también se respira con intensidad en el Callejón de Hamel, plaza de la rumba por antonomasia. Amantes del género se reúnen los domingos en su peña semanal, una de las pioneras de la ciudad. Desde el surgimiento de la cita rumbera, muchos grupos que demandaban un espacio fijo y abierto para mostrar su arte, estrenaron sus contagiosos ritmos en el singular callejón.  

Para Salvador es motivo de orgullo y satisfacción que agrupaciones como Clave y Guaguancó, Yoruba Andabo y Los Ibeyis, hoy reconocidas a nivel nacional e internacional, se hayan presentado por primera vez en la peña del Callejón de Hamel.

Completan las iniciativas en pro del desarrollo comunitario las conferencias que se han organizado sobre cultura y religión afrocubana, dirigidas no solo a los habitantes del municipio, sino a todo público ávido de profundizar en el conocimiento acerca de las raíces africanas que han conformado nuestra idiosincrasia.

Imagen: La Jiribilla

Un callejón abierto al mundo

Hamel ha formado parte del mapa cultural de la ciudad, otorgando espacio a eventos teóricos de biblioteca y antropología, y convirtiéndose en subsede del Festival de Raíces Africanas Wemilere. Agrupaciones de danza clásica y contemporánea se han presentado en esta plaza, y los populares músicos Elio Revé, Mayra Caridad Valdés y Pachito Alonso han ofrecido conciertos a los habitantes de Cayo Hueso.

Otros hoy muy conocidos como Orishas o Kola Loca, dieron sus primeros pasos musicales en el callejón, escenario además de un video clip del grupo Síntesis, de la novela cubana Oh, La Habana y de varias coproducciones cinematográficas.

En el ámbito internacional, diversas figuras han recorrido sus espacios, algunas llevándose memorias audiovisuales para hacerlas suyas. “Aquí han venido músicos extranjeros como Jimmy Page, el guitarrista de Led Zeppelin, y el baterista de Bob Marley, que filmó en esta calle uno de sus clips. Tenemos la alegría de haber contado con las actuaciones de grupos alemanes, puertorriqueños y norteamericanos que han tocado también en el callejón de forma gratuita, además de actores y actrices, políticos y otras figuras internacionales interesadas en conocer la cultura presente en este espacio”, declara Elías Aseff.

Recientemente el callejón ofreció un homenaje al pianista Frank Fernández, quien asistió junto a varios rumberos y prometió ofrecer un concierto el presente año para la comunidad de Hamel.

“Ya el callejón se ha convertido en un escenario para la cultura cubana; es símbolo de barrio, de pueblo, donde se puede bailar y escuchar rumba... Esta calle pintada reafirma una identidad que está abierta a todos”, concluye Aseff.

El legado de Hamel

Diversas iniciativas comunitarias inspiradas en la pintura mural han surgido posteriormente dentro y fuera del país; algunos se han acercado al callejón con el ánimo de crear proyectos similares en su contexto social próximo. Al respecto, expresa Salvador:

“Me alegro mucho de los otros proyectos que se han creado, porque la cultura comunitaria es una forma artística que quizás materialmente no alimente tanto, pero en el plano espiritual tiene grandes dimensiones. Me siento feliz por el trabajo Muraleando, de Lawton; por el pasaje con obras de arte y murales que inauguraron recientemente en Matanzas, también por el proyecto de Fuster. Me alegro de todo lo nuevo que ha germinado porque nuestro país tiene una gran tradición de artistas que es preciso perpetuar”.

Aseff, quien define el Callejón de Hamel como un oasis de color, considera un privilegio haber logrado forjar esta obra en el mismo centro de La Habana, en un lugar visible por el que transita tanta gente. Salvador, por su parte, confiesa que lo que más le enorgullece es ser cubano y realizar esta acción en Cuba. Entre los momentos más importantes, destaca cada nuevo aniversario, en el que siempre convoca a realizar una gran fiesta popular.

Entre los planes futuros se encuentra la construcción de un espacio físico mucho mayor: se trata del parque Excilia Saldaña, en homenaje a la gran poetisa y escritora cubana. El área se erigirá centro de talleres de pintura, escultura y cerámica destinados a los niños, además de fungir como escenario para actividades de otras instituciones.

Ambos promotores encauzan los retos en el afianzamiento de la labor realizada hasta ahora para mantener la menor ilegalidad posible; continuar la peña rumbera con la calidad de siempre; seguir integrando al trabajo y estudio a los jóvenes del barrio; perpetuar tanto la memoria como la parte física de Hamel, y ganar aún más el respeto de los conciudadanos para la conservación de la obra comunitaria.

“Pienso que existir es el mérito mayor”, afirma Elías Aseff. “Lo que me enorgullece es que el Callejón de Hamel ha vencido todos los tabúes y se ha impuesto a la visión europeizante de la historia, se ha impuesto a los males de la sociedad y ha ofrecido al pueblo de La Habana un espacio diferente. Salvador González, a pesar de ser un pintor de la calle, ha fundado este proyecto, brindando otras oportunidades al pueblo y a la gente del barrio, que se siente orgullosa de esta obra. Ese es el mérito más grande: mostrar y visibilizar lo otrora invisible”.

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