¿Por "la libreta"?

Ana María Domínguez • La Habana, Cuba

Fábrica de Arte Cubano (FAC) dejó de ser, durante un sábado de marzo, ese popular proyecto que lidera el músico X Alfonso. Más allá de formalismos y respeto merecido, fue posible adentrarnos en su “maquinaria”, para conocer de qué manera se puede lograr, sin que falten contratiempos y sorpresas de última hora, una coherencia total entre la idea primigenia y lo que hoy se ofrece al público.

La visita de La Jiribilla a la instalación coincidió con los ensayos de algunas agrupaciones participantes en el Festival Peace and Love, pocas horas antes de que se abrieran las puertas de esta otrora fábrica de aceite El Cocinero (antigua Compañía de Electricidad de La Habana, de 1910 a 1930). Convertida en un centro cultural de preferencia, pudimos mezclarnos en el “hormigueo” de sus trabajadores y colaboradores, en una especie de efervescencia que no se apaga ni aun después de las cuatro de la mañana, cuando los demás se marchan y solo ellos quedan.

Imaginemos que como parte del público llegamos ahora a FAC…

Lo primero es pagar los 50 pesos en moneda nacional o 2 CUC, que es la tarifa de la entrada, tanto para cubanos como para extranjeros, explica Bárbaro Hernández, encargado de esta labor de jueves a domingo. “Luego recibes una tarjeta, con el prototipo de nuestra libreta de abastecimiento, y al dorso están las casillas para marcar el consumo que haces en la instalación. En la cafetería, en la barra, donde quiera que pidas un trago o algo de comer, te anotarán todo. Si no consumes nada, no hay problema. Si pierdes la tarjeta, debes abonar 30 CUC, que es la suma total de si hubieras consumido toda la tarjeta. Eso para evitar que la gente se vaya sin pagar lo que debe.”

Imagen: La Jiribilla

¿Y a la salida?

Al salir me encargo de sumar lo que consumiste y es cuando pagas, explica Ayan Robaina, quien también trabaja de jueves a domingo en el mismo puesto en FAC. “Este es un sistema conocido por los extranjeros, pero novedoso para los cubanos, y es muy efectivo. Impide el trasiego de dinero dentro de la instalación y los hechos que sabemos ocurren en algunos establecimientos donde se expenden bebidas alcohólicas y otros productos.

¿Se sienten a gusto trabajando aquí?

Son jornadas de trabajo largas y además intensas, confiesa Bárbaro. “Sin embargo, lo mejor es que lo hacemos en un lugar al que nos encantaría ir en nuestro tiempo libre, ya no por trabajo”. Ayan asiente: ¿Te imaginas un lugar en el que puedas ir con tus amigos, con tu pareja, con quien quieras y tenerlo todo a tu disposición? Un lugar en el que no se viven experiencias desagradables porque el público que concurre tiene una calidad del disfrute, del divertimento que es muy alta…Todo fluye. Pasa y compruébalo…”

En la barra de la nave 1 se hacía el inventario. Botellas, refrescos, cajas, absorbentes, copas, vasos, latas…todo debía contarse y reflejarse en el papel. Mientras, las cintas de cine se activaban en el mecanismo de la parte superior y cada uno de los muchachos se ajustaba sus uniformes, semejantes a overoles que estaban en sintonía con la idea de “fábrica” que posee el lugar.

Imagen: La Jiribilla

Claudia Hernández y Raidel Pérez, cantinera y barman de la barra, no pueden ocultar sus deseos de hablar. “Si la prensa va a escribir sobre FAC no puede dejar de decir que estamos contentos de trabajar aquí, no solo por la remuneración que recibimos, sino porque el ambiente del lugar favorece ese bienestar, refiere Raidel. Mientras que Claudia comenta que el tipo de público que aquí llega tiene sus intereses afines con el arte. Se divierte y solo espera recibir un buen servicio.”

Lisandra Díaz, otra de las cantineras de la barra, asegura que se siente a gusto de trabajar en un lugar como este, rodeados de tanto arte, de tanta autenticidad, de tantas ideas…Las horas se te pasan volando, no sientes el cansancio y cumples con tus responsabilidades como parte de esa sensación de agrado, más que como una obligación.

Nos agrada saber que la juventud puede contar con esta opción. Pueden venir personas de cualquier edad, pero somos jóvenes y pensamos como tales, y algunas veces nos ponemos de acuerdo y nos encontramos aquí, un día libre, los que coincidimos en un turno. Disfrutamos de todo del otro lado de la barra y así también nos sentimos a gusto, añade Raidel.

¿Es difícil el trabajo?

Para Lisandra es un poco complejo el trabajo, en tanto debe atender en una noche alrededor de 900 personas. “Lo principal es servir con un buen trato y satisfacer al cliente. El método de la tarjeta es muy bueno porque el trabajo es mucho más ágil. Y como trabajadores nos sentimos satisfechos con lo que hacemos y con la retribución”.

Humberto Javier Gómez, quien asume el puesto de cajero en esta barra, fue explícito en sus respuestas. “Todavía falta, hay un montón de proyectos que se están cuajando, pero todo se hace a su tiempo, con el máximo rigor, para que la calidad sea la mejor. FAC tiene que ver con eso, con propuestas de calidad para la gente, y desde que se piensan, se debe tener en cuenta ese aspecto.

“Trabajamos con un sistema digitalizado que se utiliza para comprobar que lo que se reflejó en la tarjeta y lo que se apuntó aquí, coincide. Esto permite que se pueda hacer hasta un estudio del consumo que se realiza aquí y trabajar en base a ello”.

Mientras La Jiribilla hacía estas entrevistas, no dejamos de ver a otros inmersos en un ajetreo diferente. Josué García, uno de ellos, encargado del aseguramiento técnico de la nave 4 de FAC, accedió al diálogo 'por unos minutos'. “Ahora estoy a cargo de la producción del Festival Peace and Love, pero estoy involucrado en este proyecto de la nave 4, que en dos semanas abrirá al público, destinada a la realización de conciertos en vivo con un mayor formato que los que se disfrutan ahora en la sala Santiago Feliú.”

¿Cuán complejo es FAC desde la producción?

FAC es un sueño hecho realidad pero que, sin caerte de la cama, te sorprende a cada minuto. Lo más complejo que tiene es precisamente la novedad, porque es un sueño que va creciendo poco a poco, paso a paso y entre todos. Se trata de sentar bien las bases, de estudiar bien el lugar para que haya una correspondencia entre los códigos estéticos iniciales y la práctica. Lo mejor es que los artistas se sienten protagonistas porque son también decisores, pero de igual modo necesitan ser asesorados o guiados, desde el punto de vista administrativo, para que todo salga bien.

Si pudieras ver la Fábrica de Arte Cubano desde afuera…

Es el lugar al que siempre me gustaría ir. Claro que existen otros que me agradan, pero aquí el código de selección es elevado, y no cualquiera canta, expone o presenta su obra. Aquí se deja fuera la chabacanería, la incitación a la violencia, lo que se ha vuelto muy común en otros centros nocturnos de la ciudad, incluso desde el discurso lírico o sonoro de algunos artistas. En FAC se trabaja y mucho, pero el resultado satisface.

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