Maestros titiriteros del siglo XX
en América (II)

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba

Como habíamos adelantado la semana anterior Retablo abierto, columna de opinión especializada en el arte titeril, en la revista cultural cubana La Jiribilla, estará realizando un breve y necesario repaso de las biografías y aportes al género de los maestros titiriteros del siglo XX en América: Irma Abirad (Uruguay), Mireya Cueto (México), Carucha Camejo (Cuba) y Jim Henson (EE.UU), a quienes se homenajeará el 25 de abril del presente año, en la bella Ermita de Monserrat, ubicada en las alturas de la ciudad de Matanzas, en el contexto de la oncena edición del taller internacional titiritero que de manera bienal se celebra en tierras yumurinas.

A las inolvidables Mireya Cueto, de México, y Carucha Camejo, de Cuba, personalidades brillantes del universo de los muñecos, dedicamos hoy nuestra evocación.

Mireya Cueto y Carucha Camejo, un abrazo titiritero entre dos países

Dos mujeres nacidas en la región americana por los años 20 del siglo pasado, Mireya Cueto, en Ciudad de México, el 3 de febrero de 1922 y Caridad Hilda (Carucha) Camejo González, el 18 de noviembre de 1927, en La Habana, Cuba, marcaron con fuego creativo el arte de los retablos en ambos países.

Mireya fue una de las dos hijas del matrimonio de Germán Gutiérrez Cueto  y de su esposa Lola Cueto, quienes también fueron destacados artistas plásticos y marionetistas. Carucha fue la mayor de cuatro hijos, sus hermanos Pepe, Bertica y Perucho, estuvieron también vinculados al universo mágico del retablo. Mireya no olvidó nunca la primera vez que animó un títere. Cuentan que era muy hábil, que desde pequeñita hacía para su madre lo mismo pelucas que las formas de algunos guiñoles. A Carucha la nombran Caridad por sus dos abuelas, herederas del nombre de la patrona de la isla,  tal vez ahí radique la elegancia, feminidad y hermosura que todos le reconocieron. Junto a sus hermanos vio un día en el parque Emilia de Córdoba, de la populosa barriada La Víbora, una función de titiriteros ambulantes. Fue ese el punto de partida, el despertar de  los sueños que luego fueron labrados con funciones en plazas, jardines, escuelas y teatros, protegidos por el calor de las candilejas. Mireya tuvo estos mismos sueños y al igual que la cubana ya no pudo separarse del mundo de los personajes de tela, papel y cartón.

Mireya, licenciada en historia moderna y contemporánea por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM),  escribió teatro, dirigió espectáculos, fundó espacios de promoción y aprendizaje, hizo programas de radio, trabajó para los niños de los pueblos más alejados, infantes de pocos o ningún recurso, ajenos a las bondades de la radio o la futura televisión de entonces. Carucha por su parte estudió en la Academia Municipal de Arte Dramático de La Habana. Allí, junto a su hermano Pepe, se inicia en los juegos rituales del teatro. A partir de 1947, actuó en obras de Lorca, Benavente, Tirso de Molina, Martí, Sartre y Wilder entre otros autores. En 1950, viajó por todo el país junto a Pepe Camejo, integrando las misiones culturales. Ese mismo año, funda con sus hermanos el arte de las figuras en la naciente televisión. Como miembro de la tropa titiritera surgida en 1949, dentro de su núcleo familiar, continúa la labor trashumante por toda la capital, trabajan donde quiera que se les facilite un espacio. Gana un trofeo como animadora de televisión en 1954, actúa, modela, mas, nunca abandona el retablo.

Imagen: La Jiribilla

Mireya además de ser fundadora del Teatro de títeres y actores Tinglado, que su hijo Pablo Cueto continúa hasta el presente, se dedicó también a la investigación y producción de teatro de títeres. Fue colaboradora del Teatro Guiñol del Instituto Nacional de Bellas Artes y guionista de programas infantiles de los medios audiovisuales; miembro de UNIMA; Premio Rosete Aranda del Museo Nacional del Títere en Tlaxcala. Fue distinguida con la medalla Mi vida en el teatro por el Centro Mexicano ITI/UNESCO/UNIMA. En 1981 realizó y dirigió No rebuznaron en balde, con textos de El Quijote y Cuentos islámicos. Realizó algunas obras en teatro de sombras, entre ellas La leyenda de los soles y Perséfone. A fines de 1998 participó en el homenaje a Silvestre Revueltas con la presentación de la obra de teatro guiñol El renacuajo paseador. Fue incluida en la Lista de Honor IBBY México 1982, por su libro El traje del rey. Obtuvo el Premio de Literatura Infantil Juan de la Cabada 1978 por sus textos Viajes de Ozomatli y Don Armadillo.

Carucha, en su afán de crear en la isla,  junto a su familia carnal y artística, un teatro de títeres nacional, funda el Guiñol Nacional de Cuba en 1956. Al triunfar la Revolución, en 1959, Carucha se une junto a su grupo al esfuerzo del departamento de teatro, de la Dirección de Cultura, para fundar teatros de guiñol en todo el territorio. Actúa en Las aventuras de Pelusín del Monte, en CMQ Televisión entre 1961 y 1963. Es una de las fundadoras este último año, del Teatro Nacional de Guiñol. Comienza para ella y el equipo artístico del elenco nacional, un período fecundo de trabajo. Se desarrolla profesionalmente como actriz-titiritera, directora artística, adaptadora teatral e investigadora. Brilla en la Belisa de Don Perlimplín con Belisa en su jardín, en la niña Sadah, de El cartero del Rey, de Tagore. Interpreta magistralmente la Aurelia, de La loca de Chaillot, de Giradoux, la alcahueta Celestina, de Rojas y la castiza Reina, de Valle Inclán. Dirige El pequeño príncipe, de Exupéry, El patito feo, de Prokofiev, La caja de los juguetes, de Debussy. Su puesta en escena Don Juan, inspirada en el texto de Zorrilla, es galardonada fuera de concurso, en el VI Festival de la Casa de las Américas, en 1966, con una mención de honor. Su trabajo como directora  es elogiado en ese festival por el maestro ruso Liubimov, el español Marsillach, el italiano Darío Fo y el venezolano Román Chalbaud, entre otras personalidades de visita en La Habana. La corte del Faraón, dirigida por ella, clasifica como uno de los mejores espectáculos del año 1967, según la crítica especializada. Lleva a la escena del guiñol al poeta ruso Maiacovski, con un celebrado montaje experimental. Viaja a Checoslovaquia, Rumanía y Polonia. Allí su Don Juan vuelve a ser aclamado por renombrados especialistas del teatro de títeres como los maestros  Jan Malik, Margareta Nicolescu y Henrik Jurkovsky, entre otros.

Imagen: La Jiribilla

En reconocimiento al consagrado trabajo de Mireya en pro de la dignificación de los títeres, se crea en 2001 un Festival Nacional de Muñecos que lleva su nombre. Poco antes de fallecer la nueva Escuela del Arte Titiritero Latinoamericano es nombrada también Mireya Cueto. En 2012 se le entregó merecidamente la Medalla de Bellas Artes de México por sus 70 años de empeño artístico y docente a favor del teatro de figuras. Carucha padece los desmanes del llamado quinquenio gris cubano en los años 70 y es alejada de su mayor pasión. Marcha a los EE.UU. para cuidar a su hermano Pepe enfermo de gravedad. Desde los años 90 mantuvo vínculos con algunos titiriteros de Cuba a los que aconseja y regala su valiosa experiencia. Viaja a la Isla en 1994 y 2001. Este último año recibe en Matanzas, el 17 de noviembre, vísperas de su 74 cumpleaños, el homenaje del movimiento titiritero nacional en el Teatro Sauto, la Galería El Retablo y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) provincial. En mayo de 2012, durante el 21 Congreso Internacional de UNIMA, celebrado en Chengdú, China, se le concede la categoría de Miembro de Honor de UNIMA Internacional. Mireya Cueto ostenta igualmente la distinguida condición.

La mexicana falleció a los 91 años, el 26 de abril de 2013, en su tierra natal. La cubana a los 85 años, en Nueva York, el 10 de noviembre de 2012. Ambas se abrazan titiriteramente en el olimpo de los juglares, teatreros y cómicos de la legua. Es un abrazo donde México y Cuba, países hermanados en historia y cultura, dejan a través de  la trayectoria siempre vital de estas magníficas mujeres una huella profunda, delicada e indeleble.

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