Un Cabildo en Los Sitios

Eileen Sosin • La Habana, Cuba

Alguien que pasó pidió de comer. “Espere un momentico, enseguida le traen el desayuno”. Recién había amanecido. La casa suele servir almuerzo, aunque por esta vez se hace una excepción: para la próxima debe traer recipiente y carnet de identidad. Son muchos – enfermos, ancianos, casos sociales- quienes al mediodía prueban la sazón de Isabel, la cocinera. Aun así, en el Cabildo Quisicuaba el “plato fuerte” son los alimentos del alma.  

“De la puerta hacia adentro somos una asociación religiosa, hacia la calle está nuestra proyección comunitaria”, explica el presidente de esta iniciativa sociocultural, Enrique Alemán, a quien todos llaman “doctor”, no solo porque es médico de profesión, sino también en señal de respeto.

“¿En qué medida lo religioso influye en el trabajo social?: en la promulgación de valores humanos, porque es la expresión de la generosidad y el altruismo de religiosas y religiosos cubanos de hoy; pero los caminos de la fe son otros, si no nuestro proyecto fuera excluyente”.

El número 22 de la calle Maloja, en el barrio Los Sitios, recibe a niños y abuelos, hombres y mujeres, gente de todos los colores. Exposiciones, talleres y peñas de danza, literatura, teatro, música y artes plásticas, devienen “pretexto” para incidir en los proyectos de vida individuales y familiares. Fundamentalmente allí donde más duele, donde más hace falta: contribuir a la reinserción de exreclusos, modificar actitudes proclives a la delincuencia, orientar a alcohólicos, pacientes de VIH, madres solteras.

Semejante empresa cívica debe cuidarse del paternalismo, la compasión, las intenciones mesiánicas. “La gente son el proyecto, el ente a transformar tiene que ser el transformador de su propia obra. No somos la solución de nada, nos hemos involucrado en los problemas que tenemos, para estudiarlos, en primer lugar, y después poder accionar sobre ellos de forma tangible”.

Según consta en los textos que sirven de base al Cabildo, se trata de establecer un espacio de socialización, donde estimular la inteligencia y creatividad colectiva, teniendo en cuenta las particularidades del territorio. Sus objetivos buscan cultivar los valores, la espiritualidad, fomentar la salud y autorresponsabilidad.

Imagen: La Jiribilla

Entonces participar viene a ser presupuesto y finalidad, a un tiempo. “Yo soy vecino, nosotros somos comunidad. O sea, no es un proyecto de intervención, nadie nos vino a entusiasmar con la idea de aplicar un esquema de trabajo. La comunidad reunida, responsabilizada con su entorno y su momento histórico, se dio cuenta de que había que cambiar”.

Si hablamos de empoderamiento, tradiciones, historia y cultura local, la educación popular resulta una herramienta por excelencia, porque “nos da un presupuesto, un recurso metodológico para poder enfrentar la acción”. A su vez la perspectiva de género tamiza buena parte del quehacer, sobre todo en el ámbito intrageneracional y doméstico. Aquí se incluyen labores para prevenir y reducir la violencia familiar y el “sexo transaccional”, así como la mediación de conflictos con grupos LGTB.

Su divisa es el respeto a la diversidad cultural, entendida en sentido amplio, como “modos de actuar, colores de la piel, expresiones orales, gastronomía, bailes, formas de caminar y conducirse…” Los primeros domingos de cada mes la cuadra es tomada por esa heterogeneidad de expresiones, muestra de las actividades realizadas periódicamente, en una gran peña donde no faltan cantos y rumba.

Todo ello cuenta con un acompañamiento en materia investigativa y académica, a partir del Seminario Andrea B. Zabala (abuela de Alemán y fundadora de la institución religiosa, en 1939), escenario de cursos, seminarios, diplomados y conferencias.

Imagen: La Jiribilla

Entran a funcionar entonces las alianzas estratégicas con numerosas instituciones, como la Fundación “Fernando Ortiz”, el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS),  la Casa de África, el Instituto Juan Marinello, la Universidad de La Habana y el Instituto Cubano de Antropología, entre otros. El presidente de Quisicuaba confirma que la transdisciplinariedad y el enfoque intersectorial también constituyen metas importantes.

Asimismo, los vínculos con la Asociación Culinaria y la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA) han permitido encauzar laboralmente en esas especialidades a varios participantes, mediante opciones de capacitación y superación.

Mientras, juntar empeños con las autoridades municipales redunda en pavimentación, murales educativos y fachadas remozadas. “Tratamos de enseñarles a los decisores lo que hemos aprendido, para que lo repliquen, y también aprender de ellos”.

Entre las 70 personas que integran el grupo gestor, está un sociólogo, cuya tarea al parecer “se cae de la mata, pero no es así”. Andrés Hernández comenta que a veces algunos programas están mal encauzados, por eso “el rol primero del sociólogo es guiar los diagnósticos comunitarios, confeccionarlos, y después crear un plan de acción en correspondencia”.

Luego, a lo largo de la implementación, habrá que ver el impacto en las diferentes poblaciones, estar pendiente a cómo se van desenvolviendo las prácticas, darles seguimiento. “Todos los días uno se encuentra un reto diferente”.

Donde hoy está el municipio Centro Habana, se asentaron durante el siglo XVI los negros kissis, en caseríos llamados cuabales. Fusionando los dos vocablos nace el nombre Quisicuaba para esta zona de la ciudad extramuros.

Imagen: La Jiribilla

Un rosario de condecoraciones (Premio Memoria Viva 2011, Premio Nacional del Barrio 2012, Reconocimiento Honrar honra 2014…) avala la experiencia del Cabildo, no exenta de facetas duras. “Definitivamente te expones - dice Alemán-, física y psicológicamente; lleva un desgaste, pero es un hermoso desgaste”.

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