Al compás del danzonete

Josefina Ortega • La Habana, Cuba

El primer danzonete “Rompiendo la rutina” hizo furor. Sin embargo, su historia, —lo contaba su “creador”, el flautista y director de orquesta Aniceto Díaz (Matanzas, 1887-La Habana, 1964) — no comienza con su estreno el ocho de junio de 1929 en los salones del Casino Español de la ciudad de Matanzas. “Es el caso que yo vivía del danzón”, pero este estaba agonizando ante la avalancha del son, un nuevo ritmo, que con el fox, lo desplazaba.

“Recuerdo que una noche, en ocasión de hallarme tocando en un baile con mi orquesta, observé que el público no bailaba”.  O mejor dicho, que solo lo hacía cuando un sexteto con quien alternaba en esa ocasión, interpretaba el nuevo género cantable y bailable llegado del oriente cubano.

Dicen que ello sucedió en el mes de mayo de 1929, en un baile en el pueblo de Alacranes, en Matanzas, y esa noche, el desairado músico le confiesa a su esposa: "El danzón se acabó".

Cierto es que el son de aquellos días —un montuno de ocho compases— tenía el inconveniente de una cierta monotonía. Con todo, las voces ampliaban sus recursos y hacían menos notable su escasez de timbres orquestales.  “De estas observaciones calladas, con el acicate de la competencia que el Sexteto implicaba, y con ese orgullo artístico, profesional o de hombre que no podía saberse condenado a la inanición sin rebelarse, brotaron en mí —de mí— las modalidades que irían unos días después en el danzonete”, declaró el reconocido músico matancero.

La variante fue muy lógica, fundir el danzón con el son, eliminar el cinquillo y colocar al cantante como protagonista, creando el danzonete con el primer título: “Rompiendo la rutina”.

“El viejo danzón —según Aniceto Díaz— no ofrecía nada nuevo a los bailadores. Desde Miguelito Faílde, pasando por Valenzuela y demás destacados cultivadores del danzón, éste no había cambiado. Era un género que parecía caduco. Decidí partir del danzón respetándolo, pero transformándolo en otro género que participara de las innovaciones que nos traía el son: voz humana y ritmo unánime”.

De la noche a la mañana la agrupación del creador del danzonete fundada en 1914, fue muy solicitada en las fiestas de los salones de baile de la sociedad matancera, tanto que el propio Aniceto —según se cuenta— tuvo que cerrar su pequeño establecimiento, montado en su casa de la calle Milanés 50, donde vendía instrumentos, accesorios y ediciones musicales.

Así, el 24 de noviembre de 1929, la orquesta de Aniceto Díaz actúa en la inauguración de la primera radioemisora de Matanzas, y entre 1931 y 1934, se presenta en La Habana como todo un triunfador.

La aprobación fue general, como dijo el amigo y cronista musical Rafael Lam. En todo el país se escuchaba el danzonete, y en la radio de la capital fueron recibidos como una gran novedad. Lo acompañaban dos cantantes y una pareja de baile. Aquello impactó. No olvidemos que el danzón era sin cantantes. Rápidamente el sello Brunswick le graba “Rompiendo la rutina”. ! Qué más se podía pedir!

Entre los cantantes más famosos que cultivaron el género se recuerdan a Abelardo Barroso, Fernando Collazo, Pablo Quevedo, Artuto Aguiló, Alberto Arroche, Joséito Fernández  y Paulina Álvarez, la bien llamada “emperatriz del danzonete”.

Sin embargo, el danzonete fue un género que tuvo corta vida, aunque logró —al decir de la especialista María Teresa Linares—  la adopción y uso del cantante por la orquesta charanga, el cual ejecutaba todas las melodías de moda, ya fueran boleros, criollas, canciones o guajiras.                                                      

En 1944 Aniceto Díaz se instala definitivamente en la capital, donde organiza una nueva orquesta con sus hijos, además de otros músicos. Después que pasó de moda el danzonete su creador se dedicó a la enseñanza y a la afinación de pianos, hacia el año 1947.

Otros danzonetes de la autoría de Aniceto Díaz fueron “El trigémino”, “Zona Franca”, “Ahora sí me siento feliz”, “Dame la luz” y “El diablo tun tun”. También otros músicos como Antonio María Romeu, Miguel Matamoros y Fernando Collazo compusieron obras de este género. En México gustó mucho, y las danzoneras lo interpretaron y grabaron.

Vaya, pues, la letra de “Rompiendo la rutina”, el primer danzonete:

Allá en Matanzas se ha creado

un nuevo baile de salón,

con un compás muy bien marcado

y una buena armonización.

 

Para las fiestas del gran mundo

de la elegancia y distinción,

será el bailable preferido

por su dulce inspiración.

 

Estribillo

Danzonete, prueba y vete,

yo quiero bailar contigo

al compás del danzonete.

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