Seamos realistas

Los tiempos que corren, convulsos como el azogue de un termómetro, no se dejan atrapar en escena por la mirada que transpire complacencia. No nos engañemos, este, como todos los tiempos, es difícil para el teatrista que no se conforme con la estéril dicotomía de pretender mostrar el lado bueno y lo malo de la realidad que le toca vivir, aun en el lugar más apartado del mundo.

Nunca ha bastado al teatro con intentar reflejar  esas contingencias y caracteres sumidos en el desorden cósmico de los humanos, en una sociedad determinada. Este si quiere ser verdadero y profundo requiere de una interpretación reflexiva y lúdicra cuyo mayor asidero es la transgresión propia de la poesis.

Imagen: La Jiribilla

Y es esa la mayor virtud y potencia de un títere, provenir de ese reino donde todo es posible y alcanzable, donde lo mágico y lo desacralizador anidan como la substancia misma de su razón de ser y su proyección. Un títere o figura animada en un escenario nunca es una reducción sino una fuente inmanente para abrirnos a sensaciones, sentimientos y alcances que su matriz, el ser humano, el artista que lo anime, solo es capaz de alcanzarlo en el ámbito de los sueños y en el instante mismo de darle alas y aliento, en escena.

Pues son estos los que nos alientan con su desparpajo y osadía, revelándonos ámbitos novedosos, a proseguir en el afán de alcanzar un mundo donde el pan nos sea más dulce y la música del alba al penetrar en nuestros sentidos nos refuerce, en la necesidad de proseguir transformándonos en mejores, en una realidad más equitativa.

Imagen: La Jiribilla

Para eso nunca serán suficiente técnicas, experiencia y sabiduría sino no nos enfrentamos desde un retablo al espectador, en plazas o teatros, con el afán y necesidad de descubrir nosotros, con el algo que nos es propio y que se nos revelara en esa función única.

Desde el espejo de Alicia, las travesuras de Tom Sawyer, la rosa del principito, la candidez de Nené traviesa y la sonrisa de  Pelusín, como tantos otros, ellos y ellas están prestos para convidarnos a estar alertas y propicios a la aventura de la representación y a darnos el coraje de asumir lo que debe ser cambiado en nuestro proceder y lo que nos rodea:"Seamos realistas soñemos lo imposible".

 

El dramaturgo Gerardo Fulleda León, Premio Nacional de Teatro 2014, escribe las palabras del mensaje cubano por el Día Mundial del Títere, el 21 de marzo. Coincidente con esta fecha es el aniversario de nacimiento del maestro titiritero Pepe Camejo, fundador junto a su hermana Carucha Camejo y Pepe Carril, del Teatro Nacional de Guiñol, y la desaparición física de la inolvidable narradora, poeta, periodista y también dramaturga Dora Alonso, creadora junto a Camejo del títere Pelusín del Monte.

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