A propósito de la edición en Cuba
de Apuntes filosóficos

María del Carmen Ariet García • La Habana, Cuba

Esta edición nos complace por varias razones, teniendo en cuenta el esfuerzo realizado por la editorial Ciencias Sociales, que al seguir su tradición guevarista contribuye a que el lector cubano pueda tener en sus manos documentos que durante mucho tiempo permanecieron inéditos y que, sin duda, han favorecido un mayor conocimiento de la integralidad del pensamiento del Che y, en particular, porque destacan aristas de ese pensamiento que son esenciales para determinar las bases y objetivos de muchas de sus tesis e ideas.

El libro Apuntes filosóficos, sobresale porque, a través de su lectura, se podrá comprender con mayor profundidad el peso y la prioridad que le otorgara el Che a la Filosofía en general y, en particular, a la Marxista, como elementos intrínsecos a su pensamiento.

Imagen: La Jiribilla

El libro es el resultado de una larga investigación desarrollada por el Centro de Estudios Che Guevara, que comenzó por el ordenamiento y transcripción de los documentos sobre el tema, dentro de sus líneas de trabajo investigativo; después su organización, con una mirada retrospectiva que permitiera entender el carácter primigenio que ocupan esos manuscritos en la obra del Che y, posteriormente, corroborar, a través de ellos, la presencia e importancia de la Filosofía en su obra y sobre todo su transversalidad en la misma.

Es importante explicar, brevemente, qué va a encontrar el lector al revisar y leer el texto, porque aunque pudiera ser de interés de un público diverso, creo que el libro es muy necesario para estudiosos de su pensamiento y, en particular, de su pensamiento filosófico.

El orden temático dado al libro parte de una síntesis de aquellos Cuadernos filosóficos que comenzó a redactar, con apenas 17 años, y con un sentido muy particular, a través de los cuales se puede comprender un método de trabajo y de búsqueda investigativa desde una etapa tan temprana de su vida. Se puede, indudablemente, percibir un ascenso cualitativo del conocimiento, en la medida que avanza en la aprehensión de la cultura y las distintas materias de su interés, como es la Filosofía, pero es necesario resaltar el punto de partida y sus esencias, a los que no renunció nunca, y constancia de ello es que los llevara en su archivo ambulante durante sus recorridos por América Latina y después, al triunfar la Revolución cubana, los trae desde México —donde se habían quedado guardados—, Roberto Cáceres, el Patojo, su amigo guatemalteco, compañero de ideas y de sueños y quien muriera luchando por la liberación de su país, años más tarde.

Insisto en la importancia de ese dato, porque una persona tan disciplinada en sus anotaciones y método de trabajo si no hubiera comprendido el valor de sus contenidos no los hubiera tenido en cuenta, muy por el contrario, los hubiera desestimado. No se tiene una certeza exacta de cuánto los pudo haber consultado después, pero de lo que sí se puede estar seguro, y lo podrán corroborar, es que continuó sus estudios por el mismo camino, con la misma intencionalidad, solo que otorgándole un peso esencial al marxismo; con la misma meticulosidad que cuando escribió al final de uno de los cuadernos de juventud una relación de lecturas realizadas por él en su segundo viaje, en particular, sobre temas filosóficos, y que se reproduce en el texto que les proponemos. Además,  se ha demostrado que en la biblioteca personal de su casa en Cuba guardaba parte de esos libros debidamente subrayados, desde esos lejanos años de terco aventurero como llamó a los recorridos que hiciera por nuestra región.

El volumen también incorpora el contenido de los denominados por el Che Cuadernos económico-filosóficos y Citas varias (como se sabe lo referido a temas económicos fueron publicados en el libro Apuntes críticos a la Economía Política), siguiendo el mismo patrón que sus cuadernos juveniles, y que recogen anotaciones de las Lecciones sobre la historia de la Filosofía de Hegel, de los clásicos del marxismo y de otros autores marxistas contemporáneos, la mayoría sorprendentemente anotados mientras permaneció en el Congo, Tanzania o más tarde en Praga.

Por supuesto, aunque no contamos con todos los materiales que estudió y escribió durante su estancia en Bolivia, se incorporaron en el libro algunas de sus anotaciones, que no por su brevedad dejan de tener una importancia vital, y a los que se les han denominado Cuadernos de lectura de Bolivia. Entre las acotaciones más significativas se encuentran autores como Lukács, Trotski, Wright Mills y, por supuesto, Marx y Engels, entre otros.

¿Por qué se decidió denominar un apartado del texto “A modo de introducción”? Precisamente, porque como hemos explicado este es un libro de apuntes, una especie de guía para sustentar cualquier estudio sobre el pensamiento filosófico del Che y también, quizá, para los investigadores de su obra que deseen completar su empeño mayor, que era la redacción de dos manuales —de Economía Política y de Filosofía—, “para darle así más cultura al pueblo y a nuestros cuadros políticos”, utilizando sus propias expresiones.

Imagen: La Jiribilla
Carta del che para ordenar sus textos
 

Gracias a la carta que le enviara a su compañero y amigo, Armando Hart, a finales de 1965, encontrándose en Tanzania, después de la contienda del Congo y que hemos empleado como una especie de prólogo o introducción, se puede comprender con mayor claridad el propósito de sus apuntes y por qué no, de sus cuadernos de juventud.

Eran momentos muy complejos y definitorios en el actuar revolucionario del Che, con decisiones trascendentales sobre su futuro internacionalista y su vida personal, porque, además de comprender e interpretar los grandes problemas que estaban resquebrajando el futuro del socialismo existente y que lo llevan a la reflexión crítica, creadora y constructiva a la vez —por intermedio de notas y apuntes—, toma la decisión de luchar por la plena soberanía de nuestros pueblos como la alternativa más revolucionaria y genuina, desde su óptica transformadora. Sin embargo, más allá de esas decisiones prácticas, bien conocidas por todos, no cejó en el empeño de plasmar ideas sobre un plan de estudio que consideraba imprescindible y que se empeñó en cumplir, como se puede apreciar en las páginas editadas, hasta el final de su lucha.

El plan, como él mismo expone, “es un trabajo gigantesco pero Cuba lo merece y creo que lo pudiera intentar”. Esas palabras cobran hoy un significado especial que puede impulsar, sobre todo, a los jóvenes estudiosos e inquisidores del conocimiento, a iniciar una búsqueda de caminos distintivos que sirvan de acicate para encontrar métodos adecuados e ideas propias. En este sentido, se impone recordar la carta que escribiera como despedida a sus padres cuando les expresa que: “nada ha cambiado en esencia, salvo que soy más consciente, mi marxismo está enraizado y depurado” y sostenido por “una voluntad que he pulido con delectación de artista…”. 

 

Versión editada del texto leído durante la 23 Feria Internacional del Libro de La Habana, febrero, 2014

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