Apuntes sobre una experiencia de riesgo y desteatralización

Iván Solarich: “Yo solo soy un actor”

Fernando León Jacomino • La Habana, Cuba

El teatro, desde su nacimiento hasta hoy, se ha visto obligado a desplegar  numerosas estrategias de sobrevida, incluidas las que le impuso el siglo veinte con su vertiginoso crecimiento de las tecnologías de la comunicación. Inventos como el  cine, la radio y la televisión, que al principio parecían decretar la muerte del arte teatral, devinieron acicate para una labor de profundización que potenció los niveles de expresividad del emisor. Así, por sobre el realismo del cine, la ubicuidad de la radio y la inmediatez de la televisión, renacía un arte milenario y tenaz, insustituible en su capacidad  de interlocución activa con el espectador. Pero no serían estos los únicos escoyos.   

El nuevo siglo y su bombardeo de información no discriminada nos enfrentó con un espectador de nuevo tipo, tan ávido de titulares como evasivo a los misterios y complejidades de la elaboración artística. D