A los 50 años de la EGREM

Sueños y avatares del disco cubano

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

A diferencia de otros emprendimientos discográficos en el mundo, la EGREM (Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales) nació al borde de una emergencia. Ni reportes de factibilidad ni investigaciones mercadotécnicas. En marzo de 1964 había que dar continuidad, reorientándola en el contexto de las transformaciones revolucionarias de la época, a la producción discográfica cubana, responder a las necesidades de los creadores y satisfacer las urgentes demandas del público.

La base tecnológica fue heredada del sello Panart, pionera de las discográficas de capital cubano fundada en 1944, la que a su vez había pasado a formar parte, luego de la nacionalización por exigencia de sus propios trabajadores,  de una división de la Imprenta Nacional de Cuba en 1962, en la cual colaboraron la musicóloga María Teresa Linares, el compositor y guitarrista Leo Brouwer y el grabador Medardo Montero, quien sería fundador de la EGREM.

En tiempos pretéritos, Panart, junto a otras pequeñas disqueras, habían intentado romper la dictadura de RCA Víctor y su hegemónica cadena de distribución. La mayoría de los artistas cubanos se debían, desde los albores de la industria fonográfica, a esa entidad norteamericana.

Al establecerse el férreo bloqueo contra Cuba por parte de las administraciones norteamericanas, la discografía cubana estuvo a punto de colapsar. Quedaron interrumpidos los insumos para la fabricación de discos, sin piezas de repuesto los equipos en los estudios, y sin salida al mercado internacional.

Se trata de una historia que no se puede desconocer a la hora de explicar cómo la EGREM sacó la cara y ejerció por largos años, hasta entrados los 90,  el dominio absoluto del negocio de la grabación y la circulación del disco en el país.

Imagen: La Jiribilla

Suele hablarse del potencial atesorado en sus archivos: miles y miles de matrices de grabaciones prexistentes, un caudal que ha permitido a la empresa concebir productos exclusivos en la línea del rescate y promoción de las tradiciones. Sin embargo, no se ha subrayado lo suficiente el patrimonio que ha ido generando la EGREM, por sí misma, en su medio siglo de existencia. Desde los álbumes iniciales de Chucho Valdés y su combo hasta la saga de Buena Fe, cientos de registros abarcan una variedad de géneros, estilos y formatos impresionante que abarcan las tradiciones rurales y urbanas, los nuevos desarrollos de la música bailable y la canción, la música de concierto y la creación para niños.

En la actualidad sigue siendo la mayor compañía cubana encargada de la producción y circulación, dentro y fuera de Cuba, de fonogramas en diversos soportes, con recientes incursiones en la rama audiovisual, e integra además la prestación de servicios culturales y comercialización de presentaciones artísticas, en el país y  el exterior, asociados a la promoción del catálogo propio y de la música cubana en general, así como de la programación de giras internacionales de los artistas que representa.

La apertura de los Estudios Siboney, en Santiago de Cuba, por iniciativa del Comandante de la Revolución Juan Almeida, extendieron las posibilidades de grabación de los artistas radicados en el territorio oriental de la Isla, pródigo en exponentes musicales.

Imagen: La Jiribilla

Entre sus valores patrimoniales están los míticos estudios de la calle San Miguel, en La Habana, los cuales conservan las características sonoras y ambientales propias de las antiguas casas disqueras.

Por estos días, en medio de la celebración del cincuentenario, me he preguntado cuál será el destino de la EGREM —dejo al margen otras misiones que ha venido asumiendo, como la gerencia de las Casas de la Música— en circunstancias cruciales para el ámbito fonográfico universal, marcadas por abruptos y delirantes cambios tecnológicos y de soportes y la globalización unidireccional de las industrias culturales.

El verdadero valor de lo que pueda hacer la EGREM en lo adelante pasará por grabar lo mejor de la música cubana —fortaleza que depende de su calificado departamento de A & R (artistas y repertorio) — y hacerlo con los más elevados parámetros cualitativos. Lo mejor no quiere decir solo lo que está de moda, sino lo que implique modos auténticos de ser. Las 50 producciones que saludan los 50 años de la empresa, más allá de cuestionamientos puntuales, debe dar la medida de la relación entre diversidad, representatividad y calidad con que deben empinarse los sueños de la EGREM.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato