Literatura

¿Sombras nada más?

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

En primera instancia y a simple vista, Para matar la sombra (Ediciones Unión, 2009), de Ana Luz García Calzada, pudiera considerarse un divertimento. Compuesta a manera de confesiones plasmadas en el diario que lleva una mujer, la novela, escrita con lenguaje más que entendible, ligero, esconde de  manera auténtica la sensorialidad femenina. Bajo el disfraz de una comicidad que si bien se logra, no constituye el exclusivo núcleo alrededor del cual giran acontecimientos que tienen que ver con el arte amatorio en casi todas sus variantes, afloran pensamientos y percepciones muy propios del universo femenino. No es casual que la voz narradora sea la de una mujer, quien cuenta su día a día a otra. Ni que los personajes sobre cuyos hombros descansa el grueso de los acontecimientos sean femeninos, ni mucho menos que el obsesivo afán por describir imágenes turbias, penumbrosas y al fin develadas en toda su magnitud, sea perseguido y llevado a cabo por una mujer.

Imagen: La Jiribilla

Esta novela, que no aspira a resultados estridentes, que no es pretenciosa ni abarcadora, y por todo ello, legítima y peculiar, muestra las disímiles rutas a través de las cuales es posible lograr el reflejo de lo más profundo del alma femenina. La protagonista se va desnudando todo el tiempo que tardan las 150 cuartillas en mostrarla tal cual es, sin tener que aparentar (más bien violando) el cumplimiento de cánones morales y de preceptos establecidos durante siglos de dominación masculina. Si bien es cierto que los hombres de esta novela  reciben nomenclaturas inespecíficas como El Chino, El Susodicho, El Animal, El Tatuado, El Novio, queda claro que la  mayoría de estos seres encarnan lo peor del género masculino. Esto, dicho así, pudiera parecer agresivamente discriminatorio, pero el resultado es el de una conmiseración hacia la limitada capacidad intuitiva que suele mostrar el mundo de los hombres. Si acaso, hay un ejemplar de dicho sexo que escapa de tales consideraciones: El Conde de Cagliostro. Giuseppe, también llamado Alessandro,  aventurero italiano, vivió 52 años de la forma más intensa y rocambolesca posible. Alcanzó fama en la Europa de 1700 gracias a sus poderes reales o ficticios en el campo de la Medicina, la hipnosis y la alquimia en general. Sus prácticas en dichos campos, que inicialmente le otorgaron beneficios que imaginamos sustanciosos, terminaron por condenarlo a la prisión donde murió, gracias a la férrea Inquisición de la época, que lo acusó de hereje, como era previsible.

Ana Luz, sin pedir permiso a nadie ni en Italia ni en ningún sitio, se apropia de esta atractiva historia, para  convertir a su personaje principal en tataranieta de Giuseppe, conde de Cagliostro. La Tía Tula, nieta directa de Alessandro y ser fundamental que guía el desafuero de la protagonista, ha dejado varias herencias puntuales, como se comprueba en el hermoso final de la novela. Antes del desenlace, cabe destacar la  lista de recetas que aparece oportunamente en estas páginas. La relación de pócimas, embelecos y ensalmos constituyen, sin duda, momentos de elevada comicidad, un ejemplo de lo que sería la fórmula que permite alcanzar el don de la telepatía, por si alguien aspira a ese poder, paso a brindarla tal como aparece en la página 75: cuatro alas de luciérnaga, dos colas de alacrán azul, tres patas de araña “pelúa”, una uña de gavilán y tres cucharadas de “laputaelamadrequelaparió”.

Un rasgo que me parece notable en Para matar la sombra es la combinación de su lenguaje popular, llano y en apariencia simplista, con alusiones a la sólida cultura que posee su autora, no por gusto Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericana. Como al pasar, sin que pretenda impresionar al público lector, Ana Luz deja caer, a través de las confesiones de la mujer que narra y que carece de nombre propio, su admiración hacia figuras del arte mundialmente reconocidas, tanto en el  campo de la pintura como en el de la literatura. La descripción de las sensorialidades de la protagonista, resultan de un gusto exquisito, aunque el objetivo que persigan sea tan terrenal como un orgasmo bien logrado. Ejemplos de esto son las expresiones siguientes, que describen lo que sucede ante la inminencia potencial del placer físico: Una balada antigua, de ritmo suave, suntuoso, lento; un rumor de sangre corriendo a borbotones como un mar embravecido, distante y cercano; un árbol al que de pronto le brotan todas las flores. Y aparecen en las páginas 13, 34 y 49, respectivamente.

Por último, me gustaría referirme al título de la novela. Es una sola y varias a la vez las sombras que sobrevuelan las peripecias amatorias que suceden, y que, a manera de cataratas, van desgajándose en abanico. La ya mencionada Tía Tula ama y desea matar la sombra de un amor que resultó frustrado, y cuya representación solo descubriremos, al igual que su descendiente, en las cuartillas finales. Sombras entre vidas de boleros son las melodías preferidas de la voz narradora, y es también la excusa perfecta para la declaración que pronuncia la protagonista. El eje verdadero de esta novela no es ni causar hilaridad ni contribuir a la liberación sexual, o al menos no me parece que sean estos sus únicos objetivos, sino denunciar.   
“Las sombras ancestrales de todas las mujeres, sombras hastiadas de tanta frustración, de tanta subordinación y control, de tanto cumplir con los deseos y pensamientos de otros, sombras travestidas con la apariencia de un ramo de flores” (para emplear palabras de la novela) son quienes guían y conducen la irreverencia y la aparente desfachatez que algunos puedan encontrar en estas páginas.

Como dije al inicio de mi comentario, solo en la superficie es ligera la necesidad de matar cierta sombra. El verdadero anhelo no es eliminar una penumbra que después de todo, no molesta por su condición etérea, sino experimentar y asumir el cambio de la suerte, del destino, de aquello que nos ha sido asignado tradicionalmente a las mujeres. Aunque una escritora de amplia trayectoria como Ana Luz García Calzada haya escogido para el cierre de esta novela la falta de coraje de su protagonista, quien prefiere huir de lo que sabe inevitable, su destreza narrativa y el engañoso juego del cual nos hace partícipe, la señalan como una voz  auténtica en la literatura cubana.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato