Conversación con José Rodríguez:

Un batiscafo en los mares de la conservación del patrimonio musical

Rolando Silven • La Habana, Cuba
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Deambulando como nota musical por los pasillos de Areito, parte de los Estudios de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM), he dado con José Rodríguez, quizá el productor musical cubano que más trabaja en el rescate del patrimonio sonoro nacional en estos tiempos.

Rodríguez es de andar pausado, lento como un adagio, tal vez por la tanta sonoridad que le acompaña hace casi tres décadas. Quise hablar de su labor y de la más antigua casa discográfica de Cuba que cumple medio siglo. Pero con José, el sensible productor, este mecenas musical, y Rodríguez delante, hay mucho de qué hablar.

Imagen: La Jiribilla

Preservar el patrimonio para salvar la memoria

¿Qué hay de sus proyectos actuales, esos abocados al rescate del patrimonio musical nuestro?

Desde el pasado año estamos trabajando en varios discos que recogen obras de figuras memorables de la música cubana, como canciones de Mercedita Valdés, las Estampas, Cuentos y Poemas de Luis Carbonell, un segundo volumen de las Cinco Leyendas, uno de los CD más vendidos de la EGREM, que agrupa a los grandes del Buena Vista Social Club Ibrahim Ferrer, Omara Portuondo, Compay Segundo, Rubén González y Eliades Ochoa. También está en proceso un álbum con interpretaciones de Elena Burke en vivo. Son trabajos que demandan mucho tiempo y dedicación, por la antigüedad de los archivos y el respeto que siempre se tiene por sus fundamentos originales.

Las labores de rescate dependen de muchos factores: necesidad cultural, disponibilidad económica de la casa matriz para ese momento, interés comercial, por qué no, pero de manera general, no es una política dirigida exclusivamente a “desempolvar”, sino que es ya parte de nuestra esencia. La EGREM ha apostado por casi todo, confiando en la gente joven y los consagrados por igual, creemos en el talento. Siempre la casa ha tratado de estar a tono con las últimas tendencias, aun cuando se han producido discos cuya su venta no recupera la inversión, pero ahí están, porque tienen su público, sus amantes.

Cuando hablamos de la EGREM no nos referimos solo a la más antigua casa productora de Cuba, aludimos también, a mí entender, a la de mayor permanencia. Esa es una parte esencial para ganarte la confianza de las agrupaciones y su público.

Sin embargo, hay otras maneras de contribuir a la defensa del patrimonio, por ejemplo, aquí llegan muchos intérpretes jóvenes que incluyen en sus discos temas antológicos, a veces muy silenciados y algunos ignorados hasta por nosotros mismos. Y grabar esas cosas, es una vía también de recuperar la memoria musical.

En el 2014 celebramos todo eso, y esperamos que vengan y se asuman más proyectos. Estamos de fiesta en verdad, cumplimos medio siglo de trabajo serio, de entrega, y con todos los que laboran aquí la música cubana también se celebra, porque reconoce en nosotros la cuna de la grabación discográfica. Por aquí han pasado los artistas más importantes de la Isla, de todos los géneros y tendencias. Fuera de Cuba también es el sello disquero más reconocido, las personas lo asocian a la buena música, a los buenos artistas, y por supuesto, a la calidad de sus productos.

Defender o vender

Hay quien asocia el trabajo del productor a una sola finalidad: vender por encima de todo, ¿comparte esa idea?

Vender un producto y defender sus valores culturales no son conceptos reñidos, en lo absoluto. A mi gusta unir ambas cosas, es decir, que desde un primer momento de la producción se piense en todo. Cuando hablamos de casas productoras nos referimos a un centro que comercia, de cualquier manera, y donde se aspira a insertar lo que se hace en un mercado, acercarlo a un público.

Ahora, el objetivo es conformar un producto con valores culturales y comerciales, con capacidad de venta, por encima de todo. Pero claro está, existen discos que hay que rescatar, se vendan o no, porque valen mucho más, su “quilate” está en que forman parte de la memoria cultural del pueblo.  Estos se insertan en una tradición, que puede estar viva o muerta, y esta última, la más atacada por el tiempo y el olvido, requiere mayor defensa. Me refiero, por ejemplo, a todas esas canciones hechas en los campos de Cuba, los sones, las guarachas, que surgieron en un momento en que no estaba tan desarrollada en la Isla la industria discográfica.

Los conceptos de los que hablamos pueden transitar perfectamente en un mismo sentido, con la fácil coexistencia de un tema de Barbra Streisand y otro de María Teresa Vera radiados en un solo espacio. Hay que trabajar para vender lo bueno.

¿En tal sentido, la fundación de la EGREM parece responder a una política cultural que tiene en cuenta todo eso?

Cuando se funda la EGREM en 1964, —porque 20 años atrás funcionaba como los Estudios Panart— se percibe una apertura a la gran creación musical de la Isla. Desde entonces fue la única en el país dedicada a esas labores. Hoy, en medio de un escenario cultural compartido con varias casas discográficas,  seguimos impulsando la comercialización de soportes musicales, prestamos otros servicios al artista, promocionamos catálogos y giras y defendemos la música cubana en general.

Sin comparar con lo que en otro momento se hizo o se dejó de hacer, hoy podemos decir que contamos con una empresa muy sólida. Por supuesto que la música es un interés cultural de toda Cuba, lejos o cerca de políticas culturales, el pueblo la lleva dentro.

La producción musical cubana en el nuevo contexto

¿De qué adolece la producción musical cubana?

El mundo ha vivido muchos cambios en la esfera musical, no me refiero propiamente a la diversidad de géneros, sino a la industria en sí, indisolublemente ligada a la tecnologización. Hoy estamos en otros tiempos, de cierta soberanía en cuanto a qué se quiere escuchar. La gente descarga infinidad de temas por Internet, los recopilan en un disco, los divulgan a su manera, es decir, hacen una suerte de producción personal. Como lo harías tú si quisieras unir a Mercedes Sosa con otro de tus preferidos, esas posibilidades son infinitas en la actualidad. Qué sucede, que fuera de Cuba se compra mucha música por Internet y se piratea también. En la primera instancia, no afecta mucho, la compraste y puedes hacer lo que desees con ella, en el otro sentido no. La música cubana, su producción en general, trata de abrirse al mercado mundial, lo va logrando, faltan cosas pero se trabaja. Nuestras disqueras están lejos, en cuanto a sus producciones, de potenciar solo lo que se vende, y eso se debe, en parte a que los productores confían mucho en lo que hacen, en la música nacional, en sus valores.

¿Cómo afecta a la EGREM la piratería?

 A la industria discográfica nacional, no solo a la EGREM, la piratería le toca desde otro ángulo, porque en su mayoría la música que aquí se hace no es la más pirateada, y eso se constata claramente en los estanquillos particulares de venta, donde no abundan los géneros e intérpretes cubanos, sino los extranjeros. Todavía no es un fenómeno gigantesco en la Isla, como en otros lugares. Si encuentras un disco de temas tradicionales, trova, sones, etc., quizá sea para un mercado extranjero.

Y esa “libertad” que tiene el público hoy de escoger qué escucha, qué compila y divulga, respetando gustos, claro, ¿no va en contra del criterio del productor especializado, que intenta socializar valores?

Sucede que el trabajo del productor contiene, o debe contener, un criterio. Desde la propia selección de temas para un CD, las recomendaciones a un autor, o la información que se le adhiere a la simple carátula, lleva en sí ese criterio, que no es otra cosa que la intencionalidad, la pretensión.

Hay personas en el mundo, melómanos, coleccionistas, que tienen millares de discos, de todos los géneros, de autores completos. Y te das cuenta que ellos tienen un criterio, que lo defienden, y lo ves en su forma de ordenar sus archivos, etc. Pero no siempre tienen un conocimiento profundo. Ese es un riesgo.

Nos estamos despidiendo, pero aún no hemos hablado de usted

Me he dedicado durante años al rescate de la música cubana, sobre todo, la que está condenada a cierto olvido… así de simple. Yo era desde joven un gran consumidor de música, melómano, coleccionista. Hoy trabajo quizá, para otros que como yo se apasionan en demasía por las melodías.

No soy músico, sino un apasionado. Por eso siempre busco la asesoría de expertos, directores musicales y profesionales de los distintos géneros que me ayuden a comprender mejor y dar la mayor calidad a lo que hago. Siempre he pensado y pensaré en el público, ello rige mi trabajo. Nadie trabaja para sí mismo.

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